El presidente Néstor Kirchner instó a la gente a no comprar más carne para forzar una baja de los precios del alimento. Este llamado al boicot, similar al que un año atrás ensayó contra la petrolera Shell, llegó cuando los valores ganaderos siguen registrando alzas, a pesar del cierre de las exportaciones que ya comenzó a regir.
El sector privado está impávido por la fuerte ofensiva del Gobierno
El presidente Argentino Néstor Kirchner convocó a la población a dejar de comprar carne si no bajan los precios, en otro recurso de su batalla contra la inflación, que incluyó la reciente prohibición de exportar carne por 180 días.
Además, Kirchner dijo que está dispuesto a prorrogar por otros 180 días la restricción de vender carne al exterior si no bajan los precios, ratificando declaraciones hechas el lunes por la ministra de Economía, Felisa Miceli.
“Si el precio de la carne no baja, no compre, hagamos valer el derecho de consumo y el bolsillo de los argentinos”, dijo Kirchner durante un acto en la Casa de Gobierno.
“Yo voy a seguir firme”, apuntó.
Este martes comenzó a regir oficialmente la prohibición de ventas externas, con lo que los empresarios deberán volcar al mercado interno la mercadería que tenía destino de exportación.
Los argentinos consumen unos 2,5 millones de toneladas por año de carne, mientras que las exportaciones suman 770.000 toneladas. La carne es parte fundamental de la dieta de la población, con un consumo anual de unos 65 kilogramos.
El gobierno tiene en la inflación su principal enemigo al proceso de expansión de la economía, que lleva tres años y se encamima al cuarto.
Los precios al consumidor subieron un 12,3% en el 2005, duplicando el alza del año previo, y para este año las estimaciones privadas esperan en promedio un alza del 12,4 por ciento, según un relevamiento del Banco Central.
La estrategia oficial para frenar la inflación es lograr acuerdos con supermercados y empresas para congelar los precios de bienes esenciales para la población y así evitar medidas más ortodoxas, destinadas a “enfriar” la economía, en un país que mantiene elevadas tasas de desocupación y pobreza.
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