El PSOE ha celebrado el pasado fin de semana un cónclave plagado de artilugios telemáticos y de modernismo escénico pero ha olvidado enseñarnos el vigor de sus propuestas y la capacidad para ofrecer soluciones y alguna esperanza a los espectadores atentos. Los organizadores anunciaron que en la reunión no habría papeles como un signo de vanguardia y resultó ser un viejo y cómodo truco para no rendir cuentas ni adquirir compromisos.
Santi Lucas
De la misma forma que a las modelos que desfilan en las pasarelas se les imponen unas tallas corporales convenidas y saludables que eviten la exhibición de una delgadez extrema, a nuestros gobernantes debiéramos exigirles que demostraran también una determinada cintura y un tipo de comportamiento público que no choque con la necedad ni la desnutrición intelectual. Modelos y gobernantes comparten la obligación de ofrecer siempre a la galería los patrones sociales más lozanos, lustrosos y ejemplares.
Cuando un presidente del Gobierno como Rodríguez Zapatero, que acumula la nómina de problemas más extensa y compleja de la Historia de España, endilga un riesgo de involución a sus críticos como toda reflexión en voz alta de la que es capaz hay que tomarle rápidamente las constantes vitales e impedir que progrese el desvarío. No es decoroso ni aleccionador para una sociedad moderna, como la española, que el más alto responsable gubernamental confunda los papeles y desfile ante nosotros revirando la atención y eludiendo su incumbencia.
El PSOE ha celebrado el pasado fin de semana un cónclave plagado de artilugios telemáticos y de modernismo escénico pero ha olvidado enseñarnos el vigor de sus propuestas y la capacidad para ofrecer soluciones y alguna esperanza a los espectadores atentos. Los organizadores anunciaron que en la reunión no habría papeles como un signo de vanguardia y resultó ser un viejo y cómodo truco para no rendir cuentas ni adquirir compromisos. Como en el cuento del rey desnudo, los socialistas españoles han presumido durante tres días de un ropaje que sólo ellos han visto.
Si uno quiere promocionar la “game boy” se va a una feria de nuevas tecnologías, pero si uno tiene el negociado nacional repleto de asuntos sin resolver y a punto de desbordarle las costuras, o es un completo inconsciente o pretende tomarnos a todos la cabellera. Reivindico que las modelos se autorregulen el intestino para que su imagen no arrastre a la anorexia y que nuestros gobernantes sean mucho más rigurosos en sus manifestaciones y en la esbeltez de sus ideas. Las modelos pesan lo que deben y este Gobierno nos debe lo que pesa.
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