El primer ministro húngaro, Ferenc Guyrcsány, ha calificado la revuelta de miles de personas como “la más larga y más oscura de la historia de la República”. El motivo de los disturbios: una grabación filtrada a la prensa en la que el primer ministro reconocía haber mentido durante año y medio a la población sobre la situación económica del país, con el fin de ganar las elecciones legislativas, el pasado mes de abril.
El detonante: una conversación grabada al primer ministro donde reconoce que ha mentido
Al menos 150 personas resultaron heridas, entre ellas 102 policías, en los enfrentamientos registrados anoche entre manifestantes y agentes en la sede de la televisora estatal húngara, en reacción al descubrimiento de una grabación en la que el primer ministro, Ferenc Gyurcsany, admitió haber mentido en varias ocasiones sobre el estado de la economía para ganar así las elecciones del pasado abril.
El Primer Ministro de Hungría, Ferenc Guyrcsány, calificó este martes la noche pasada, en la que manifestantes atacaron y ocuparon la televisión estatal durante dos horas, como “la más larga y más oscura de la historia de la República”. Los choques entre manifestantes que protestaban contra el Gobierno socialista-liberal húngaro y la Policía causaron más de 150 heridos, algunos graves.
La filtración a la prensa de una grabación en la que el primer ministro Gyurcsány reconocía haber mentido durante año y medio a la población sobre la situación económica del país, con el fin de ganar las elecciones legislativas de abril pasado, fue el desencadenante de las protestas.
Los manifestantes se concentraron espontáneamente anoche en la plaza Kossuth, ante el Parlamento húngaro, para exigir la dimisión de Gyurcsany, quien en la grabación aseguraba ante la directiva del gobernante Partido Socialista el 26 de mayo, en Balatonoszod, que “mentimos durante un año y medio” sobre la situación económica del país.
“Lo hicimos todo en secreto para que no se publicara nada antes de las elecciones”, admitió Gyurcsány en la grabación llena de blasfemias y palabras malsonantes. Los altercados motivaron al ministro del Interior a presentar su dimisión a Gyurcsány, quien no la aceptó.
Hacia el mediodía de hoy, unos 200 manifestantes permanecían apostados pacíficamente ante el Parlamento en Budapest y no se excluían nuevos choques entre las fuerzas del orden y manifestantes radicales.
Las protestas y disturbios coinciden con el anuncio gubernamental para introducir duras medidas de ahorro que consoliden la economía del país y reduzcan el elevado déficit presupuestario, del 10,1 por ciento previsto para 2006. La situación podría complicarse aún más ante la celebración en todo el país, prevista para el 1 de octubre, de elecciones municipales. El Gobierno ha prometido tomar serias medidas de represión para evitar más incidentes entre la Policía y los manifestantes.
En las protestas y manifestaciones de anoche, que se convirtieron en las más violentas registradas en Hungría desde hace décadas, se infiltraron representantes de diferentes organizaciones de la extrema derecha, como el Frente Nacional Húngaro y numerosos cabezas rapadas, según los medios locales.
Hacia las diez de la noche un grupo de veinte personas se acercó al edificio de la televisión pública, en la plaza Szabadság, cercana al Parlamento, para pedir que sus peticiones fueran leídas en directo ante las cámaras.
László Torockai, dirigente de una organización ultraderechista, al serle negado sus exigencias, se dirigió a los manifestantes de la plaza Kossuth y se acercó a la televisión junto con varios miles de seguidores. Las protestas sorprendieron a la Policía, que intentaba, al mismo tiempo, mantener la seguridad alrededor del Parlamento.
Apenas unas decenas de agentes no pudieron proteger el edificio de la cadena de televisión, que en la madrugada fue ocupada por “hooligans” y grupos radicales de derechas durante dos horas. La Policía, a pesar de que utilizó gases lacrimógenos y cañones de agua, tuvo que retroceder, sin que poder impedir enfrentamientos con los manifestantes en los que resultaron heridas más de 150 personas, incluidos 102 policías, uno de ellos grave.
Durante las dos hora de asedio, las fuerzas de orden público se mostraron impotentes ante la avalancha de protestas mientras esperaban la llegada de nuevas unidades de refuerzo de otras zonas de Hungría.
La televisión pública tuvo que suspender su programación, después de que los manifestantes entraran en diferente salas de la institución, dañaran sus instalaciones y robaran diferentes aparatos, como televisores y ordenadores. En la plaza Szabadság, donde también se encuentra la embajada de Estados Unidos, los manifestantes incendiaron varios vehículos y dañaron el monumento a los héroes soviéticos muertos en la capital al finalizar la Segunda Guerra Mundial.
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