Economía y Sociedad, Política

Repensar Iberoamérica

los españoles nos “duele” Iberoamérica y todo cuanto le afecta, que es mucho. No necesitamos justificar ese interés en complejas teorías geoestratégicas porque es bien claro. De la triste e inmensa paradoja argentina a la fragilidad del Perú, pasando por el milagro chileno o los populismos demenciados de Venezuela o Bolivia, nada que allí suceda nos puede resultar indiferente.

Santi Lucas
A los españoles nos “duele” Iberoamérica y todo cuanto le afecta, que es mucho. No necesitamos justificar ese interés en complejas teorías geoestratégicas porque es bien claro. De la triste e inmensa paradoja argentina a la fragilidad del Perú, pasando por el milagro chileno o los populismos demenciados de Venezuela o Bolivia, nada que allí suceda nos puede resultar indiferente.

Con demasiada y lastimosa frecuencia en Iberoamérica se han saqueado las esperanzas y ha retrocedido la causa de la libertad pero estamos obligados en todos los casos a no rendirnos ni a claudicar ante el delirio o las amenazas. En buena parte de esa tierra hay una inestabilidad democrática y unos condicionamientos políticos que han cercenado el desarrollo y el progreso y que constituyen la razón última del acusado retraso y de los reiterados vaivenes.

Si algunos problemas latinoamericanos parecen crónicos, enquistados en una suerte de determinismo fatalista, es necesario sacudirnos con urgencia cualquier tentación pesimista y apostar fuertemente por la viable rectificación del curso. Los diagnósticos de la situación, muchos de ellos de una lucidez extraordinaria, ni evitan la timidez, cuando no el retroceso, de los avances, ni surten los beneficiosos efectos que cabría suponer y se contrastan en otras latitudes. Desde una y otra orilla se reflexiona sobre Iberoamérica con un espíritu positivo pero frecuentemente baldío. Aun así, hay que repensar constantemente sobre el mejor destino y formular las iniciativas más certeras y eficaces para combatir la fragilidad de unos pueblos que deben, pueden y tienen todo el derecho a vencer la crisis.

En muchos países de Iberoamérica se apela al mal menor como la fórmula apremiante que evita de momento caer por el precipicio. Esto repercute decisivamente en el raquitismo y la debilidad de los grandes proyectos colectivos. Falta homogeneidad política, social y económica y sin embargo hay recursos, estímulos e ideas bastantes para hacerla posible. Creo que es luminosa la opinión de Andrés Oppenheimer, que ha repensado con vibrante sensatez el caso, cuando analiza el panorama latinoamericano y propone superar los persistentes y perversos errores que allí conviven mediante la fuerza de la unión y el mimetismo del desarrollo. Cree además que, a semejanza de la Unión Europea, debiera producirse un tirón inicial de los países más potentes del continente y la adaptación rigurosa a unas reglas de juego comunes que nivelen las rentas y la calidad democrática en la zona alta de la tabla.

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