Política

Pinochet

A Bachelet no le agrada la división de los chilenos ante la muerte de Pinochet y hace una apuesta por el reencuentro desde la fortaleza ética y aprendiendo del pasado para enfrentar mejor el presente y el futuro. Qué fácil le hubiera sido a ella descender por el tobogán de los excesos, los reproches estériles o la tontería más llana.

Santi Lucas
La muerte de Augusto Pinochet ha hecho competir a voceros de todo el mundo por la valoración, el juicio, la sentencia, la observación, la frase más precisa y dura, más sentida o convencional, en torno a esta noticia. En España, muy pocas voces con algún eco público se han sustraído a la ocasión única de interpretar el deceso. Con algunos términos comunes adheridos al personaje como el de “siniestro”, que los miméticos medios oficiales han derrochado con largueza, con no pocos desahogos coléricos y casi ninguna perspectiva dura pero desapasionada, se han hilvanado la mayoría de las opiniones. A señalar, dos ejemplos de excentricidad bien marcadas en la nómina. De una parte, la destemplanza de José Blanco, secretario de organización del Partido Socialista Obrero Español, que no ha estado dispuesto a que la actualidad necrológica sobre Pinochet aguara su semanal acometida contra la oposición. Así, Blanco consideró “sorprendente” que el Gobierno del PP no moviera un dedo para que Pinochet fuera juzgado en España y ahora se presenten como defensores de la justicia y la libertad en Chile. Colosal artificio dialéctico que honra al más vivo ejemplo de la manipulación y estolidez políticas.

La segunda salida de tono se la debemos al sarcasmo amargo de Batasuna. Para la organización terrorista, Pinochet ha fallecido sin responder ante el pueblo de sus crímenes y sin haber sido juzgado y condenado por las violaciones de los derechos humanos por él cometidas. Los proetarras claman justicia y memoria para las víctimas, asesinados y exiliados por la dictadura chilena. Realmente, un pasaje atroz, una condolencia repugnante y una mofa intolerable para cuantos han sufrido sus sangrientas fechorías.

El contrapunto a tanto disparate y ruindad expresados en nuestro país ante la extinción de Pinochet lo ha puesto la propia presidenta chilena, Michelle Bachelet, que comparte con Blanco su adscripción ideológica pero lo supera con creces en prudencia y sazón al hablar. A Bachelet no le agrada la división de los chilenos ante la muerte de Pinochet y hace una apuesta por el reencuentro desde la fortaleza ética y aprendiendo del pasado para enfrentar mejor el presente y el futuro. Qué fácil le hubiera sido a ella descender por el tobogán de los excesos, los reproches estériles o la tontería más llana.

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