Política

Un joven peruano sefardí entre las víctimas del atentado de Eilat

Una de las tres víctimas del atentado suicida de Eilat, Israel Somalio, es un joven peruano de origen sefardí que vivía en Israel desde el año 2000, y que ayer encontró la muerte cuando se hallaba trabajando en la panadería “Lehamim” (Panes).

Somalio, de 25 años, se encontraba en el establecimiento como todas las mañanas
“Israel vivía en Eilat desde hacía seis años y trabajaba desde hacía cinco meses en la panadería”, confirmó a Efe la tía política de la víctima, Belia González, de nacionalidad mexicana, y también residente en esa ciudad costera, a orillas del Mar Rojo, punto más meridional de este país.
Ayer, cuando el suicida palestino Mohamed Siksik, procedente de la franja de Gaza, hizo estallar un bolso lleno de explosivos, Somalio, de 25 años, se encontraba en el establecimiento como todas las mañanas.

Con él murieron otras dos personas de nacionalidad israelí, además de un suicida palestino que penetró en Israel a través de la península del Sinaí -según sospechan las autoridades-, acto que hizo recordar a los israelíes unas escenas que no veían desde abril de 2006.

Fuentes de la Embajada de Perú confirmaron hoy que Somalio “era un ciudadano peruano”, a pesar de que abandonó ese país siendo aún niño, y que tenía también la ciudadanía israelí.

Y es que la historia de este joven, que al entrar en Israel fue registrado en el Ministerio del Interior con el apellido de Somalio, parece ser reflejo de la mítica figura del judío errante.

Su verdadero apellido es Zamalloa por parte de padre y Tobelem por parte de madre.

“Era una familia sefardí de Tetuán que en cierto momento se fue a Brasil y de allí emigró a Perú”, relata a Efe su tía Galia Tobelem, residente en Jerusalén.

Los desplazamientos de la familia Zamalloa no terminaron en Lima, ya que en 1988 emigraron a Israel acogiéndose a la Ley del retorno, que permite a cualquier judío del mundo radicarse y solicitar la nacionalidad israelí.

Tras siete años en este país, la familia se desplazó a la Florida estadounidense y fue desde allí desde donde regresó el joven peruano-israelí.

“Era un chico muy querido por todos y en Eilat eran muchos los que lo conocían”, afirma Galia, quien se encarga de las gestiones para darle sepultura.

Por el momento, los trámites están paralizados, ya que la madre, Janete Tobelem, ha pedido que sea repatriado a Estados Unidos, si bien la familia local sugiere que sea enterrado en el lugar en el que él eligió vivir, Eilat.

“Estamos esperando que venga la familia de Estados Unidos y decida”, explicó Dana Zanati, portavoz de la alcaldía de Eilat, que para esta tarde ha convocado un servicio religioso en su memoria junto a la panadería.

Una panadería que en los últimos meses se había convertido en el centro de actividad de Somalio, quien desde 2000 había errado de trabajo en trabajo.

Con este empleo esperaba ahorrar lo suficiente para poder visitar a su familia en Miami, a la que no veía desde que emigró por enésima vez.

“Todo esto es terrible; saber que explotó por un terrorista de Gaza que justamente pasó por donde estaba mi sobrino”, se lamenta Galia.

El kamikaze palestino estalló precisamente en la panadería porque un teniente coronel de la reserva, Yosi Waltinsky, lo llevó hasta la zona del barrio Isidor, después de haberle subido a su coche y detectar sus intenciones.

El ex militar israelí quiso así apartarlo del centro de la ciudad y alertó a la Policía, aunque para Somalio fue una trágica estrategia.

“Después del atentado nos llamó por teléfono una mujer (Belia González) para decirnos que tenía un sobrino al que no conseguía encontrar y gracias a ello conseguimos identificarlo”, explicó la portavoz de la Alcaldía de Eilat.

Confirmada su identidad, al Ministerio israelí de Asuntos Exteriores sólo le restaba poner en práctica un ya engrasado mecanismo para este tipo de sucesos.

Fuentes del Ministerio indicaron que la familia de la víctima, residente en Miami, fue informada por el cónsul israelí en esa ciudad estadounidense Eli Yifrah, acompañado de un médico.

Para Galia, no obstante, la muerte de su sobrino sólo abre más interrogantes sobre el histórico conflicto de Oriente Medio.

“¿Cómo una madre palestina puede sentirse orgullosa de la muerte de su hijo matando a otras personas?”, se pregunta retóricamente en sus declaraciones a Efe, tras haber escuchado a la madre del suicida decir a la prensa que conocía las intenciones de su hijo desde hacía un mes y que le había dado su “bendición”.

Y agrega: “Es un acto totalmente equivocado, reflejo de la situación en la que vivimos los judíos en Israel, porque aquí estamos en guerra permanente”.

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