Los rumores sobre una posible salida del ministro de Economía del Gobierno se multiplican. Y lo increíble es que es el propio Solbes quien los azuza con frases como que siente “envidia de Bermejo porque ya es un ex ministro”. El prestigio que está perdiendo y los posibles desencuentros con el Presidente explican esta actitud del ministro.
La crisis también golpea el ánimo del ministro de Economía
Desde fuentes cercanas a Moncloa ya se hablaba de una salida de Solbes del Ministerio de Economía coincidiendo con las elecciones generales de 2008. Se dijo, entonces, que Solbes estaba cansado y que Zapatero no le hacía caso. Los desencuentros con el ahora ministro de Industria, entonces asesor económico del Presidente, hicieron que Solbes pensara en la retirada.
Pero aceptó de nuevo el cargo para gobernar el barco español acuciado por la crisis. En menos de un año, Solbes ya ha insinuado en dos ocasiones que desea retirarse. La frase del pasado lunes, “envidio a Bermejo porque ya es un ex ministro”, denota cuál es su estado de ánimo. Y por mucho que Zapatero haya disculpado al ministro por su “ironía”, ya casi nadie se lo cree. Por su puesto, la oposición usa esta baza para intentar demostrar que el Gobierno socialista es incapaz de solucionar la crisis. “No necesitamos gente agotada ni timorata”, ha lanzado Rajoy. Un mensaje similar al que se repitió durante la campaña electoral.
Las previsiones del PSOE, y por supuesto de Solbes, en la campaña electoral reflejaban una España boyante que crecería a un 3 por ciento en 2008 y donde no había lugar para el déficit. Pues bien, los datos demuestran lo contrario. No ha sido hasta principios de este 2009 cuando se han corregido las expectativas.
Hace semanas, medios de comunicación desvelaron que el ministro de Economía ya contaba en febrero con un informe del Banco de España que avisaba de todo lo que podría ocurrir, unas previsiones que se han cumplido e incluso agravado. El Gobierno guardó ese informe en el cajón porque entonces, simplemente, no interesaba.
Y eso no es lo peor. Durante meses Zapatero y Solbes insistieron en que no había crisis, “es un invento de los antipatriotas” decían, y sólo reconocían una “leve desaceleración”. Todo ello ha dado una imagen de incapacidad para reconocer la realidad y agilidad para tomar decisiones drásticas.
Los presupuestos se han aprobado bajo la sombra de la polémica, con enmiendas de casi todos los grupos parlamentarios, y apoyados en un déficit público alarmante que ahora se teme cercano al 6 por ciento cuando concluya el curso. El desfase de este pasado 2008 ha rondado el 3,8 por ciento, lo que le ha valido a España un toque de Bruselas.
El paro es hoy el gran mal de la economía española. Con una tasa de desempleo del 14 por ciento y unas previsiones que apuntan a los 4 millones de parados, el país vive en la angustia. En este apartado, el ridículo del Gobierno socialista ha sido mayúsculo. A día de hoy, ya nadie en el Ejecutivo se atreve a decir que el desempleo no va a seguir creciendo, aunque hasta hace bien poco el propio Zapatero predecía que en marzo España crearía empleo.
Desde el Ejecutivo socialista, incluido el ministro del ramo económico, siempre se ha querido explicar esta crisis como un fenómeno externo. Se culpó a los bancos de inversión de Estados Unidos y a las políticas liberales y neoconservadoras de la Administración Bush, evitando hablar del desplome del sector inmobiliario y de la caída de la demanda interna, factores que por sí mismos explican el porqué de nuestra crisis doméstica.
La crisis financiera mundial ha afectado sobre manera al crédito. Los bancos han pasado meses sin apenas prestar y el Fondo de Adquisición de Activos Financieros brindado por el Gobierno no ha convencido a las entidades. Zapatero trató de “mimar” a los banqueros con un aguinaldo navideño a modo de rebaja en el IRPF. Pero ni con esas, ni con reuniones de alto perfil en Moncloa se ha conseguido salvar este trauma que asfixia a pymes, autónomos y familias españolas.
En el último pleno especial sobre la crisis en el Congreso, el Presidente esgrimió las líneas ICO de financiación como la herramienta con la que el Gobierno pretendía dar oxígeno a la economía. Pues bien, muchos empresarios han denunciado que no tienen acceso a ellas y que en los bancos nadie les da respuesta.
Todos estas cuestiones demuestran el prestigio que ha ido perdiendo Pedro Solbes en los últimos meses, algo que se reconoce en círculos próximos al ministro. El malestar del titular de Economía es evidente, como él mismo se encarga de demostrar, y los expertos ya especulan con una salida de Solbes en la próxima remodelación de los gabinetes ministeriales, que Zapatero planea antes de 2010.
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