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ATLÉTICO DE MADRID

el Atlético de Madrid no te deja indiferente nunca, por lo bueno o por lo malo

A la chita callando, la defensa temblando, la prórroga corriendo y Diego Forlán destellando, el Atlético de Madrid se ha metido en la final de la Europa League. Para ser fieles a su tradición, el camino para clasificarse ha sido agónico y épico a la vez. Si no fuera así, no sería el Atleti, sería cualquier otro equipo de fútbol.
 
Los que padecemos con sus saltos de mata, sus altibajos y muchos desencantos y contrariedades sabemos apreciar mejor que nadie el valor de una victoria, el inmenso placer de subir un peldaño, la deliciosa satisfacción de paladear un título o soñar con una gesta. Como el que no quiere la cosa, el equipo rojiblanco flota en la Liga y jugará además la final de la Copa del Rey frente al Sevilla. Ninguno de los más poderosos y potentados equipos, el Real Madrid y el Barcelona, pueden presumir de lo mismo.
 
No diré que el juego sea espectacular, de una brillantez deslumbrante ni de una eficacia arrolladora. Sería mentira. Pero reconozcamos que el Atlético de Madrid no te deja indiferente nunca, por lo bueno o por lo malo; admitamos que ha sido discreto y efectivo en todas las competiciones en las que participa; convengamos que tiene figuras notables como Forlán, el Kun Agüero o el jovencísimo y milagroso portero De Gea, que no tienen que envidiar a los costosísimos astros de otros equipos. La suma ha conseguido que nos invada el optimismo y una sana euforia. Como este regodeo suele durar lo justo hay que aprovecharlo y ensalzar el momento.
 
Nada, nada, que se prepare el Fulham en Hamburgo. ¡Aúpa Atleti!

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