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La foto de la derrota

. Se reúnen los descalabrados para asentir sin rechistar en la designación de un ileso

No es posible evitarlo. La imagen de los dirigentes socialistas con Zapatero es la foto de la derrota sin paliativos. Se mire por donde se mire. Un ramillete de perdedores en torno a la misma mesa, incapaces de dimitir ni hacer autocrítica a expensas sólo de la pedrea política. Una colección de juguetes rotos y horizontes perdidos que no reaccionan ante el infortunio. Un cónclave lúgubre y penoso de sonrisas fingidas y verbos falsos. Se reúnen los descalabrados para asentir sin rechistar en la designación de un ileso. Pero el presunto ileso resulta que lleva prótesis y cicatrices por todo el cuerpo.
A diferencia de Zapatero que era un político anónimo, inédito y extraño cuando alcanzó la presidencia del Gobierno, Pérez Rubalcaba tiene un denso, rebosante y viscoso pasado oficial que se ha curtido en mil batallas y casi ninguna frente a frente. Reúne Rubalcaba todas las mañas y ventajas de la experiencia y todos los ardides e inconvenientes de la misma experiencia.
Lo han aclamado en olor de un implacable fracaso electoral. No había otro mejor en la nómina, según sus mentores. El ojo clínico de Zapatero para la selección personal de candidatos ha sido hasta ahora un completo desastre (Fernando López Aguilar, Miguel Sebastián, Trinidad Jiménez…).
Nada indica que no acierte esta vez después de hacer llorar a una mujer como Chacón, pero el refrendo de una asamblea de socialistas devastados en las urnas no parece que sea un punto de partida muy prometedor. Esto no es la operación Sarkozy.
A Pérez Rubalcaba ya le han dibujado un perfil generoso. Va a ser inevitable que cada día le recuerden quién es y quién ha sido.

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