Desde su triunfo electoral en 2007, el Presidente francés Nicolás Sarkozy se ha convertido en uno de los políticos más mediáticos del espectro europeo y mundial, dando lugar a un cambio radical en la forma de orientar la política en el país vecino.
Editorial
En este sentido, Sarkozy está llevando a la práctica un corpus de ideas que en absoluto son novedosas en lo que a su existencia se refiere, la novedosidad radica en su puesta en marcha. Así, uno de sus grandes objetivos es reducir el tamaño y la omniabarcancia del aparato del Estado, algo que ya hicieron en su día otros grandes líderes como Thatcher en Reino Unido. Al igual que la británica, el francés se ha topado con la oposición de parte del funcionariado, pero su firmeza apoyada en el buen hacer del Primer Ministro Fillon y de Xabier Bertrand (Ministro de Trabajo), ha doblegado a la fuerza sindical.
Se trata de una decisión impopular, pues la centralización es consustancial a la propia dinámica y naturaleza del Estado francés, y ha dado como resultado que los índices de popularidad de Sarkozy hayan descendido. Sin embargo, éste ha mostrado ausencia de relativismo sabiendo que el éxito o fracaso de una política no se mide por el grado de aceptación pública de quien la propone. El resultado no es otro que un conjunto de medidas refrescantes e incluso radicales, ya que cuanto menor sea el volumen competencial del Estado, mayor es el grado de autonomía y responsabilidad del que goza el individuo.
En efecto, cada una de las decisiones adoptadas están suponiendo un alejamiento con respecto al modus operandi de la vieja escuela política francesa que tuvo en Mitterrand y Chirac a sus últimos representantes. Ambos priorizaron la hegemonía de Francia en Europa lo que se tradujo en un distanciamiento interesado con respecto a Estados Unidos y en menor medida, con Reino Unido. Por el contrario, Sarkozy ha privilegiado las firmes y fluidas relaciones con la Casa Blanca, compartiendo visión en lo relativo a quién es el gran enemigo de la democracia mundial: el terrorismo.
Israel es otro de los escenarios donde el Presidente francés ha volcado su interés. En la visita iniciada el lunes 22 de junio, ya dejó claro que su país será el gran aliado del Estado hebreo, en un discurso que muestra grandes semejanzas con el formulado por George Bush hace poco más de un mes.
En definitiva, esta forma de proceder ausente de dudas la va a tener que aplicar en el próximo semestre Nicolás Sarkozy ya que Francia inicia el 1 de julio la presidencia de la UE con una agenda con tantos retos como interrogantes y donde la ratificación del Tratado de Lisboa (y el vinculado no irlandés) acaparará protagonismo. Junto a ello, no deberemos perder de vista la posición que adopte el gobierno parisino hacia problemas que afectan a la seguridad global como Irán o algunos más propios del escenario europeo, como la inmigración o la Cumbre de Siberia, crucial ésta última para el futuro energético inmediato de los 27.
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