Política

Alan García sacó más provecho del debate ante las provocaciones de Humala

Humala promete renunciar al sueldo si es elegido y Garcia ofreció un Gobierno de concertación y paz
El candidato presidencial aprista, Alan García, y el moderador, Augusto Álvarez Rodrich, estaban en sus lugares. El podio de Ollanta Humala se hallaba vacío. El líder nacionalista había llegado 15 minutos tarde al debate, y lo que dijeron él y su contrincante durante los 90 minutos siguientes quedó, de alguna manera, marcado por ese detalle casi anecdótico.

No fue la pelea entre David y Goliat, ni entre Rocky Balboa y alguno de sus ocasionales rivales. El líder aprista no se dio un paseo. Aunque quizá a muchos les hubiese gustado que uno de los dos terminara noqueado sobre la lona, ni García propinó puntapiés ni Humala metió culatazos. Fue un intercambio de propuestas sobre el que planearon las sombras de Montesinos, Mantilla, Hugo Chávez y Antauro Humala. Pero, quizá para decepción de algunos, no hubo sangre.

En intervenciones de seis minutos para cada uno de los cinco temas acordados, el postulante aprista y su contendor nacionalista se esforzaron en presentar sus más importantes proyectos para acabar con la pobreza y para mejorar las condiciones de vida de los peruanos. Sierra Exportadora, Agua Para Todos y defensa de los derechos laborales, por un lado. Renegociación de contratos con las transnacionales, nueva Constitución y lucha anticorrupción por el otro.

Si alguno convenció a más electores que el otro con sus exposiciones, eso se sabrá el próximo 4 de junio, a la hora en que hablen las urnas.

CUESTIÓN DE ESTILOS. Lo primero que hizo García, además de aguijonear a Humala por su tardanza, fue enfatizar que él encarna un “cambio responsable” y que quiere gobernar en una democracia con respeto a las libertades fundamentales y con tolerancia a la crítica, sin “autoritarismo ni verticalidad ni abuso”. Mencionó la palabra “cambio” varias veces. Tenía la mirada seria y el ceño fruncido y, excepto por alguna sonrisa furtiva, así permaneció durante todo el debate.

Humala, en cambio, sonrío más. Con sus primeras palabras, aseguró que había llegado tarde debido a que un grupo de apristas quiso darle la “bienvenida” en el camino. A lo largo de su alocución, sorprendió con un lenguaje que, en algunos momentos, recogía términos de la calle como “fregado”, “amarrado” y “chamba”, y que, en otros, al abordar asuntos de economía, recitaba un libreto bastante más difícil de digerir.

En el primer bloque, dedicado a la Democracia, Gobernabilidad y Derechos Humanos, fueron evidentes las diferencias de proyectos entre uno y otro candidato. García sostuvo que para cambiar el sistema político no era necesaria una Asamblea Constituyente. Humala insistió en que sí lo era, y denunció que el Estado había sido “secuestrado” por los grupos de poder. Su rival advirtió del peligro de espantar los capitales extranjeros.

Al tocar este tema, también fue dispar la solvencia con que cada uno expuso sus ideas. Por ejemplo, el ex presidente mencionó cuatro promesas -hacer respetar las horas extras, terminar con el despido arbitrario, eliminar los services y permirtir la libre desafiliación de las AFP- en aproximadamente 20 segundos. El militar en retiro ocupó sus tres primeros minutos en desarrollar su diagnóstico de los problemas del país y, cuando empezó a explicar sus propuestas, se le acabó el tiempo.

DAME GASOLINA. En el segundo bloque, dedicado a Política Económica y Lucha contra la Pobreza, el postulante nacionalista soltó la primera de sus grandes promesas: reducir en un 30% el precio de los combustibles y en un 25% el del gas doméstico. Repitió, además, su propuesta de revisar los contratos con las transnacionales y el TLC suscrito con los Estados Unidos.

A su turno, luego de mencionar sus proyectos de Sierra Exportadora y Agua Para Todos, así como su propuesta de exonerar del IGV a las municipalidades, echó por tierra la gran oferta de su opositor asegurando que si se bajara el precio del gas, Cusco dejaría de percibir 50 millones de soles de regalías, y que si hacía lo propio con el de los combustibles, el Estado perdería 1 millón de soles, suma que bien podría ser la que cubra el pago de los pensionistas.

La tensión que se vivía durante el intercambio de ofertas apenas amainaba en los intermedios comerciales. Durante esos dos minutos, ambos candidatos consultaban con sus respectivos asesores de imagen: Hugo Otero, en la tienda aprista, y Alessandro Pucci, en la nacionalista. En alguno de esos interludios, incluso, Nadine Heredia se acercó a su esposo, probablemente para darle consejos y ofrecerle palabras de aliento.

GOLPE BAJO. Pero Ollanta Humala no parecía necesitar frases de ánimo para envalentonarse. Fue al abordar el tema Política Social y Política Anticorrupción cuando, sin que le temblara la voz, metió el primer gran codazo: dijo que en su gobierno se eliminaría la prescripción de los delitos de corrupción, e invitó a su contendor a que, en esta nueva situación, “limpie su honor” de las acusaciones de enriquecimiento ilícito que enfrentó en el pasado. Anunció, además, que reactivaría el tristemente célebre penal El Sepa, en el departamento de Madre de Dios, para que allí sean encarcelados los funcionarios corruptos, “incluyendo a los ex presidentes”. “Allí emprenderán un programa que le llamamos Selva Emprendedora”, afirmó con sorna. Luego manifestó que era claro que Montesinos, tras haberlo acusado de que montó una farsa con el levantamiento de Locumba, parecía haber elegido como su candidato al ex gobernante aprista. Aunque mantuvo el gesto adusto durante casi todo el debate, García lució más preocupado en exponer sus planteamientos que en responder las embestidas de su contrincante. Sin embargo, cuando debía hablar sobre lo que haría para impulsar la Descentralización, olvidó el compromiso que había hecho horas antes y también utilizó a Montesinos -y su fuga por mar el mismo día del levantamiento de Locumba- para desacreditar a Humala. En este momento, las cosas empezaron a ponerse más tensas. El candidato nacionalista trajo a colación a Agustín Mantilla y los millones de soles que recibió del ´Doc´. El aprista, al hablar de la Seguridad Ciudadana, denunció que el proyecto humalista pretende “destruir” a la Policía Nacional al entregarla al control de las municipalidades. Humala, tras rebatir esta denuncia, recordó al Comando Rodrigo Franco. Como réplica, García aseguró que su partido quiere defender a los policías, no asesinarlos, “como ocurrió en el ´Andahuaylazo´”.

RENUNCIA AL SUELDO. El debate terminó con una promesa y con una invocación. El líder de UPP anunció que de ser elegido no cobraría su sueldo como presidente sino que sólo recibiría su pensión de militar en retiro. Su contendor se dirigió a Dios y le pidió que ilumine a los peruanos. El primero se había mostrado más risueño y había lanzado más golpes bajos. El segundo, con un talante más severo, había demostrado mayores conocimientos de diferentes problemáticas y, en conjunto, había ofrecido más.

Al salir, ambos se mostraron satisfechos con el encuentro y sostuvieron que, pese a todo, había sido un debate alturado. Atrás quedaba toda la tensión de las horas previas. Por la tarde, el upepista Daniel Abugattás había adelantado que ya no propalarían el supuesto audio entre García y Montesinos porque no les habían dado “facilidades técnicas”. Por la mañana, el propio ex mandatario había querido bajarle la expectativa al encuentro argumentando que no cambiaría mucho los resultados y que, descontento con la estructura del debate, iría sólo por cumplir. La expectativa, sin embargo, había seguido latente. Al final, sin grandes performances, las nueces no estuvieron a la altura del ruido. Fuente: www.peru21.com

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