Para el politólogo palestino Khalil Shikaki hay síntomas esperanzadores en la sociedad palestina para alcanzar logros políticos importantes. Pero alerta de que todavía el poder está en manos de milicias armadas que gobiernan las calles.
Análisis del politólogo palestino más influyente
Hay nuevos aires en Palestina y el doctor Khalil Shikaki, del Palestinian Center
for Policy Survey Research, muestra los datos para sostener su optimismo. En una
encuesta que el instituto que dirige realizó en el mes de septiembre una
abrumadora mayoría de los entrevistados (83%) expresaron su deseo de que se
llegue a un acuerdo israelo-palestino para poner fin a “toda” la violencia, si
bien un 64 por ciento afirmó que la lucha armada ha contribuido a la lucha
nacional palestina. No obstante, un 59 por ciento declaró que se opondría
activamente a ataques contra objetivos israelíes si ambas partes alcanzaran un
acuerdo para poner fin a la violencia.
Casi la mitad (49%) de los
encuestados dijo que apoyaría vías no violentas si se declarase un alto el fuego
y se retornase a la mesa de negociaciones. Un porcentaje ligeramente superior
(52%) opinó que los ataques contra objetivos israelíes no son efectivos a la
hora de frenar la expansión de los asentamientos judíos en los
Territorios.
Para él, la muerte de Arafat abre nuevos caminos pero
también la posibilidad de cometer viejos errores. Según su visión, las fuerzas
políticas de Palestina eran tres hasta la muerte de Arafat; hoy son dos: Hamas y
los nacionalistas islámicos. La Fatah que lideraba Arafat hoy está desacreditada
y debe recuperar legitimidad si no quiere desaparecer.
Según ha escrito
en el último número de la revista Foreign Affairs, existe hoy en Palestina un
renovado entusiasmo por las instituciones democráticas y los sondeos indican que
los palestinos no aceptan la corrupción y la violencia como métodos de gobierno.
Sin embargo, las nuevas autoridades se enfrentan con un grave problema y es que
el poder que tienen es pura cosmética, porque el poder real lo tienen los grupos
armados que transitan por las calles amedrentando a los palestinos y arengando a
la violencia.
No obstante, la experiencia de gobierno de un hombre de
Abu Mazen en el 2003 da cuenta de que los palestinos desean profundas reformas
institucionales que refuercen el sistema judicial y que logren la reforma
política que Arafat siempre les prometió y nunca les dio.
Respecto a
Israel, ve síntomas de pacificación en los últimos gestos de Sharon pero
dependerá mucho de lo que haga EEUU también. Los americanos deben recuperar la
credibilidad en Medio Oriente porque hoy los árabes no les creen y los ven como
auténticos enemigos. Bush tiene, según Shikaki, una oportunidad luego de la
muerte de Arafat para demostrarle a los árabes que desea que el conflicto acabe
pronto y que pondrá lo mejor de sí para llevarlo acabo.
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