Política

Bolivia: división o integración

La Constitución es el último recurso al que las personas apelan cuando se sienten atropelladas. Es la norma que da sentido al “vivir en sociedad” y establece límites entre la barbarie colectiva y el respeto individual.

Editorial
Proponer una reforma constitucional sin tener la mayoría legal es, de por sí, un acto de irresponsabilidad institucional. Es una forma de coaccionar a los actores políticos y embarcarlos en un experimento riesgoso que quiebra la legitimidad democrática y desprestigia cualquier fórmula gubernamental.

El poder en democracia es para ejercerlo, pero ejercerlo desde la legalidad. Respetando las reglas que fueron aceptadas por todos y que constituyen la base de la convivencia en libertad. La Constitución es el último recurso al que las personas apelan cuando se sienten atropelladas o ven resentidos sus derechos básicos. Es la norma que da sentido al “vivir en sociedad” y establece límites entre la barbarie colectiva y el respeto individual.

Un verdadero golpe de Estado

Lo que está ocurriendo en Bolivia fue denunciado aquí como un golpe de mano institucional. Como un golpe de estado disfrazado por un intento de reforma constitucional. Una reforma aplaudida por el elenco oficial pero repudiada por la oposición y varias jurisdicciones de tipo regional. Puntualmente cinco de las nueve regiones que hacen al mapa nacional (los departamentos de Santa Cruz, Tarija, Pando, Chuquisaca y Beni).

A ello debe sumarse el procedimiento auspiciado por el gobierno para votar la Carta. A escondidas, sumergidos en un cuartel y aislados de la protesta general. El cuadro no se sostiene sin un alto costo de divisionismo político y social. Sin la resistencia de los sectores medios que ven en este pronunciamiento un intento de centralidad (del poder por supuesto).

El nudo de la cuestión puede sintetizarse de la siguiente manera: una constitución no puede surgir del sólo caldo oficial, puesto que no sólo regirá al gobierno, sino a la convivencia en general. Su sanción tiene que ser meticulosa si quiere preservar su legitimidad. Su discusión exhaustiva y su proclamación producto del acuerdo. Sino sucederá lo que pasa en muchos países de la región: habrá constitución, pero una constitución olvidada y vulnerada por la realidad.

Las fuerzas civiles se han comportado con prudencia e intentando frenar esta agresión. Han llamado a una resistencia civil y a retomar la costumbre de la negociación. Lo que suceda en las próximas horas reflejará hasta qué punto prevalecerá en Bolivia el deseo de unión o los más desafortunados planteos de división.

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