Con Argentina como escenario, los presidentes de Bolivia y Paraguay firmaron un acuerdo que pone fin a un histórico enfrentamiento entre ambas naciones desde 1935 por problemas limítrofes. Según dicen, la culpa es de los intereses foráneos.
Tras 74 años de enfrentamientos
Después de 74 años, los presidentes Evo Morales de Bolivia y Fernando Lugo de Paraguay pusieron fin en Buenos Aires a un conflicto limítrofe que se remonta a la guerra del Chaco, que ambos países libraron de 1932 a 1935 y que es considerado el mayor enfrentamiento bélico latinoamericano del siglo pasado.
Con Argentina como garante, los mandatarios de Bolivia y Paraguay, recibieron de Cristina Kirchner, la memoria final de la demarcación del límite internacional de casi 700 kilómetros, entre el vértice del río Pilcomayo hasta el formado por el río Negro y el río Paraguay.
El control del Chaco Boral que llevo al enfrentamiento entre ambos países, fue justificado en primera instancia porque ni Bolivia ni Paraguay tienen salida al mar y el dominio de aquella extensión territorial era estratégico para ambas naciones.
Además, según indican algunas corrientes ideológicas, el conflicto fue alentado por las empresas petroleras ante la creencia de que en esa región existían enormes reservas de hidrocarburos.
Luego del acuerdo, los discursos de los mandatarios han reflejado –aunque apelando a la historia- que la responsabilidad de una guerra de 74 años atrás, no fue propia sino de los intereses foráneos.
“La guerra entre Paraguay y Bolivia no fue provocada por sus pueblos, sino impulsada por las trasnacionales para controlar los recursos naturales”, ha señalado Morales.
A su turno, la anfitriona del encuentro, Fernández de Kirchner ha señalado que el “enfrentamiento fue sin sentido”, a la vez que consideró “que la guerra tuvo olor a petróleo” y “llevó agua a los molinos que no estaban precisamente en América del Sur” dijo la presidente argentina.
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