El presidente estadounidense defendió su gestión de la política en Irak y defendió también a su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, descartando su dimisión ya que, en su opinión, realizó un “buen trabajo” pese a que “los planes parecen mejores en el papel que cuando se choca en el terreno con el enemigo”.
Reconoce que será el próximo presidente de EEUU quien deba decidir cuándo retirar las tropas de Irak
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, dijo el martes que estaba en desacuerdo con quienes afirman que Irak había caído en una guerra civil.
Al preguntarle si estaba de acuerdo con los comentarios del ex primer ministro interino iraquí Iyad Allawi acerca de que Irak ya estaba en una guerra civil, Bush dijo: “No lo estoy, hay otras opiniones que vienen de Irak”.
“Todos reconocemos que hay violencia, que hay violencia sectaria”, afirmó Bush en una rueda de prensa. “Como yo lo veo, los iraquíes vieron (la situación) y decidieron no ceder a una guerra civil”.
Las encuestas de opinión muestran que los estadounidenses están cada vez más insatisfechos con la gestión de Bush de la guerra en Irak, en la que murieron más de 2.300 soldados de su país.
Bush no quiso dar un calendario para la retirada de las tropas estadounidenses y sugirió que podrían continuar allí después de que concluyera su mandato.
Al preguntarle por la completa retirada de las tropas, Bush dijo: “Por supuesto es un objetivo y lo decidirán futuros presidentes y futuros gobiernos de Irak”.
Mientras, en el país 16 personas murieron en un ataque perpetrado contra la oficina central de la policía y el tribunal de la localidad iraquí de Muqdadiya, situada al norte de Bagdad, dijeron la policía y personal médico.
Los asaltantes, equipados con lanzagranadas, morteros y rifles de asalto AK-47, incendiaron el edificio de la policía. Además, liberaron a varios presos, aunque no estuvo claro cuántos.
Mientras, un importante acto religioso chií en Kerbala, que según las autoridades locales atrajo a dos millones y medio de peregrinos, se acercaba al final sin derramamiento de sangre. Las fuerzas de seguridad iraquíes habían desplegado miles de tropas y policías para evitar posibles ataques.
La fuerte seguridad reflejó los crecientes temores de que la insurgencia suní contra el Gobierno provisional liderado por chiíes y sus fuerzas de seguridad pudiera desembocar en un sangriento conflicto sectario entre la mayoría chií y los suníes, dominantes durante la era de Sadam Husein.
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