Europa, Política

Cataluña y la responsabilidad del socialismo español

Aquellos votantes de CiU convencidos de que la solución a los problemas de Cataluña pasaba por su ruptura con España han confiado en Esquerra Republicana de Cataluña pues su propuesta es además de lógica, más creible y confiable.

La ambiguedad calculada de la propuesta nacionalista (radical hacia afuera y componedora para el mercado propio a través de sus poderosas terminales) ha evitado que el descalabro de la formación de Mas fuera aún mayor.

El nacionalismo catalán se ha comportado siempre igual desde el pacto constitucional de 1978. Han explotado hasta el extremo su capacidad aritmética para influir en la política española y para obtener réditos económicos o políticos (hemos de considerarlos legítimos mientras no se demuestre lo contrario) y eso era aplaudido y hasta premiado por la amplia burguesía y nutrida clase media catalana que están fundamentalmente en la base de su electorado. CiU ha perdido 12 diputados y 100 mil votos pero ha mantenido la nada despreciable suma de 1 millon cien mil votos y es, con mucho, la fuerza que más apoyos obtiene en Cataluña. Lo que deberiamos ahora preguntarnos es si esa cosecha de votos propios es uniforme o dentro de la misma cohabitan diferentes opciones y sensibilidades y en que medida. Tarea tienen los analistas de CiU en los próximos días.

Habría que preguntarse también por las razones íntimas de una convocatoria electoral sorprendente. Más allá de las calculadas declaraciones hemos ir de nuevo a la arítmetica para saber donde esta la cuestión verdadera. Los políticos nacionalistas catalanes han dejado de influir en la política española. Desde hace años ya no arriman a su bolsa suficientes réditos  y su base electoral ha percibido su debilidad progresiva. No es esto una cuestión solo consecuencia de mayorías absolutas en el gobierno central como la que ahora tiene Mariano Rajoy. El asunto empieza antes y es fruto de las opciones adoptadas por el que era principal partido en España; el Partido Socialista Obrero Español.

Se inicia en la propia casa de CiU, en Cataluña, cuando les fue hurtada su mayoría por un invento tripartito de izquierdas liderado por los socialistas e integrado por los herederos de la opción comunista a la que se sumaron entusiasmados los republicanos independentistas. Formaron un gobierno desastroso que determinó un proceso alocado de reformas estatutarias en Cataluña y en toda España. Y es que a pesar de que el socialista Zapatero nunca tuvo mayoría absoluta y podía haber elegido a los nacionalistas moderados para su proyecto, prefirió asegurarse la gobernabilidad con los independentistas radicales tanto en Cataluña como en el Parlamento de Madrid. Para el psoe de Zapatero era mejor la opción nítida -ideológica- de izquierdas que representaba ERC, que su deriva independentista y desplazó a los nacionalistas supuestamente centristas y moderados al desierto de la irrelevancia.

Durante aquellos años de oposición, CiU extremó su discurso político para no quedarse fuera del partido y acompaño la catarata de reformas políticas que el tripartito ofrecía. Pero no ganó las elecciones de 2010 por eso. La enorme confianza que obtuvo (62 diputados) lo fue para arreglar el desaguisado que el tripartito había dejado. Los catalanes confiaron en que ellos eran los adecuados para afrontar la crisis, aunque no les dieron la mayoría absoluta para hacerlo. Ergo la convocatoria precipitada es consecuencia directa del convencimiento de Mas y su gobierno de ser incapaces de afrontar los problemas y su deriva independentista es una huida hacia adelante que intenta inmpedir o atrasar lo que ven como inevitable: ser barridos en su proyecto político como consecuencia de la crisis y el desgobierno heredado.

Así las cosas debemos preguntarnos donde está el origen del problema que trae causa al tremendo despropósito político que asola hoy la geografía ibérica.
 
Desde 1989, cuando Aznar asumió el liderazgo del PP esta formación política no ha hecho sino consolidarse en todo el territorio español, incluso en el Pais Vasco y Cataluña donde compite en el espacio del centro derecha con el poder nacionalista, hegemónico y privilegiado por normas y leyes pero también por un cultivado -y financiado- sentimiento localista y diferenciador sobre el resto de España. Allí el PP obtiene una representación lógica a la desigual compentencia. No hay demasiados altibajos en el tracto electoral del PP en el conjunto de España.
 
Pero no sucede lo mismo con el PSOE que desde 1996 se debate en una crisis de identidad fruto de la herencia del hegemónico Felipe González y frustrados ensayos posteriores. Sin entrar a valorar causas y razones, pues desde fuera puede incluso parecer pretencioso, lo que si es constatable son los profundos picos electorales que el psoe muestra desde 1996 hasta el presente 2012. Para confirmarlo no deberíamos ir solamente al voto popular y ver lo que ha sucedido con su poder territorial en este tiempo hoy alarmantemente disminuido.

Vamos a convenir, más allá de los matices, que hasta el año 2004 los ciudadanos españoles percibian con  bastante claridad que España como Nación o País tenía un proyecto político común. Había diferencias pero lo sustancial estaba a salvo en el imaginario colectivo de la sociedad. No se discutía la prevalencia de las leyes o el estado de derecho, ni el pluralismo político o la democracia. Había corrupción, deficiencias, doctrinarismo, abusos de poder y un largo etc de problemas consustaciales a cualquier sociedad democrática, pero la política se percibía benefactora y los proyectos políticos personales de nuestros dirigentes tambien y ambos, convivian amablemente y hasta de forma indulgente entre los ciudadanos.

¿Quien puede discutir en España que Suaréz, Calvo Sotelo, González y Aznar, amen de los otros políticos que les acompañaron y con independencia de errores o diferencias ideológicas,  tenian además de su proyecto político personal o de partido, un proyecto político para la sociedad española y eso era así visto por la gran mayoría? ¿Qué sucedió después de las elecciones de 2004?: una desastrosa administración de la victoria electoral por parte del PSOE de Zapatero que inició un desbocado camino que perseguía una suerte de definitiva transición que pasaba por barrer de las instituciones al PP y establecer la prevalencia de la izquierda política, sea cual fuere su origen, sobre la derecha ideológica y también social.
 
Perseguía Zapatero hacer compatible un discutible y temerario proyecto político para España con su propio proyecto político personal y de partido. Los ciudadanos comenzaron a percibir pronto que lo segundo tenía más peso que lo primero. La prueba del algodón (disculpas por la generalización injusta) puede estar en las trayectorias de quienes eligió para acompañarle, todo ello más allá de recurrentes buenas intenciones y bondades que no son suficientes para quienes tienen responsabilidades públicas y la obligación de acertar.

Por eso, entre otras y obvias razones, el descrédito de la política ha sido galopante en los últimos años. Cuando la política solo se ve como la agarradera de personas “que no pueden hacer otra cosa” y no como una actividad benefactora o por lo menos necesaria para la sociedad, más allá del legítimo discurrir de proyecciones personales que nadie discute y es amablamente tolerado, se produce una fractura insalvable con los ciudadanos. Es en lo que estamos, es lo que sucede cuando se abandona la centralidad y el sentido común.

El psoe está fracasando en todas las citas electorales sucedidas despues de las generales del pasado 2011 en noviembre. Si no lo ven así, pese a conservar el poder en Andalucia, se equivocarán de nuevo y las alianzas contra natura y contra la amplia y constante base electoral que representa el PP español en todo el territorio les pasará de nuevo factura. A los nacionalistas vascos y catalanes ya les está pasando lo mismo pero parecen empeñados, al igual que el PSOE, en abandonar la centralidad. Bildu y ERC son y serán las opciones claras para quienes defienden la ruptura, la independencia y un modelo totalitario de izquierda socialista para sus respectivas sociedades. Es evidente que son nutridos los votantes que esto piensan y una realidad más allá de las causas que lo han provocado. Es pertinente no negar la realidad y siempre los guiños de nacionalistas y socialistas  serán juzgados como estrategias no creibles y por eso rechazadas. Como suele decirse, la gente elegirá el original y no la fotocopia.

Pero en España los retos son urgentes y graves. Estan en juego, demasiadas cosas como para que nos detengamos en el cálculo político. Debemos constatar que la responsabilidad de este monumental desastre no es directamente achacable a tal o cual formación política o sus ideas y mucho menos a su base electoral. En todo este desaguisado han habido deslealtades y traiciones concretas de personas con nombre propio y apellidos. Debemos negarnos a considerar que la culpa la puedan tener, en si mismas, las ideologías o los partidos sean cuales fueren, estemos o no de acuerdo con sus propuestas. Y es que produce vértigo la deriva antisistema que cuestiona el pluralismo político por asamblearias fórmulas tan del gusto de extremas izquierdas y derechas.

Hay responsables concretos y no por pensar diferente, sino más bien porque han sido desleales a la palabra dada y al pacto alcanzado. Decir que el socialismo español o los nacionalismos vasco y catalán no han prestado buenos servicios a la democracia española y a su sociedad no es justo y además tampoco es verdad.  Pero decir ahora que quienes tienen o han tenido la resposabilidad concreta en esos partidos han cometido profundos errores en los últimos años y además han sido desleales a nuestro pacto constitucional es mas que evidente. Deben revisarlo y hacer una profunda reflexión.

¿Y que pasa con el PP y el centro derecha español ahora en el gobierno? Pues hay que constatar varias cuestiones. Como ya se ha dicho, es el único partido que ha demostrado con hechos ser invariablemte leal al pacto constitucional de 1978. El resultado es su permanencia y su amplia base de apoyos. Han peleado para que en la democracia española se produjera la necesaria alternacia, han defendido sus ideas mejor o peor, han cometido errores, han alcanzado y han sido desalojados del poder…pero no han cambiado su discurso y han reclamado permanentemente acuerdos sobre lo que consideraban importante. Puede parecer un juicio demasiado indulgente pero su sólida base electoral y poder territorial parece demostrarlo, si hemos de creer en lo que los ciudadanos deciden cuando van a las urnas.

En España no hay nadie que piense, ni si quiera los contrarios, que Mariano Rajoy es un líder accidental del PP y del gobierno o que alcanzó esas magistraturas únicamente por el legítimo desempeño de un proyecto político personal o de partido. Se podrá estar o no estar de acuerdo con él, podrá gustar más o menos, pero hasta el último español considera creible y factible que la intención principal de Mariano Rajoy al frente del gobierno y del PP es la de sacar a España de la crisis en la que estamos los españoles metidos por méritos o deméritos propios perfectamente identificables.

No parece, sin embargo, que en el momento presente y asi lo dicen las encuestas, los españoles confien mucho en que pueda conseguirlo y, además, ya se encargan notoriamente de manifestar su desconfianza y oposición a sus medidas el resto de las fuerzas políticas incluidas en este grupo las sindicales, las corporativas y hasta gremiales dominantes de la depauperada economía y política nacional. Es lo de siempre. Nunca arrimarán el hombro aquellos que calculan que si lo hacen elevarán a los altares al ayudado y más si ven peligrar sus privilegios.

Deben existir en la izquierda política española, socialista o comunista incluso, y en el exhausto nacionalismo catalan o vasco aún  personas con el sentido común que propicia la prudencia y el anhelo del bien publico. Debe de haberlas y es urgente que florezcan y nos ofrezcan a los españoles, desde la defensa de sus ideas, la posibilidad de recuperar el pacto constitucional de 1978 y nos dediquemos a salir del atolladero. Consta que el gobierno del PP lo desearía y que Mariano Rajoy lo propicia. Es evidente que España lo necesita.

Cuando hemos sabido que Pujol se “enfadó” al conocer que Aznar, en mayoría absoluta, ofreció a Miguél Roca, nacionalista, catalán y padre constitucional, el ministerio de Asuntos Exteriores, hemos refrendado lo que ya imaginábamos. Por todo ello, cuando ya conocemos los mimbres que existen para hacer el cesto,  no es aventurado considerar que la principal responsabilidad de alcanzar un hipotético y renovado pacto constitucional no está en el gobierno o en el centroderecha, que lo desearía.  Está en el principal partido de la oposición si es que aún cuenta entre sus filas con socialdemócratas moderados y centrados capaces de alcanzar acuerdos y cumplirlos y desea contribuir a recuperar lo que fueron las bases de nuestra prosperidad.

Si el PSOE recupera la centralidad de una izquierda moderada española y europea,  los nacionalistas también lo harán. No tienen otra  ambos y por más que se empeñen, nadie es imprescindible ni eterno. Lo que es seguro es que antes o después, de una manera o de otra, España remontará esta crisis y mientras tanto, esperemos que sirva también para hacer limpieza y generar oportunidades en la economía y en la política.  

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