Economía y Sociedad, Política

¿Centrales nucleares? Lo pensamos, gracias

Santi Lucas
Nada que ver con el fragor dialéctico, la carga ideológica y la oposición frontal con los que se planteó en España, en los años 70, el debate sobre la energía nuclear, sumando entonces un mayoritario e inflamado rechazo por parte de la opinión pública. Aun así, siete de las nueve centrales nucleares que existen operativas en nuestro país se pusieron en marcha entre 1980 y 1987 y nos aportan el 24% de la producción total de electricidad.

Ahora, se ha colado el debate nuclear de rondón en nuestras vidas, sin alharacas y a partir de la necesidad vital de reconsiderar las viejas, viscerales y utópicas repulsas a esta polémica fuente de energía. No hay día que los medios de comunicación no traten sobre la energía nuclear, preguntándose por su futuro a medio plazo y ofreciendo todos los datos que conducen directamente a tratar con serenidad su balance y a barajar con rigor la hipótesis de un mayor empleo. Diversificar las fuentes de aprovisionamiento energético y rebajar la excesiva dependencia del exterior se apuntan como los objetivos principales que hay que alcanzar para seguir garantizando un estado de bienestar al que no renunciamos de ninguna forma.

El comisario de Asuntos Económicos de la Comisión Europea, Joaquín Almunia, un destacado dirigente socialista español y miembro de varios gabinetes presididos por Felipe González, es un buen ejemplo de la forma en que ha evolucionado este asunto. Almunia ha declarado recientemente que considera “imprescindible” volver a debatir sobre la vuelta a las centrales nucleares en Europa. “No me siento tranquilo con el barril de petróleo a 60 dólares o con la dependencia en los aprovisionamientos de gas”. Por si fueran pocas las inquietudes de Almunia hay que añadir la constatación de una demanda creciente del consumo energético que no puede atenderse solamente con las alternativas renovables (solar o eólica) o con la construcción de nuevos gaseoductos.

Europa debe apostar por una política energética común, que haga más eficaces las decisiones sobre la producción y suministro energético en todo su ámbito y que salve también los compromisos políticos y las contrariedades de algunos gobiernos respecto a la utilización de la energía nuclear. Alemania, por ejemplo, va a mantener el acuerdo de su coalición gubernamental de cerrar todas las centrales nucleares pese a tener una canciller que es partidaria de ellas. En España, entretenidos en otras cuestiones menos trascendentes, no sabemos si el gobierno de Zapatero mantendrá su promesa electoral de eliminar la energía nuclear. De momento, el ministerio de Industria ha creado unas mesas de diálogo sobre la materia, que no han deparado todavía ninguna conclusión. No obstante, está muy próxima la fecha en la que se debe decidir el emplazamiento de un cementerio de residuos radioactivos, lo que podría destapar antiguos conflictos y fuertes desacuerdos sociales y desnivelar definitivamente el debate en favor de los inconvenientes y de los riesgos de las centrales nucleares.

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