Política

Chirac ha votado por última vez como presidente de Francia

Gane quien gane, su elección marcará la llegada al Elíseo de una nueva generación.

Dio un frio apoyo a Sarkozy
El presidente francés, Jacques Chirac, votó en Sarran, en su feudo de Corrèze (centro de Francia), en las elecciones para designar a su sucesor, tras doce años en el Elíseo.

Unas trescientas personas habían acudido al salón de festejos de la localidad para saludar y arropar a Chirac y su esposa, Bernadette, en este día histórico, con sabor a despedida después de más de cuatro décadas en la política.

Entre el próximo día 10, cuando los resultados serán proclamados oficialmente por el Consejo Constitucional, y la medianoche del 16, cuando expira su mandato, Chirac traspasará los poderes al vencedor de hoy: el conservador Nicolas Sarkozy o la socialista Ségolène Royal.

Gane quien gane, su elección marcará la llegada al Elíseo de una nueva generación: Sarkozy tiene 52 años y Royal 53.

Chirac, de 74 años, anunció el pasado marzo su decisión de tirar la toalla y de no aspirar a un tercer mandato. Era lo que deseaba la gran mayoría de los franceses, que quieren “sangre nueva”.

Muy discreto durante la campaña electoral -dio fríamente su apoyo a Sarkozy, considerado como su “hijo rebelde” y favorito de los sondeos, a finales de marzo cuando éste dejó el Gobierno para dedicarse de lleno a la carrera por el Elíseo-, se ha ido despidiendo poco a poco.

El pasado miércoles, reunió al personal del Elíseo y a sus actuales y antiguos colaboradores para darles las gracias, antes de viajar a Berlín al día siguiente para una ultima reunión con la canciller y presidenta de turno de la Unión Europea, Angela Merkel.

Una visita que aprovechó para subrayar la importancia de la amistad y de la pareja franco-alemana en la construcción europea.

El próximo martes, Chirac presidirá en los Campos Elíseos las ceremonias del 8 de mayo (la conmemoración del fin de la II Guerra Mundial en Europa, con la capitulación alemana ese día de 1945), y el miércoles su último Consejo de ministros, antes de inaugurar, el jueves, un monumento en los Jardines de Luxemburgo en el Día de la Abolición de la Esclavitud, una jornada conmemorativa creada por él.

Este “animal político”, cuya carrera ha estado marcada por grandes derrotas y sorprendentes victorias y una habilidad camaleónica para mantenerse en la cresta de la ola, deja un balance presidencial de claroscuros en los ámbitos internacional y nacional.

Será recordado por su oposición en 2003 a la guerra de Estados Unidos en Irak, que fue su hora de mayor gloria en casa y en el mundo. Sus advertencias de que esa “aventura” abriría una caja de Pandora se han cumplido.

Chirac también quedará como la voz de la defensa del multilateralismo y de la solidaridad con el Sur (impulsó la tasa sobre los billetes de avión para financiar la compra de medicamentos contra las grandes pandemias en los países pobres, proyecto piloto de mecanismos innovadores de financiación del desarrollo).

Y fue uno de los líderes más elocuentes en la defensa del medioambiente: en la cumbre de la ONU en Johannesburgo en 2002 advirtió de que “la casa arde y el mundo mira al otro lado”.

El diálogo de las culturas ha sido otra de sus batallas y será, junto con la ecología y el desarrollo, una causa que abanderará la fundación que planea crear después del verano.

Pero -y él mismo lo reconoció cuando anunció su retirada-, deja detrás de él un gran fracaso: el “no” de los franceses a la Constitución europea en el referéndum que convocó en mayo de 2005.

El doble rechazo de los franceses y holandeses a ese texto ha dejado a la Unión Europea en un impasse, que perdura y cuya salida dependerá en buena parte de su sucesor.

En el ámbito nacional, Chirac quedará como el primer presidente que reconoció la responsabilidad del Estado en la deportación de los judíos de Francia a los campos de concentración nazi. También se destacó por su rechazo de todo racismo y antisemitismo y su hostilidad a la ultraderecha, cuyo líder, Jean-Marie Le Pen, le ha descrito como su peor enemigo.

Si bien Chirac decidió equiparar las pensiones militares de los soldados de las antiguas colonias que lucharon para liberar a Francia de la ocupación nazi a las de sus compañeros de armas franceses, persisten las discriminaciones del presente, visibles en la ola de violencia que asoló las barriadas conflictivas en 2005.

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