España celebró el lunes pasado el XXVI aniversario de la Constitución. Aunque esta constitución goza del consenso de la mayoría, existe otra Constitución que no tiene por ahora la misma suerte. Es la futura Constitución Europea, cuyo referéndum se acerca para febrero del año próximo y algunos analistas se volcarán hacia un rotundo NO.
¿UN REFERÉNDUM CON PROBLEMAS?
España celebró el lunes pasado el XXVI aniversario de la Constitución. Aunque
esta constitución goza del consenso de la mayoría, existe otra Constitución que
no tiene por ahora la misma suerte. Es la futura Constitución Europea, cuyo
referéndum se acerca para febrero del año próximo y algunos analistas se
volcarán hacia un rotundo NO porque, dicen, el texto constitucional es un
pretexto para el Gobierno de Zapatero de sacar rédito político de una causa que
la mayoría de los españoles ignoran en lo más profundo.
Alberto Miguez,
analista político, ha escrito que la Constitución Europea es “un texto
infumable, un vademécum de todas las sinuosidades retóricas, un Tratado
inaplicable y disparatado, que obedientemente los españoles —algunos— votarán el
día 30 de febrero”.
También se muestra contrario a la misma Guillermo
Dupuy, quien ha criticado la utilización partidista que va a hacer Zapatero de
este referéndum: “Yo es que no quiero que Europa tenga esa Constitución que hace
de España, como de tantos otros países europeos, una mera comparsa del eje
franco-alemán, que silencia las raíces cristianas de nuestra civilización o que
consagra la burocracia europea como una nueva aristocracia funcionarial que no
se sabe muy bien ante quien tiene que responder. Esta Constitución hace trizas
lo pactado en Niza y yo, desde luego, por higiene intelectual, ni me voy a
abstener ni, menos aun, voy a votar que sí a todo lo que he criticado durante
meses y años”.
José María Marco, miembro de la Junta Directiva de la
Fundación Internacional para la Libertad (FIL), también ha sido muy duro con el
texto constitucional porque “perjudica a España y porque instaura un reparto de
poder en el que nuestro país pierde capacidad de influencia para la toma de
decisiones. Si esa “Constitución” sale adelante, los intereses de los españoles
se van a ver perjudicados porque no podrán ser defendidos como hasta ahora. Esta
línea de argumentación debería ser la clave de la posición del Partido Popular.
El PP debería atreverse a hacer un ejercicio de audacia y de imaginación.
Seguramente le vendría bien”.
Mucho más lejos han llegado quienes
hicieron la web http://constitucion.redliberal.com en la cual desmenuzan el
texto y los critican punto por punto, básicamente, por considerarlo contrario a
la defensa de los derechos individuales.
Allí también se la critica por
su extensión, compleja y de ardua lectura. En concreto, sin incluir los índices
ni la lista de miembros de la llamada convención que lo ha redactado, ocupa 303
páginas de las 341 totales del volumen oficial editado por la Unión Europea. El
Tratado tiene un preámbulo y cuatro partes. La Constitución española de 1978,
que es una constitución larga en derecho comparado, ocupa en el mismo formato un
total de 39 páginas, por lo que el texto europeo es casi ocho veces más extenso.
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