Asia-Pacífico, Política

Corea del Norte: Escondiendo la leche

Cuando en Corea del Norte se viene abajo, en la propia capital, Pyongyang, un edificio entero de 23 pisos, la noticia demora cinco días en conocerse. El episodio se hace público cuando el gobierno lo utiliza para pedir disculpas por lo sucedido. ¿Cómo es esto posible?

En nuestra jerga popular, “esconder la leche” quiere decir engañar o mentir. Quienes atacan la libertad de prensa siempre tienen, entre sus motivaciones, aquella que pueda permitirles manipular de alguna manera la opinión pública, o sea macanear.
 
En uno de los países más autoritarios del mundo, Corea del Norte, acaba de suceder un episodio paradigmático, que confirma lo antedicho. Un cable de The Associated Press da cuenta de lo sucedido. Cuando en Corea del Sur un “ferry” se hunde, provocando centenares de muertes, todos nos enteramos. En un mero instante. Ocurre que, en nuestros tiempos, la velocidad con que las avenidas electrónicas difunden la información no tiene precedentes. Pero, en cambio, cuando en Corea del Norte se viene abajo, en la propia capital, Pyongyang, un edificio entero de 23 pisos, la noticia demora cinco días en conocerse. El episodio se hace público cuando el gobierno lo utiliza para pedir disculpas por lo sucedido.
 
¿Cómo es esto posible? Muy simple. La mayor parte de los ciudadanos no tiene allí acceso a Internet. El gobierno tiene el control absoluto de los medios de información. Y las noticias se difunden a través de una única agencia del estado. Monopólica. Como si eso fuera poco, distintas normas y reglamentos penalizan la difusión “no autorizada” de noticias. Como consecuencia, sólo se sabe con certeza aquello que el gobierno quiere. Nada más. Corea del Norte es el ejemplo máximo de falta de libertad de expresión.
 
 ¿Por qué se difundió finalmente el derrumbe del edificio? Probablemente porque a través de la telefonía, esto es a través de los dos millones de celulares que operan en Corea del Norte, la noticia pudo haber comenzado a filtrarse y difundirse.
 
Por ello el gobierno la hizo pública, aunque sin mencionar el número de muertos o heridos. Más de cien familias vivían en el edificio que colapsó, en el que aún no había terminado su construcción. El Presidente Kim Jong Un apareció destituyendo a cinco funcionarios responsables, luego de que éstos “admitieran” su culpa. Todo es bueno para separar al líder de las malas noticias y de cualquier responsabilidad que se le pudiera atribuir.
 
 No es la primera vez que esto ocurre en el país ermitaño. En el 2004, una explosión ferroviaria que generó 100 muertes se mantuvo oculta por largo rato. En el 2012, toda una serie de fracasos en los lanzamientos de misiles no tomó estado público.
 
Las restricciones a la libertad de prensa y la manipulación de la información son siempre característicos de los regímenes totalitarios. En rigor, cuanto más totalitarismo, menos libertad de expresión. No sólo en Corea del Norte.
 
 Emilio J. Cárdenas (*)
 
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

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