Cuando las aguas parecían volver a su cauce, su imagen quedó salpicada por el juicio celebrado en Miami contra Guido Antonini Wilson, un empresario venezolano que declaró que en 2007 ingresó ilegalmente a Argentina maletines con unos 5 millones de dólares destinados a financiar la campaña electoral de Fernández.
Su esposo Néstor quiere recuperar la imagen
La Presidenta argentina, Cristina Fernández, cumple su primer año de gestión en medio de un fuerte desgaste por polémicas decisiones en las que analistas locales ven la sombra del ex presidente y esposo de la mandataria, Néstor Kirchner, que no parece resignado a distanciarse del poder.
Fernández, la primera mujer elegida en las urnas para ocupar la Presidencia argentina, logró el 45 por ciento de los votos en los comicios de octubre del pasado año.
El 10 de diciembre, tomó el bastón de mando de manos de su esposo en una ceremonia que muchos interpretaron como un trámite en el marco de una política continuista que permitiría a Fernández profundizar en la estrategia de Kirchner y mantener al país con crecimientos sostenidos del 8 por ciento.
Sin embargo, su gestión ha estado marcada por la mayor crisis política de los últimos cinco años, la crispación y la ausencia de planificación para afrontar los vaivenes de la economía, los altos niveles de inflación -hasta el 20 por ciento según expertos independientes- y ganar la confianza de los inversores.
La popularidad, por el piso
Apenas tres meses después de iniciar su mandato, se enfrentó a la primera gran crisis de su Gobierno y vio desplomarse los índices de popularidad del 60 por ciento con los que se estrenó en el cargo por una subida de impuestos que desató un conflicto con las patronales agrarias.
Los cuatro meses de enfrentamiento con el campo causaron pérdidas millonarias y una crisis política sin precedentes en la “era Kirchner” que precipitó las renuncias del ministro de Economía, Martín Lousteau, y de Alberto Fernández, considerado el hombre fuerte del Gobierno tras cinco años como jefe de Gabinete.
Por primera vez en un lustro, los ecos de los cacerolazos volvieron a las calles en protesta por la política gubernamental.
La derrota del Gobierno se materializó en el rechazo de la subida de impuestos en el Senado, donde parte de la mayoría peronista se volvió contra el matrimonio Kirchner, con el voto decisivo del vicepresidente Julio Cobos.
El escándalo de la balija
Cuando las aguas parecían volver a su cauce, su imagen quedó salpicada por el juicio celebrado en Miami contra Guido Antonini Wilson, un empresario venezolano que declaró que en 2007 ingresó ilegalmente a Argentina maletines con unos 5 millones de dólares destinados a financiar la campaña electoral de Fernández.
En medio de la tempestad, la presidenta lanzó en septiembre un rosario de anuncios que pretendían recuperar la confianza interna y externa y que contribuyeron a mejorar su imagen, como el pago de la deuda al Club de París y un plan para reabrir el canje de deuda con acreedores privados pendiente desde 2005.
Pero el enfriamiento de la economía local tras la crisis del campo y las repercusiones del crack financiero internacional obligaron al Gobierno a plegar velas y de nuevo quedó en evidencia la falta de planificación del Ejecutivo.
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