El 11 de noviembre era un día esperado en la Audiencia Nacional. El ¿desparecido? De Juana Chaos debería presentarse ante el Juez. Finalmente no lo hizo. El desafío del etarra a la justicia prosigue. La necesidad de firmeza es más necesaria que nunca.
Editorial
Juan Ignacio de Juana Chaos es uno de los terroristas más sanguinarios de la historia de ETA. Autor de 25 asesinatos por los que sólo cumplió una pena de 21 años de cárcel. Ni siquiera a año por asesinato. Evidentemente, algo está mal en la justicia española.
Bajo no sabemos qué teorías se permite que personas de la calaña del que hablamos se encuentren en la calle. Con ello, además, parece dotarse al terrorismo de una legitimidad de la que carecen otros delitos.
El caso es que en agosto este asesino fue liberado…y desapareció. Sin embargo, tenía que dejar su huella o eso se intuye. En efecto, sus acólitos lo homenajearon leyendo una carta redactada supuestamente por el propio De Juana donde apostaba por seguir la lucha armada.
Es la verdad de la autoría de la carta lo que el Juez Eloy Velasco quiere saber. Pero De Juana, cuya asesoría jurídica corre a cargo de un bufete de Belfast (por cierto, ¿cómo pagará las minutas?) no se ha personado. Desconocemos las razones, lo único claro es que una vez más ha vuelto a hacer “de su capa un sayo”. Primero fue el esperpéntico show de su “huelga de hambre”, luego sus salidas de tono con los magistrados y ahora su desaparición, ¿qué será lo próximo?
Desconocemos si el autor de la incendiaria misiva fue él. Es probable. Sabemos que el género epistolar le gusta y lo emplea para amenazar. Agradecemos la actuación de la Fiscalía, del Foro de Ermua, la AVT o Dignidad y Justicia. Han obrado como verdaderos guardianes de la memoria de las víctimas.
De cara a las autonómicas de marzo, el País Vasco sigue siendo un enigma. EA concurrirá en solitario, con Ciarreta como candidato a Lehendakari. El nacionalismo moderado no pasa por sus mejores momentos en lo que a quórum ideológico se refiere. Aún con ello, no olvida poner una vela a Dios y otra al diablo, como se aprecia en el aumento de las partidas presupuestarias para que familiares de presos etarras puedan viajar fuera del País Vasco y visitar a aquellos que un día mataron, amenazaron, extorsionaron… y no muestran ningún tipo de arrepentimiento por ello.
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