Política

Definir hoy la izquierda política es más que un problema semántico

Al autor, David Horowitz, le preocupa las actitudes reflejadas hoy por la izquierda. Hemos creado categorías de izquierdistas que no son ni totalitarios ni radicales antiamericanos, como si esto absolviera a los que no lo son de sus responsabilidades en las consecuencias de sus acciones cuando trabajan en coalición con radicales, y cuando no les rechazan.

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Si usted visita la página de búsqueda de particulares de DiscoverTheNetwork, verá que hemos separado a los particulares en cinco columnas, que identificamos como “radicales totalitarios”, “radicales antiamericanos”, “izquierdistas”, “izquierdistas moderados” e “izquierdistas afectivos”. (El último incluye sobre todo figuras del espectáculo cuya política se basa emocionalmente más que intelectualmente en un modo al que volveré más abajo). Hemos distribuido la cuadrícula de esta manera, aun cuando pensamos que alimenta ciertas ilusiones, para acomodar a los que expresaron angustia por la cuadrícula en su formato original donde no se hacían tales distinciones.

Esta angustia se ha centrado en el hecho de que la cuadrícula original contenía radicales que sostenían un espectro de opiniones desde la izquierda totalitaria a la izquierda democrática, y que incluía fundamentalistas islámicos junto con actores de Hollywood, legisladores del Partido Demócrata o académicos. Es particularmente irónico que entre los críticos más ultrajados por este aspecto de la página web se encontrara un profesor llamado Michael Berube, cuyo blog puede encontrarse aquí. Entre académicos los vínculos son los más claros, dado que la universidad es la base política más obvia de la izquierda dura.

Sami al-Arián gestionó la Jihad Islámica palestina (cuya hazaña más reciente ha sido el asesinato del ex primer ministro del Líbano) desde un puesto del claustro de la Universidad del Sur de Florida, donde era profesor de ingeniería. Después de que sus actividades terroristas fueran expuestas por el Miami Herald, y mientras el FBI le perseguía, el Dr. al-Arián fue defendido por la Asociación Norteamericana de Profesores Universitarios como un palestino perseguido. (Instituciones izquierdistas venerables como Salon.com o The Nation, la ACLU o el Center for Constitutional Rights se unieron en su defensa). Momentos antes de su detención, al-Arián era el invitado en un simposio sobre “Terrorismo y libertades civiles” patrocinado por la Duke. (Fue presentado como experto en libertades civiles). Más recientemente, la AAUP y los izquierdistas académicos se han unido en protesta por la decisión del Departamento de Estado de prohibir a Tariq Ramadán que se uniera al claustro de “Estudios de paz” de Notre Dame. Los propios “Estudios de paz” es un campo académico dedicado a enseñar que “el terrorista de un hombre es el luchador de la libertad de otro” y que – por citar a académicos como Noam Chomsky o Robert Jensen — “América es el mayor estado terrorista del mundo”. Y esto es sólo la punta del iceberg de relaciones entre profesores izquierdistas de facultades norteamericanas y fundamentalistas islámicos que llevan a cabo una jihad contra occidente.

Por otra parte, había un elemento en las críticas que no podía ser desechado fácilmente. Izquierdistas moderados – Barack Obama fue señalado – que también estaban incluidos en la cuadrícula son obviamente patriotas americanos sin relación con radicales islámicos. Sí que parecía injusto incluirles por esta razón. Por otra parte, intentábamos establecer la tesis de que a políticos de los que se dice tradicionalmente que son “liberales” o “populistas”, son de izquierdas. Son estatalistas y redistribucionistas, y sus redes de apoyo se extienden hasta el fondo del así llamado movimiento “progresista”.

La respuesta a estos dilemas me llegó de una conversación con John Gorenfeld, un escritor asignado cubrir DiscoverTheNetwork por sus editores en Salon.com. Salon, a pesar de su lamentable defensa de Sami al-Arián y lapsos similares, es parte de lo que describimos en la cuadrícula nueva como “la izquierda” a secas, sin los adjetivos “totalitario” o “antiamericano”. En absoluto un moderado, pero tampoco un radical. Los editores de Salon, en otras palabras, según nuestra taxonomía, son izquierdistas que son patrióticos y democráticos en intenciones. Escribí una columna para Salon durante dos años (y lo haría de nuevo, de ser invitado). Garantizo que tal relación no sería posible con madrigueras de la extrema izquierda como CounterPunch.org, alternet.org, El Progresista, o The Nation.

En el léxico político de la convención de hoy, el término “izquierdista moderado” es equivalente a “liberal”. No hemos utilizado esta designación porque parte de la agenda de DiscoverTheNetwork es desafiar el uso de la palabra “liberal” en este sentido, un sentido que oscurece la red de la izquierda. Redistribucionismo, apoyo a las preferencias raciales, y una aceptación complaciente del monolito político existente en las facultades académicas no son posiciones que se puedan llamar liberales, razonablemente. Son el producto de una campaña acertada por parte de los izquierdistas para conducir “una larga marcha a través de las instituciones” — asumir el pelaje político del liberalismo para escapar a la auditoría de su pasado izquierdista, y para avanzar fácilmente sus agendas radicales en la principal corriente americana.

La sacudida izquierdista del Partido Demócrata, que ha hecho sonar las alarmas en círculos que en la práctica son liberales (por ejemplo, The New Republic) es un subproducto de esta campaña. Otra ambición de la página web DiscoverTheNetwork es desenmascarar las agendas radicales de falsas organizaciones e individuos liberales, como el mal llamado Center for Constitutional Rights. Esta organización fue fundada por radicales totalitarios, y desde entonces se ha combinado con el National Emergency Civil Liberties Committee, compañero de viaje comunista cuyas políticas se alinean con la Cuba de Castro o los fundamentalistas islámicos. La abogada terrorista condenada Lynne Stewart es una protégé y un icono del Center, igual que Stanley Cohen, el abogado de Hamas.

El término “izquierdista afectivo” merece explicación, y agradezco a mi camarada de armas Peter Collier la descripción que sigue. “Son personas que a menudo ocupan posiciones de influencia, los medios particularmente, que son bien pensant en extremo. A pesar de su estatus social, se ven a sí mismos “en oposición” — una herencia de los 60, cuando nació la noción de ´El Sistema´ como un término en código para ´América´. También están implicados en el post-radical chic, glorificando a gente que representa “auténticamente” ideas opuestas de un modo que ellos mismos no tendrían la valentía o ni siquiera la inclinación política a representar. Para esta gente, en comparación con izquierdistas serios, las “ideas políticas” son el equivalente intelectual a una tendencia de moda, siempre ajustándose para cumplir las tendencias actuales, siempre ideadas como una especie de código para decir al mundo que ellos son buena gente. Obviamente, hablo de gente como Katie Couric y Robin Williams, y casi todo Hollywood. (Algunas personas de Hollywood, como Sean Penn, con su linaje comunista, son un núcleo más duro y debe distinguirse de esta categoría; pero no hay muchos, y en todo caso, como actores, su política se basa en gran medida en emociones también).

Estos liberales tienen como su definición básica el hecho de que quieren sentir que están en el lugar apropiado, en lugar de cualquier compromiso real con una visión (o anti-visión) del país. Están a favor de “la libertad”, cuando libertad es libertad para matar fetos en el tercer ciclo, o implicarse en los matrimonios del mismo sexo, o lo que les salga de las narices; no definen libertad como algo que tenga que ver con que los pueblos cautivos de todo el mundo tengan oportunidad de escapar de las tiranías que les oprimen. Les gusta Fidel porque es una espina clavada en América, y una especie de centavo existencialista, y se expresan entusiasmados con su alfabetización de Cuba, sin considerar el hecho de que al mismo tiempo, enseña a la gente a leer que tortura a escritores como Armando Valladares, cuyos libros no le gustan”.

Los que aún no estén convencidos del principio de inclusión que gobierna esta base de datos, están invitados a leer mi libro, Alianza maldita: el Islam radical y la izquierda americana, que fue escrito paralelamente a la construcción de esta base de datos, cuya taxonomía política refleja su punto de vista. Alianza maldita describe “la evolución de la mentalidad de la izquierda” en su evolución desde el Estalinismo hasta hoy. Levanta este análisis dentro del marco del 11 de Septiembre y de la guerra de Irak, y muestra cómo se formó la izquierda “pacifista”, cómo llega a formar vínculos de “solidaridad” con el fundamentalismo islámico, cómo modela la campaña electoral del 2004 del Partido Demócrata y cómo discrimina el abandono sin precedentes de la corriente “liberal” principal de la guerra misma.

El propósito de DiscoverTheNetwork es informativo – no polémico, intenta iluminar y describir a la izquierda política, y aclarar los términos del debate político. Por ejemplo, es imposible entender el reciente giro a la izquierda del Partido Demócrata si se clasifica a la izquierda entera, desde Noam Chomsky a Jimmy Carter, en el término “liberal”, que es el modo en que los jueces de la cultura – por ejemplo, el New York Times o la red de oficinas de noticias – enmarcan actualmente este tema. Si se alude a Noam Chomsky o a Angela Davis como liberales – y lo son en estos organismos de noticias – ¿cómo entiende uno la política de Joe Lieberman o de John Kerry, o de Howard Dean?. Esta combinación de agendas liberal y radical, de política izquierdista y disposiciones liberales, es una orden de ofuscación difícil de cumplir, que despeja temas políticos cruciales y progresos políticos imposibles. Hay una batalla rugiendo dentro del Partido Demócrata, entre una izquierda moderada y una extrema izquierda, entre un centrismo auténtico y un ´progresivismo´ impostor, que no puede detectarse, por no decir entenderse, cuando se examina sin definir o diferenciar “liberalismo” en su percepción actual. Joe Lieberman es un liberal; MoveOn.org no.

Habiendo revisado nuestra base de datos con el fin de reflejar el abigarrado espectro de la izquierda, celebramos más comentarios y observaciones. Por otra parte, hay un aspecto de esta revisión que puede llevar a resultados que no son enteramente positivos y que pueden hasta apoyar espejismos familiares de la izquierda, que funcionan como mecanismos a prueba de errores para su satisfacción personal en el historial deplorable de los últimos cincuenta años.

La izquierda progresista apoyaba a los enemigos comunistas de la libertad durante la Guerra Fría, y lo hizo durante más de cuarenta años. Muchos progresistas lo hicieron “críticamente”, deplorando la ausencia de libertad en los países del bloque soviético, mientras explicaban esta ausencia de libertad como resultado de las “agresiones” de la Guerra Fría de América contra el mundo socialista. Las mismas explicaciones que se ofrecen para los fracasos nacionales y la represión cubana: el bloqueo americano lo hizo. Estos mismos izquierdistas, mientras retóricamente criticaban al bloque soviético, estaban ocupados aplaudiendo afanosamente al bando totalitario por “refrenar el imperialismo americano”, y dedicando todos sus esfuerzos políticos a debilitar los esfuerzos de América en la Guerra Fría, con campañas de desarme unilateral y similares. Pero aún con todo, cuando se derrumbó el sistema soviético, fingieron no haber hecho lo que habían hecho o sentido lo que habían sentido. Se lavaron las manos “del socialismo realmente existente” en conjunto, y no aceptaron responsabilidad ninguna de su complicidad en sus crímenes.

Nos preocupa un poco que las actitudes reflejadas en esta falsa inocencia sean animadas por las descripciones que distinguen a las facciones de la izquierda, como en nuestra nueva cuadrícula. Hemos creado categorías de izquierdistas que no son ni totalitarios ni radicales antiamericanos, como si esto absolviera a los que no lo son de sus responsabilidades en las consecuencias de sus acciones cuando trabajan en coalición con radicales que son antiamericanos y totalitarios, y cuando no les rechazan.

La izquierda, en otras palabras, no es un movimiento o perspectiva formado por sus ideales y esperanzas políticas, sino también por sus oposiciones. Puede que los izquierdistas pacifistas de los sesenta se describan a sí mismos como “anarquistas” o como socialistas democráticos, pero el efecto de sus actividades pacifistas era establecer estados policiales brutales en Camboya o Vietnam, que mataron a inocentes en masa.

Una de las conclusiones alcanzadas en Alianza maldita es que el izquierdismo contemporáneo es en gran medida, en realidad, un nihilismo. Desde el derrumbe del socialismo — y en realidad, desde el colapso del monolito comunista internacional tras el Informe Khrushchev — la izquierda no ha tenido una agenda unificada coherente. Se ha estado fraccionando en muchas facciones de protesta, sin remedios comunes para las enfermedades que ven, una izquierda balcanizada por “la política de identidad”. Es una consecuencia del declive de la política de clase marxista, que agrupó todas las agendas radicales según la raza, el género y la etnia, en una fórmula universal de revolución socialista. La eliminación de la propiedad privada y la dictadura del proletariado de la clase trabajadora crearían una hermandad universal de hombres que también resolvería los conflictos sociales serios. Pocos izquierdistas, de haber alguno, se creen este espejismo destructivo aún.

Lo que queda es nihilismo – antiglobalización, antisexismo, antirracismo, anti-homofobia, forman las legiones de la izquierda de nuestro tiempo. En consecuencia, como concluye un artículo reciente acerca de la descentralización de la izquierda, firmado por un académico marxista, “los pilares gemelos” de la unidad izquierdista son hoy su hostilidad a Israel y a Estados Unidos. Es la inspiración negativa que explica la alianza maldita entre radicales americanos e islámicos, a pesar de todas sus diferencias obvias. El enemigo de mi enemigo es mi amigo.

La importancia de lo negativo a la hora de entender la construcción de la izquierda se puede considerar más claramente con respecto a la guerra de Irak. La mayoría de los izquierdistas que no son totalitarios convencidos deploraba el régimen de Saddam. No obstante, actuaban para salvarlo. Pero la vara de medir en política no es cuán buenas sean tus intenciones, sino qué consecuencias tienen tus acciones. La oposición a la guerra, si persiste durante la guerra, y a pesar del hecho de que sea una guerra liberadora, vincula a los críticos izquierdistas de Saddam con los radicales islámicos que le apoyaban. Como Osama bin Laden en persona lo expresó en una fatwa en Al-Jazira TV, momentos antes de que las tropas americanas y británicas entraran en Irak: “Los intereses de los musulmanes y los intereses de los socialistas coinciden en la guerra contra los cruzados”.

En suma, la revisión actual de la cuadrícula de Particulares en DiscoverTheNetwork destaca las intenciones de los izquierdistas, que, como muestra este ejemplo, pueden ser engañosas. En la guerra por la democracia en Oriente Medio hasta ahora, la izquierda – y esto significa la izquierda entera, totalitaria, antiamericana, izquierda a secas o “moderada” – o se ha colocado en el bando incorrecto o ha estado ausente. Contra la liberación de Irak, y por lo tanto contra el establecimiento de democracias en Oriente Medio. Hay algunas excepciones. Christopher Hitchens y Richard Gephardt, ambos calificados como izquierdistas moderados que apoyaron la guerra contra Saddam, y así, la guerra para hacer posibles las elecciones iraquíes. Hubo muchos otros. Pero la mayoría de los izquierdistas – la mayoría del Partido Demócrata — se encontraba en el bando incorrecto de esta batalla. En política, es el bando en el que estás es lo que importa. Por eso es por lo que hasta que no hemos llegado a una cuadrícula que muestra estas disquisiciones relevantes, no hemos considerado necesario eliminar de la base de datos algunos particulares que originalmente habíamos incluido.

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