La deuda externa brasileña alcanzó los 202.500 millones de dólares al cierre de noviembre, según datos divulgados el lunes por el Banco Central de Brasil. Para septiembre, la deuda externa –incluyendo la del gobierno y sector privado– era de 202.200 millones de dólares, indicó el Banco en su reporte de las cuentas nacionales.
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Al mismo tiempo, el Ministerio de Comercio Exterior indicó que el superávit en la balanza comercial alcanzó a 4.220 millones de dólares en lo que va de año.
En el 2004, Brasil alcanzó un superávit comercial récord de 33.700 millones de dólares, con exportaciones promedio de 400 millones de dólares por día. Dirigentes industriales e incluso funcionarios de gobierno han expresado su preocupación en torno a que una reciente valorización del real, la moneda brasileña, estimule las importaciones y afecte las ventas externas. El real alcanzó su mejor nivel frente al dólar en los últimos tres años cotizándose a 2,56 por dólar.
Es una de las más grandes del mundo y equivale a 56% del Producto Interno Bruto. Según analistas financieros, el mayor problema de Brasil no es su deuda externa, sino la interna, cuyo costo está atado a las tasas de depreciación del real o a intereses flotantes. El gobierno, aseguró el ministro ante un grupo de empresarios, tiene certeza de que en los próximos años será posible obtener saldos positivos en las cuentas públicas para asegurar estos pagos. Bajo un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, Brasil está comprometido a obtener un 3,75% de superávit primario anual. Esto significa que deberá generar cada año un ahorro equivalente a unos 20.000 millones de dólares para destinarlo a pagos de intereses de deuda.
En Brasil la deuda creció 11 % en 2004, y alcanzó los 300 mil 730 millones de dólares. Ese aumento se registró pese al brutal esfuerzo del país por obtener un superávit primario superior al pactado con el Fondo, para afrontar el pago de intereses de la deuda. Aunque 2004 fue buen año desde el punto de vista económico, el crecimiento de 5 % del producto bruto de Brasil es muy inferior al porcentaje en que creció la deuda.
Cuando Lula llegó a Planalto, en enero de 2003, la deuda externa de Brasil ascendía a 240 mil millones de dólares. Desde entonces creció 25 %, a pesar de que en 2003 pagó un total de 50 mil millones de dólares por concepto de intereses de la deuda (cinco veces más que el presupuesto de salud, ocho veces más que el de educación y 140 veces más que el gasto en reforma agraria).
Imposible seguirle el paso al ritmo frenético con que crece la deuda de nuestros países. Más graves son aún las distorsiones que imponen dichos pagos. Para mantener la bicicleta en marcha, el país debe pedalear atrayendo capitales que le aseguren ingresos frescos para realizar los pagos. El Banco Central de Brasil acaba de aumentar la tasa básica de intereses por quinta vez desde septiembre de 2004, elevándolos a 18.25 %. En suma, Brasil paga las tasas de interés más altas del mundo (12 % descontando la inflación) para poder pagar una deuda que sigue aumentado, precisamente por las elevadas tasas de interés internas. Peor aún, el pago puntual de la deuda impone un esfuerzo adicional: el aumento de las exportaciones, que supone mayor apertura económica y más vulnerabilidad externa. En 2004 las exportaciones brasileñas fueron las más altas de su historia y el superávit comercial de 33 mil 700 millones de dólares es un dato optimista para el gobierno.
“En más de 55 años el país nunca estuvo tan abierto al mercado mundial como ahora”, asegura Folha de Sao Paulo (16/1/05). El año pasado la suma de exportaciones e importaciones representó 26.6 % del producto interno bruto, mientras la media histórica es de 15.9 %. El crecimiento de la apertura, y con ella de la vulnerabilidad, implica que casi la mitad de las exportaciones brasileñas tienen bajo valor agregado (agricultura y minerales), una “reprimarización” de la estructura productiva que afecta a todos los países de la región. Exportar como sea -consigna del momento para engordar las arcas del Estado- supone, entre otras cosas, una caída de las ventas de productos industriales. Brasil llegó a exportar casi 60 % de manufacturas en 2000, frente a 55 % el año pasado. Los mercados de alto valor agregado son, con mucho, los más estables, los menos vulnerables ante cambios bruscos del mercado internacional.
Una retracción del comercio mundial, previsible en los próximos años como consecuencia de turbulencias vinculadas a la caída del dólar, frenaría en seco la bicicleta brasileña que permite pagar puntualmente la deuda. Esta semana trascendió que Lula está presionando al Banco Central para que frene el aumento de las tasas de interés, como viene reclamando con rara unanimidad la sociedad brasileña, desde los sindicatos hasta los industriales. Tal vez sea demasiado tarde.
Fuente: La Jornada y Finanzas.com
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