Economía y Sociedad, Política

EEUU: la estrategia contra el terrorismo

Desafortunadamente, la respuesta era sí. Sólo después del 11 de Septiembre Estados Unidos hizo acopio de la voluntad para empezar a luchar contra los jihadistas como punto de partida.

Jeff Jacoby
El consenso en la comunidad de Inteligencia es que la guerra de Irak ha empeorado la amenaza procedente de la violencia islámica radical y perjudicado los esfuerzos norteamericanos para combatir el terrorismo. Eso dicen al menos el New York Times (“Agencias de espionaje afirman que la guerra de Irak empeora la amenaza del terrorismo”) y The Washington Post (“Agencias de espionaje afirman que la guerra de Irak perjudica la lucha norteamericana contra el terror”), que daban parte del National Intelligence Estimate más reciente en noticias de portada el domingo. ¿Es cierto?

El NIE era un documento clasificado hasta el martes, cuando el Presidente Bush desclasificó algunas de sus conclusiones. Las noticias del Times y el Post fueron redactadas, según parece, por reporteros que no habían leído el documento que estaban describiendo. Los titulares de los periódicos eran inequívocos, pero las propias noticias nunca citan expresamente el NIE. Simplemente seguían la corriente — e impulsaban la agenda pacifista — de las fuentes anónimas que eligieron éste momento para filtrar información secreta de Inteligencia para fines políticos.

¿Ha minado la guerra de Irak los esfuerzos para derrotar a los jihadistas? Puede que sea el caso, pero las noticias del Times y el Post no llegan a establecer esa tesis. Afirman que los nuevos terroristas están siendo alistados a un ritmo mayor, y que la presencia de América en Irak se ha convertido en una importante herramienta terrorista de reclutamiento. Bien, sí: si usted va a la guerra contra fanáticos en Irak, los fanáticos van a esgrimir Irak como motivo para su guerra. A duras penas eso se reduce a una campaña debilitada contra al-Qaeda y sus cómplices. El Día D o la batalla de Midway provocaron algunos de los combates más feroces de la Segunda Guerra Mundial y acabaron en decenas de miles de bajas adicionales Aliadas. ¿Pero alguien diría que minaron la iniciativa de derrotar a la Alemania Nazi o al Japón Imperial?

Después del 11 de Septiembre, Estados Unidos declaró la guerra al totalitarismo islámico; desde el 2003, esa guerra se ha centrado dramáticamente con diferencia en Irak. Que Irak es por tanto el punto de fuga de la guerra jihadista contra Occidente es racionalmente inmediato. El Presidente Bush ha defendido esa tesis repetidamente, citando las declaraciones de Osama bin Laden de que la guerra en Irak es “el tema más serio hoy para todo el mundo” y terminará en “victoria y gloria o miseria y humillación”. ¿Ha prendido la jihad global la acción militar norteamericana en Irak? Indudablemente. Pero simplemente imagine lo galvanizado que estaría por una retirada norteamericana.

En cualquier caso, los National Intelligence Estimates es mejor cogerlos con pinzas. Como señala Andrew Cochran, del Counterterrorism Blog, el NIE de 1997 acerca del terrorismo global — el último antes de los ataques del 11 de Septiembre — mencionaba a bin Laden sólo de pasada en calidad de “financiero terrorista”, y no hacía ninguna referencia en absoluto a al-Qaeda. El NIE de octubre del 2002, que jugó un papel clave en la decisión de ir a la guerra en Irak, reza textualmente que “Bagdad tiene armamento químico y biológico así como misiles con un radio de alcance que supera las restricciones de la ONU; en caso de no vigilarse, probablemente dispondrá de un arma nuclear a lo largo de esta década”. Las agencias de Inteligencia no son infalibles.

Pero sí sabemos esto seguro: no ha habido ningún ataque terrorista con éxito contra Estados Unidos en años desde el 11 de Septiembre, mientras que los años previos al 11 de Septiembre atestiguaron un acto de terrorismo tras otro, incluyendo el atentado del World Trade Center, la destrucción de las embajadas norteamericanas en África o el ataque contra el USS Cole. Eso sugiere que la administración Bush está haciendo *algo* bien al menos — algo que la administración Clinton, ante cuya vigilancia bin Laden y al-Qaeda lanzaron y escalaron su guerra de terror, no hizo.

¿Podría haberse evitado el 11 de Septiembre? En esencia eso era lo que Chris Wallace planteaba al ex Presidente Bill Clinton durante su ya célebre entrevista en Fox News el domingo: “¿Por qué no hizo usted más por detener a bin Laden y Al Qaeda cuando era presidente?… ¿Por qué no… unió los puntos y no los detuvo?”

De la ferocidad de la respuesta de Clinton se habría dicho que había sido acusado de utilizar sexualmente a una becaria de la Casa Blanca de 22 años. Morado de rabia, acusaba a Wallace de hacer “una estupenda labor conservadora de crítica trapera contra mí”. Se rasgó las vestiduras con que “había trabajado duro por juzgar y matar” a bin Laden, y con que “todos los de derechas” que le critican por hacer muy poco “dedicaron todo el tiempo durante el que yo fui presidente a decir, ´¿por qué está tan obsesionado con bin Laden?´”

Pero la pregunta de Wallace no fue ninguna “labor de crítica trapera”. Y nadie nunca acusó a Clinton de estar demasiado obsesionado con bin Laden. Por el contrario: los ocho años de su presidencia, al igual que los ocho primeros meses de la de Bush, estuvieron marcados por encima de todo por una trágica falta de acción frente a Al Qaeda. El Informe de la Comisión del 11 de Septiembre recoge la exasperada reacción de un funcionario de contraterrorismo del Departamento de Estado ante el rechazo por parte de Clinton a responder el atentado contra el Cole: “¿Tiene Al Qaeda que atacar el Pentágono para llamar su atención?”

Desafortunadamente, la respuesta era sí. Sólo después del 11 de Septiembre Estados Unidos hizo acopio de la voluntad para empezar a luchar contra los jihadistas como punto de partida.

¿Fue Irak el mejor lugar para luchar contra ellos? Existen opiniones defendidas con ahínco en ambos flancos de esa pregunta, y la historia tendrá la última palabra. Lo que sabemos seguro hoy es que estamos en guerra contra un enemigo mortal, uno que tenemos que derrotar o uno por el que tenemos que ser derrotados. ¿Cómo va la guerra contra el terrorismo? Mucho mejor ahora de lo que iba cuando simulábamos que no existía.

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Jeff Jacoby es columnista de The Boston Globe. (http://www.boston.com/news/globe/)

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