Uncategorized

El balance de Zapatero

convengamos en que el reparo al Gobierno no es un ejercicio de deslealtad antipatriota

Mejor sería decir: el balance sobre Zapatero. El de Zapatero ya sabemos que es brillante, hueco, discursivo y gestual. El balance sobre Zapatero es, sin embargo, menos glorioso, banal y pantomímico. Siempre que convengamos, claro está, en que el reparo al Gobierno no es un ejercicio de deslealtad antipatriota, sino una sana práctica democrática, que a lo mejor es mucho convenir.
Zapatero ganó las elecciones generales de 2008 negando una crisis galopante. Le creyó la mayoría de los españoles y comenzó entonces una desquiciada carrera para mantener el poder. Con los peores datos y perspectivas sobre la situación económica ha recorrido el año 2009 soportando las heridas de la impopularidad más superficiales que pudiera imaginarse. Ha podido decir una cosa y la contraria, como ha así ha sucedido a menudo, con el único rechazo contundente de aquellos que nunca le votarían. Ha gastado hasta lo que no tiene para maquillar los demoledores efectos de la crisis, y lo ha conseguido sin recibir la menor contestación social.
 A un precio, todavía incalculable, ha logrado sortear el que hubiera sido el más letal desgaste político: el de perder la confianza del Parlamento. Las encuestas sólo atisban a estas alturas una timidísima decadencia de Zapatero en relación con la incompetencia acreditada para salir de la crisis y el catálogo interminable de errores cometidos.
 Hay que tirar cohetes por formar parte del G-20, cuando Aznar nos puso en el recibidor del G-7. Salimos a la carrera de Irak para volar raudos hacia Afganistán, y aquí soldados y después gloria. Ha conseguido empapar a la opinión pública con el mensaje de qué otra cosa se puede hacer cuando la culpa es de otros y ha trasformado con éxito cualquier crítica de la oposición en un reproche de bellaquería y aprovechamiento político ruin.
Encara el 2010 decretando la recuperación económica desde la última presidencia rotatoria de la Unión Europea, antes de que el todavía desconocido Herman Van Rompuy asuma de forma efectiva todo el protagonismo. Seis meses de alivio oficial y un ya veremos después qué pasa como todo programa de actuación.
En resumen, Zapatero ha desplegado una estrategia  que, incluso a trompicones y altibajos, hay que considerar como un triunfo. Lo peor es que parece que se lo ha creído.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú