Política

El fantasma de la barbarie

El hecho terrorista se presenta como barbarie porque ignora las convenciones establecidas aun en caso de conflicto.

Editorial



La serie de atentados surgida tras el 11S en los Estados Unidos arroja sobre los países desarrollados y aún en vías de desarrollo una amenaza indescifrable hasta el momento. Indescifrable por lo repentino de su acción, por la irracionalidad factual y por la ausencia de toda lógica de confrontación o código de conflicto. Las grandes confrontaciones a las que la humanidad ha sido sometida (fundamentalmente las dos guerras mundiales, pero también las guerras antiguas) constaban de agresores y agredidos perfectamente identificables y sometidos a una lógica de la acción, que en ese caso era la bélica.


 


La acción terrorista tiene la particularidad de transgredir esos principios de identificación bélica. De desintegrar las nociones tradicionales de la confrontación establecidas en la modernidad. No hay ejércitos. No hay fuerzas armadas. Hay en cambio, una impresionante capacidad de agresión basada en prácticas inmolatorias y en el daño civil. El hecho terrorista se presenta como barbarie porque ignora las convenciones establecidas incluso en caso de conflicto. Es barbárico además porque lastima el principio básico de la civilización que es la vida pacífica en comunidad. La altera y produce un síndrome de desconfianza que sólo puede ser percibido por quienes experimentan este fenómeno.


 


Por estas mismas causas, el acto terrorista es espectral. Porque su detección se hace prácticamente imposible en sociedades acostumbradas a recibir inmigración, y a permitir una confluencia de culturas e identidades. Lo que ha diferenciado siempre a las formas avanzadas de civilización ha sido la capacidad de integrar. De albergar en su seno una diversidad de costumbres, creencias y profesiones. El advenimiento de la modernidad ofreció la posibilidad, mediante el desarrollo político, de respetar la diversidad como base de la convivencia. Estos valores, no obstante, fueron recién universalizados (y aún con fuertes matices) sobre el final del siglo pasado.


 


Por ello es que la reacción frente al terrorismo parece inocua. Como si prevaleciese una desorientación producto del impacto recibido en el seno de la sociedad. Las explosiones registradas en Londres (y ahora en Egipto), vuelven a dispersar sobre la población el temor y la amenaza de la irracionalidad. Al confundir los principios esenciales de la libertad y el respeto con síntomas de tristeza y desazón.


 


La opción para el caso no es otra que la del fortalecimiento de los principios de la convivencia, y la erradicación de quienes no toleran vivir en tolerancia. La inteligencia internacional en los próximo años (y el éxito de sus iniciativas) dependerá de la forma en  que estos preceptos sean efectivamente respetados.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú