Política

El final de la política exterior Chiraquista

Está quedando cada vez más claro que las políticas de Chirac en Oriente Medio han sido un fracaso. Tanto Sarkozy como Royal están impacientes por apartarse de las posturas anti-Israel de Chirac y sus relaciones acomodaticias con los iraníes, los palestinos y el mundo árabe.

Joseph Puder
El Presidente saliente Jacques Chirac inició su historia de amor con los dictadores árabes en los años 70, mientras servía como primer ministro. A su debido tiempo desarrolló una relación personal con Saddam Hussein.

El gobierno francés construiría eventualmente una instalación nuclear para los iraquíes en Osirak, cerca de Bagdad y, a su vez, los iraquíes harían considerables donaciones económicas al partido político de Chirac (UMP). Chirac, entusiasmado con el dictador iraquí, se refería a menudo a Saddam como “el De Gaulle de Oriente Medio”.

Chirac también desarrolló una relación personal próxima con Yaser Arafat e invitó al líder terrorista a Francia para recibir atención médica. Chirac fue también el único líder mundial en visitar regularmente a Arafat en su cama del hospital. Sin dejar a ningún dictador atrás, Chirac también mimó al dictador libio Muammer Gadaffi en los años ochenta. Y, el pasado enero, Chirac era citado diciendo que, “la posesión de armas nucleares por parte de Irán no será peligrosa”.

Chirac amenazó con un veto a la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que autorizara el uso de la fuerza militar para privar a Irak de presuntas armas de destrucción masiva, y concentró a otros gobiernos en su postura. “Irak hoy no representa una amenaza inmediata que justifique una guerra inmediata”, decía Chirac el 18 de marzo de 2003. El mismo Chirac no hacía nada por protestar contra el gaseo de kurdos en Halabja, Irak, por parte de Saddam, o el asesinato de miles de kurdos y chi´íes iraquíes. Socios de Chirac estaban implicados íntimamente en el escándalo Petróleo por Alimentos de la ONU.

Un libro reciente titulado Chirac de Arabia: las ilusiones de la política francesa, de Eric Aeschimann y Christophe Boltanski, dos periodistas que escriben para el periódico izquierdista Liberation, concluye que las políticas de Chirac en Oriente Medio, especialmente aquellas pertenecientes al tema palestino israelí, iban mal encaminadas y estaban equivocadas.

Afirman que Chirac ve el tema palestino a través del cristal de Yaser Arafat. Los iraníes, los palestinos, Hezbolá, y virtualmente todos los estados árabes, nunca han tenido un amigo mejor en el Palais delâ Elysees que el Presidente saliente Jacques Chirac. Su cortejo a los dictadores árabes y la causa palestina no conoce parangón. Chirac siguió los pasos de sus predecesores Gaullistas remontándose hasta Charles De Gaulle, reforzando el alineamiento de Francia con dictadores árabes como Yaser Arafat y Saddam Hussein, como contrapeso a la influencia norteamericana en Oriente Medio.

Nicolas Sarkozy, el Ministro del Interior más reciente de Francia, es conocido como “un tipo duro” que adoptó una postura firme contra los jóvenes inmigrantes musulmanes de los disturbios de los banlieues de París. Ha prometido hacer más competitiva la economía francesa, y expresa abiertamente su admiración Estados Unidos. Claramente carece del deje Gaullista de “el dominio anglosajón”.

Sagolene Royal, la primera mujer a la presidencia francesa, derrotó de manera decisiva a sus colegas varones socialistas más experimentados al convertirse en la candidata del partido. Su inexperiencia en asuntos exteriores quedaba en evidencia en varios errores egregios cometidos durante su viaje de abril de 2006 a Oriente Medio. En una reunión en Beirut incluyó a Alí Ammar, un miembro del partido pro-sirio Hezbolá patrocinado por Irán, en una reunión con diputados libaneses, equiparando al Nazismo las incursiones en el sur de Líbano.

“El Nazismo que ha derramado nuestra sangre y usurpado nuestra independencia y nuestra soberanía no es menos perverso que la ocupación Nazi de Francia”, se informó que dijo a Madame Royal. El mismo miembro de Hezbolá acusaba a Estados Unidos de “ilimitada demencia” y llamaba a Israel “la entidad sionista”. Ignorando su primer comentario, Royal respondía, “estoy de acuerdo con usted en un montón de cosas que ha dicho, sobre todo su análisis de los Estados Unidos”. Más tarde añadía que “Israel es un país reconocido”.

A Royal le llevó 24 horas caer en la cuenta de su “concordancia con los comentarios Nazis”, y se disculpaba. En el frente nacional, Royal ha propuesto utilizar fondos públicos, subsidios incluidos, para promover puestos de trabajo y ha prometido incrementar el salario mínimo en un 20%, al tiempo que no explica cómo piensa sufragarlo. Ambos candidatos, debe observarse, han prometido “eliminar lo sobrante”. La presente batalla electoral se centra en cuál de los dos candidatos que restan será capaz de llevarse la mayor parte de los 6,8 millones de votos del centrista Francois Bayrou. Si Sarkozy, que acaparó el 31,2% de los votos en la primera ronda, puede arrastrar al menos la mitad del 18,57% logrado por Bayrou y el 10% del ultraderechista Jean Marie Le Pen, ello le colocaría en la cima.

Royal, con el 25,87% de los votos en la primera ronda del 22 de abril para ganar las elecciones del 6 de mayo, tiene que ganar todos los votos de Francois Bayrou además de la mayoría de los seis candidatos de extrema izquierda con vistas a un total combinado del 10,57% de los votos. Es improbable sin embargo que todo el bloque electoral de Bayrou vaya a Royal. Bayrou, mientras tanto, no ha aprobado a ningún candidato y continúa criticando a ambos.

Está quedando cada vez más claro que las políticas de Chirac en Oriente Medio han sido un fracaso. Tanto Sarkozy como Royal están impacientes por apartarse de las posturas anti-Israel de Chirac y sus relaciones acomodaticias con los iraníes, los palestinos y el mundo árabe. Sarkozy, a pesar de ser un candidato Gaullista, ha adoptado una postura diametralmente opuesta a la de Chirac.

Busca una cooperación más próxima con Estados Unidos en materia de una alianza con el mundo árabe, y prometió a una política francesa más equilibrada hacia Israel. El pasado marzo declaraba, “Los legisladores franceses tienen que ser capaces de decir unas cuantas verdades a nuestros amigos árabes, por ejemplo, que el derecho de Israel a existir y vivir con seguridad a no es negociable, y que el terrorismo es su verdadero enemigo”. Sarkozy dejaba claro que defenderá “la integridad del Líbano” y se coloca en oposición a Hezbolá.

La presidencia interina del socialista Francois Mitterrand, llegada entre los presidentes Gaullistas, redujo tensiones con Estados Unidos. Pero la elección de Chirac en 1995 restauró la ilusión de grandeur Gaullista y la postura antiamericana, que se originó con De Gaulle. Afortunadamente, o bien Sarkozy o Royal restaurarán la cooperación americano-francesa en Oriente Medio. Fue tal cooperación entre Francia y los Estados Unidos lo que forzó la retirada de las fuerzas sirias del Líbano. Una política francesa más equilibrada en el conflicto árabe israelí dará a Francia un papel mayor en la paz en la región y proporcionará una voz occidental más coherente en el Oriente Medio árabe.

Joseph Puder es director de la Interfaith Taskforce y columnista del Evening Bulletin.

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