Hasta el momento, la cúpula de Jordania se ha salvado del destino conocido por otros regímenes, que han caído víctimas de la llamada “Primavera Árabe”.
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Viernes, 15 de mayo 2026

Hasta el momento, la cúpula de Jordania se ha salvado del destino conocido por otros regímenes, que han caído víctimas de la llamada “Primavera Árabe”.
Su majestad, el monarca Abdalá II de Jordania, recibió al Presidente de los Estados Unidos Barack Hussein Obama el viernes, 22 de marzo de 2013, tras la visita de Obama a Israel y los territorios palestinos. Según el Jordan Times (18 de marzo de 2013), el Ministro de Asuntos Públicos y Comunicaciones y el portavoz del gobierno Samih Maaytah manifestaron su esperanza en que la visita de Obama “dé un verdadero impulso al proceso de paz palestino, destacando que una paz justa, viable e integral basada en las resoluciones internacionales es importante para palestinos y para israelíes, así como para la región entera”.
Para Abdalá sin embargo, los problemas en su frontera con Siria representan una preocupación más acuciante. Jordania lleva absorbidos más de 455.000 sirios desde el inicio del conflicto sirio en marzo de 2011, y se espera que la cifra sobrepase el millón antes de que acabe el año. Abdalá espera que la administración Obama imponga una solución política que ponga fin a la crisis en Siria. Al mismo tiempo sin embargo, espera que Estados Unidos eleve su ayuda a Jordania para permitir que el reino aborde los retos económicos planteados por el reciente influjo de sirios y por los refugiados iraquíes antes.
Jordania e Israel comparten una inquietud común en materia de seguridad, el flujo de armamento químico sirio a los terroristas y las consecuencias del caos sirio para sus países. La cuestión de las armas químicas habrá sido planteada sin duda por Abdalá en su encuentro con Obama. En una entrevista con AP, Abdalá señalaba que los factores más preocupantes del conflicto sirio se refieren a la difusión de las armas químicas y la aparición en Siria de un estado yihadista.
Hasta el momento, la cúpula de Jordania se ha salvado del destino conocido por otros regímenes, que han caído víctimas de la llamada “Primavera Árabe”. Entre ellos destaca el egipcio Hosni Mubarak, que estuvo en el poder durante 30 años (1981-2011), el del tunecino Zine al-Abidine Ben Alí, al frente de Túnez durante 24 (1987-2011) y el del libio Muammar Gadafi, que no siendo exactamente prooccidental, administró Libia durante 42 años (1969-2011). El yemení Alí Abdalá Salé es otra baja de la “Primavera Árabe”. Aunque no escapó a la ira de los suyos como Ben Alí ni fue humillado como Mubarak, ni asesinado como Gadafi, Salé tuvo que abandonar el poder y despejar el terreno a su Vicepresidente después de 34 años en el poder (1978-1990 como presidente de Yemen del Norte, y a partir de 1990 como Presidente de Yemen tras la unificación hasta 2012).
Bashar Assad y el rey Abdalá sucedieron a sus progenitores como gobernantes de sus respectivos países (Siria y Jordania) casi al mismo tiempo. Abdalá subió al trono en 1999 y Bashar ocupó la presidencia en el año 2000. De ambos se pensaba que serían jóvenes reformistas, teniendo en cuenta su duradera exposición a la cultura occidental (Assad en Gran Bretaña, y Abdalá en Estados Unidos). Enseguida quedó claro sin embargo que Bashar Assad, (miembro de la minoría alahuita despreciada por la mayoría sunita) volvía a las costumbres represoras de su padre. Los gobernantes hachemitas de Jordania, por otra parte, eran respetados por la mayoría de los jordanos, y sobre todo por las tribus beduinas del East Bank en calidad de descendientes del Profeta Mahoma.
El actual Secretario de Estado de los Estados Unidos John Kerry, y la administración Obama en general, se deshicieron en alabanzas hacia Bashar Assad por ser “un hombre generoso” y un reformista. Pero la trayectoria de Siria en materia de los derechos humanos viene siendo catastrófica, y su economía se estancó mucho antes de comenzar la actual guerra civil.
Aunque tanto Bashar Assad como Abdalá tuvieron que enfrentarse a la amenaza planteada por la Hermandad Musulmana, existen acusadas diferencias en su enfoque, y en sus resultados aparentes. El Assad padre (Hafez) bombardeó el fortín de la Hermandad Musulmana en Hama y mató a 20.000 personas. Bashar, que combatía a la oposición siria (compuesta en su mayoría por miembros de la Hermandad) ha matado a una cifra muy superior, pero ahora se enfrenta a un final incierto. Por contra, Abdalá desplazó a la Hermandad y se hizo con una victoria táctica sobre el reto político más grave a su poder — hacerlo sin disparar un solo tiro.
Antes de los comicios de enero de 2013, a la cámara baja del parlamento, la Hermandad y sus ramas fomentaron el descontento contra la monarquía. El votante jordano ignoró sin embargo el llamamiento al boicot electoral de la Hermandad. El resultado fue la victoria clara de Abdalá. A diferencia de Assad, Abdalá está comprometido con la reforma del sistema político jordano, esperando atraer a los jordano-palestinos, mujeres incluidas. También alienta la creación de partidos políticos democráticos y genuinamente seculares como importantes plataformas del cambio. La elevada participación (56%) en los comicios se acompañó de la promesa de Abdalá de consultar con el parlamento la elección de primer ministro. Los jordanos esperan que esto conduzca a un sistema político más abierto.
En una intervención en el Foro Económico de Davos a mediados de enero, según el New York Times, (30 de enero de 2013), “Abdalá promete dialogar con la Hermandad de Jordania”, insinuando que la Hermandad Musulmana “no es un problema importante, y ocupa la posición más débil entre las ramas de la Hermandad en Oriente Próximo”. Si bien Jordania no se enfrenta a una guerra civil ni a disturbios violentos como los de Egipto con el Presidente de la Hermandad Mohamed Mursi, se enfrenta a un déficit presupuestario que se calcula alcanzará los 3.000 millones de dólares. Esto exigiría medidas de austeridad y subidas de los precios que podrían sembrar el descontento en el reino, con consecuencias inciertas. Además, el flujo de refugiados sirios ha tensado todavía más los limitados recursos de Jordania, y podrían agravar la ya elevada tasa de paro juvenil, que se calcula en torno al 26%.
Clima económico y problemas fronterizos con Siria aparte, el otro motivo de preocupación de Jordania es la incertidumbre en su frontera con Israel. Es una frontera pacífica y productiva se mire por donde se mire, pero Abdalá quiere más. En una entrevista con el periodista Jeffrey Goldberg en el Atlantic (18 de marzo de 2013), Abdalá dice: “No quiero un gobierno que venga y diga: ‘Rechazamos el tratado de paz con Israel´”. “Israel”, escribe Goldberg, “es el aliado más importante de Jordania”. Preguntado si creía que Obama quiere trabajar en un proceso de paz en Oriente Próximo, Abdalá responde: “Ésa es la pregunta del millón”, pero se muestra seguro de que John Kerry sí que quiere. Abdalá dice que solamente un presidente en su segunda legislatura tiene el espacio y la experiencia para supervisar un proceso de paz eficaz. Para Abdalá, la solución de los dos estados sigue siendo la que tiene más posibilidades de éxito.
Está por verse que Obama vaya a poner en práctica lo que escuchó en Jerusalén y Ammán. Para Abdalá II, sin embargo, un incremento de la ayuda norteamericana a Jordania que salve al país de la catástrofe financiera, junto a una iniciativa de paz norteamericana integral basada en una solución de dos estados y la prevención por parte de Estados Unidos de un estado yihadista en Damasco serían las respuestas definitivas a sus deseos.
Joseph Puder es periodista del Philadelphia Bulletin y analista de Oriente Próximo. Entrevistó a Yitzhak Shamir y a Yitzhak Rabin, así como al expresidente Bill Clinton
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