El gobierno del presidente Luiz Inacio Lula da Silva está siendo fuertemente cuestionado en su sistema aéreo tras la muerte de por lo menos 200 personas que ocasionó el choque en tierra de un avión de la aerolínea TAM. Se exige el cierre del aeropuerto
Tras la mayor tragedia
En la jornada del martes un avión de la aerolínea TAM que intentó aterrizar en el aeropuerto de Congonhas en Sao Paulo, no pudo detenerse y se estrelló contra un edificio de la propia TAM y una estación de gasolina, desatando un infierno de llamas y el saldo de por lo menos 200 víctimas fatales.
En menos de un año, esta es la segunda tragedia aérea que debe enfrentar la gestión del presidente Lula. Diez meses atrás, 154 personas murieron al caer un Boeing 737 de la aerolínea Gol en una región amazónica, lo que dio inicio a la crisis aérea que hoy nuevamente cuestiona la ciudadanía brasilera.
En este sentido, las criticas al gobierno no se hicieron esperar: “Lo que explotó en Congonhas no fue apenas el Airbus de TAM y sus más de 200 víctimas, sino la credibilidad del sistema aéreo brasileño. Recomponerla exige la separación inmediata del cargo de todos aquellos implicados en la mala gestión del espacio aéreo brasileño”, expresó Cezar Britto, presidente de la Orden de Abogados de Brasil (OAB).
Por otro lado, la prensa brasilera también se hizo eco de las críticas: “¿Dónde está el presidente… que adora dar discursos?”, se preguntó la analista Lucy Hippolito, de un importante matutino local, resaltando de esta forma que era necesaria una explicación o al menos una declaración del mandatario sobre el terrible accidente y el trabajo de las agencias de aviación civil.
En este marco, el Ministerio Público pidió al tribunal federal de Sao Paulo emitir una prohibición inmediata del uso de la pista del aeropuerto de Congonhas, el más congestionado del país, hasta que se confirmen sus condiciones de seguridad. No quedó claro de inmediato cuándo podría decidir la justicia sobre el pedido de la fiscalía.
Al respecto, el presidente Lula si bien decretó un duelo de 72 horas y suspendió todas sus actividades previstas para la semana, no obstante no hizo declaraciones al respecto ni apareció en público. En este sentido, desde el gobierno fueron escasas las referencias y algunas poco felices para explicar la crisis aérea y este siniestro. El ministro de Defensa, Waldir Pires emitió un comunicado en el cual reclama “mantener la cautela mientras los resultados de las investigaciones no sean concluidos. Lo mejor es mantener la sobriedad y evitar juicios precipitados y alusiones que perjudiquen los trabajos y puedan aumentar la angustia de las personas ya afectadas por la tragedia”.
Por su parte, la ministra de Turismo y ex prefecta (alcaldesa) de Sao Paulo, Martha Suplicy, quien hace unos días había dicho que lo mejor para enfrentar la crisis aérea era “relajarse y gozar”, ayer eligió un simple “sin comentarios” cuando la abordaron los periodistas para conocer su opinión sobre el accidente.
A la fecha, aún nadie se arriesga a exponer las posibles causas del siniestro. El brigadier Jorge Kersul, responsable del Centro de Investigación y Prevención de accidentes Aéreos, recorrió prácticamente todas las hipótesis posibles durante una conferencia de prensa, en la que dijo que bien “pudo haber sido una falla humana, pudo ser culpa de la pista, pudo haber sido estrés o una decisión incorrecta. Tenemos que mantener la mente abierta y eso requiere mayor profundización, sería muy prematuro decirlas (las causas) ahora”.
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