Diario Exterior da cuenta hoy de la citación de la justicia hacia directivos de esa empresa. Destaca que pedirá una descripción del desempeño de cada individuo, prometiendo tomar medidas al respecto. Pues esto es lo que los norteamericanos esperan de su sistema. Que reaccione y empiece a castigar a los culpables. Y no sólo los norteamericanos, sino los ciudadanos del todo el mundo.
El Comentario
El descomunal problema que generó el descontrol financiero a nivel internacional empieza a cobrar responsables. No en referencia al desdichado Madoff, a quien no podría atribuírsele la responsabilidad total –ni siquiera parcial-, sino a los ejecutivos de las grandes compañías que aún en el peor momento esperan cobrar sus primas.
Según el fiscal de Nueva York, el gigante financiero AIG repartió más de 160 millones de dólares (123 millones de euros) entre varios ejecutivos de su filial de productos financieros, que llegaron a percibir en algunos casos sumas “sorprendentemente” elevadas.
Cada uno de los siete mayores bonificados recibieron más de 4 millones de dólares, mientras que entre los diez máximos beneficiarios se repartieron 42 millones de dólares. Asimismo, 22 ejecutivos percibieron más de dos millones de dólares por cabeza, repartiéndose un total de 72 millones.
El gobierno norteamericano obró rápidamente censurando la decisión de AIG y limitando el cobro de esta primas indecorosas. Pidiendo que no se estimule el ánimo enojoso de los ciudadanos, y se actúe con respeto.
Decimos indecoroso porque AIG ha sido una de las empresas que mayores fondos ha recibido de parte del Estado (el denominado rescate) y que más activamente se ha visto implicada en el derrumbe financiero. AIG ha sido parte del problema y no debería estar para fiestas. Por el contrario, sus directivos deberían advertir que podrían dejar de ser impunes.
Obama salió a decir que era ofensivo que mientras los norteamericanos destinaban parte de sus impuestos a revivir el sistema, los ejecutivos se vieran generosamente recompensados. Como si hubiese algo que premiar en el desarrollo de esta espectacular debacle que, entre otras cosas, afecta el desenvolvimiento del empleo.
El ciudadano de a pié se pregunta quién es el responsable. Atribuye culpas a los entes privados. Endilga responsabilidades a los bancos -y hay mucha razón en ello. Pero también a los estados que miraron hacia otro lado mientras la fiesta continuaba. La condena de Obama a la decisión de AIG puede constituir un punto de inflexión en esta desafortunada tendencia derrochadora.
Diario Exterior da cuenta hoy de la citación de la justicia hacia directivos de esa empresa. Y destaca que pedirá una descripción del empleo y desempeño de cada funcionario, prometiendo tomar medidas al respecto. Pues esto es lo que los norteamericanos esperan de su sistema. Que reaccione y empiece a tomar medidas. Y no sólo los norteamericanos, sino los ciudadanos del todo el mundo.
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