La crisis desatada por líder rebelde peruano, Antauro Humala, es una faceta más del aciago gobierno de Alejandro Toledo.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR
Martes, 21 de julio 2026
La crisis desatada por líder rebelde peruano, Antauro Humala, es una faceta más del aciago gobierno de Alejandro Toledo.
editorial
La policía peruana recuperó ayer pacíficamente la comisaría de Lima que se encontraba tomada hace cuatro días por un grupo nacionalista armado que exigía la renuncia del presidente Alejandro Toledo. Lo llamativo es que el líder rebelde peruano, Antauro Humala, salió de la comisaría entre vítores de la población, junto a decenas de rebeldes que dejaron el lugar desarmados, vistiendo sus uniformes militares, y haciendo con la mano una “v” en señal de victoria.
La crisis desatada por Humala causó seis muertos y una decena de heridos graves. La medida de protesta se originó en un supuesto “maltrato a las Fuerzas Armadas y policiales” luego del pase al retiro de varios oficiales, entre ellos su hermano Ollanta. Cabe recordar que este hermano suyo fue el mismo que en el 2000 lideró una rebelión contra el gobierno de Alberto Fujimori y la red de corrupción dirigida por Vladimiro Montesinos, desde un cuartel militar en la ciudad de Tacna.
El levantamiento de este ex militar insurgente en un poblado de la sierra peruana la madrugada del primer día del 2005 arruinó las vacaciones de Toledo, quien se había refugiado en un balneario norteño para despedir otro año más de su horroroso gobierno y olvidar que su popularidad sigue cayendo en picada hasta llegar a un pobre 16% de aceptación.
Por el contrario, la popularidad del insurgente Humala debe estar por las nubes en este momento.¿Estaremos frente a un nuevo adalid de la insurgencia militar latinoamericana? ¿Un próximo Hugo Chávez, Mohamed Seineldín o o Aldo Rico? Es muy pronto para predecirlo pero el dato a tener cuenta es que estos asaltos al Estado de Derecho no suelen ocurrir porque sí. Más aún, están incentivados por gobiernos débiles, corruptos e impopulares y canalizan, en la peor de sus formas, el reclamo popular de justicia y equidad.
Humala en su rebelión mató a seis policías y así todo salió vitoreado por una multitud. Y es que el Perú de Toledo continúa siendo una caricatura tercermundista donde, como ha recordado recientemente The Wall Street Journal, la mitad de la población vive con menos de tres dólares diarios y sin un empleo estable. La incapacidad del líder del partido Perú Posible para tomar decisiones drásticas y oportunas han conducido a su país a un pavoroso estado de somnolencia y parálisis.
Típico mandatario modelo “tercera vía”, Toledo asumió el poder en el 2001 pletórico de buenas intenciones pero ni con la menor idea de cómo llevarlas a cabo. Frívolo, marketinero y dubitativo, los escándalos de corrupción lo acecharon desde el principio de su mandato cuando Álvaro Vargas Llosa denunció que su gobierno negociaba en secreto con el consorcio europeo EADS, sin licitación pública y sin evaluar alternativas, un contrato de mantenimiento y reparación de los aviones MIG-29 adquiridos delictuosamente en tiempos de Fujimori. Esto le costó a Vargas Llosa hijo una persecución política comandada por Toledo digna de las cacerías del infame Vladimiro Montesinos.
Lo más probable, y a riesgo de hacer futurología, es que este episodio sea el comienzo del fin de otra intolerable obra del teatro progresista. Tampoco existen motivos para ser muy optimistas. El candidato que tiene más posibilidades de sucederlo es el impresentable líder de la oposición, Alan García, quien gobernó el país entre 1985 y 1990 dejando al país con una inflación del 7,000%. Hoy, según parece, la desmemoria y el olvido son sus mejores cómplices.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR
// EN PORTADA
// LO MÁS LEÍDO
// MÁS DEL AUTOR/A