El debate ha terminado con la petición de José Luis Rodríguez Zapatero de superar las dificultades de comunicación y unir las fuerzas para sobreponerse a este momento que nos afecta a todos. La oposición reclama autocrítica.
Debate sobre el estado de la Nación en España
Qué duda cabe que el debate del estado de la nación de 2009 es distinto al de otros años.
El Presidente del Gobierno ha tenido siempre de su lado a una buena parte de la oposición, ha recibido el apoyo de los nacionalistas, de los independentistas y de IU, porque otros no hay. El otro grupo parlamentario es el del PP. Tenemos una cámara en la que hay dos grandes partidos con intereses globales, dos partidos que se ocupan y preocupan del interés general y el resto son nacionalistas o independentistas con unos intereses mucho más localizados por el propio sentido de su existencia. Y, además, IU. Y unas veces unos y otras veces otros, siempre han estado cerca del gobierno, porque algo podían sacar para vender en sus respectivas comunidades.
Pero eso se ha acabado. En este debate nadie se ha sumado al Presidente del Gobierno. Todos los grupos se han alejado de él. Por eso este debate, comparado con los anteriores, es singular. Y todos le han criticado con diferente dureza. El PNV no quiere saber nada de los socialistas y CiU tampoco, hasta el punto de denominar su participación como una moción de censura. Y así todos y cada uno. IU, siempre critico, pero con una adhesión inquebrantable, se ha situado fuera del alcance de Zapatero con afirmaciones como la que protagonizó Gaspar Llamazares al finalizar la exposición del Presidente de que no lidera la sociedad y la posterior de que no transmite esperanzas. Rodríguez Zapatero se ha quedado solo en un debate diseñado con la idea de buscar repercusiones en la inminente campaña electoral para las elecciones Europeas, que se plantean en clave nacional, tanto para el PP como para el PSOE.
Antes de empezar del debate había ciertas esperanzas de que hubiese un acuerdo, al menos entre los dos grandes. Pero a medida que ambos líderes exponían sus expectativas, las esperanzas decaían. La decisión del Presidente de retirar las desgravaciones por la compra de vivienda en enero de 2011, justo lo contrario de lo que propone el PP, dibuja un escenario poco proclive para ese acuerdo. Aunque todo es posible. Tampoco parece fácil que se acerquen en una conversación más privada después de las cosas que se dijeron en el debate. “El problema de España es usted”, que le dijo Rajoy a Zapatero o “usted es maestro en perder elecciones” como calificó el presidente al líder de la oposición, no serán fáciles de olvidar, aunque se sienten solos en un despacho. El Presidente del Gobierno, además, cuando contestaba a Durán i Lleida le dijo extrañarse de que, siendo un demócrata convencido, coincida en una opinión con el líder del PP. Frase que, supongo involuntaria, pero que puede tener un gran significado del motivo por el que les resulta tan difícil llegar a acuerdos.
El debate ha dejado una cosa clara, Rodríguez Zapatero coincide con Rajoy en que España necesita cambiar el modelo productivo. La construcción ya no sirve, y no permite mantener el desarrollo económico que necesita el país. Pero no coinciden en la forma de llevarlo a cabo.
El debate ha terminado con la petición del Presidente de superar las dificultades de comunicación y unir las fuerzas para superar este momento que nos afecta a todos. La oposición reclama autocrítica.
Mariano Rajoy presentará una iniciativa, pero avisa que la salida de la crisis necesita un acuerdo entre todos, donde estén los agentes sociales y los grupos políticos.
Ahora todo queda pendiente de las resoluciones que presenten los grupos parlamentarios y que se votarán el próximo día 19.
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