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Javier Milei en Alemania.Imagen: Daniel Bockwoldt/dpa/picture alliance

Javier Milei en Alemania.Imagen: Daniel Bockwoldt/dpa/picture alliance

El tiempo corre

Sentar las bases de una economía ordenada que aliente y favorezca  en un clima de seguridad jurídica,   inversión de capitales,  es indispensable.   No la habrá mientras nuestra economía no de la seguridad de que el capital y las ganancias estén representados en una moneda sin depreciaciones,  que conserve su valor.  Esto exige tiempo,  mucho más del que podemos disponer,   es necesario incrementar nuestras riquezas,  sobre todo  las que más rápido puedan acercarnos a la recuperación. Es patente la importancia  del factor tiempo,  tanto en la solución  como en el camino  a seguir, por ello preocuparon tanto los días perdidos por culpa de un Congreso que no estuvo a la altura de la grave situación.

El temor, ya nada disimulado, es que la presión de la necesidad económica,  cada vez más asfixiante,  y de la social,   cada día  más perturbadora,  lleven  a crear un clima que se conozca en el exterior y  se haga sentir en contra de los intereses nacionales,  dificultando la acción del Gobierno. Es urgente acortar el periodo que necesita todo gobierno para que la gente perciba,  aunque sea en parte,  los beneficios y resultados de las medidas adoptadas. Si se logra, se seguirá  teniendo fe en la dirección y habilidad de quien conduce. El orden, la ley  y el Gobierno legítimamente  constituido,  estarán a salvo,  porque el gran argumento de la  necesidad de la carestía sin corrección,  de la incesante suba de precios,  dejará de ser una amenazante realidad.

A partir de la Ley Bases se va a apartar  del  camino todo lo que obstruya las soluciones de los problemas económicos que a gritos pide el país,   la mayoría  apoya porque quiere elevar su nivel de vida y sabe que solo se logrará mediante la expansión económica. Esperamos que muy pronto el Gobierno anuncie medidas concretas, el tiempo corre.

El Estado se está haciendo a un lado dejando de intervenir en la actividad privada y su capacidad extraordinaria de creación, pero hay que luchar aún contra políticos y burócratas que  alientan sistemáticamente falsos sentimientos. Javier Milei ha sido franco con la ciudadanía: ambiciona dar la lucha asistido por la verdad y lealtad para con los argentinos, frente a la mentira,  el cálculo, y la estrategia,  armas de las que algunos no quieren desprenderse. Anteriormente se utilizó a la gente solo como masa electoral,  sin  profundizar  en la base de sus problemas ni hablarle con sinceridad  acerca de las soluciones. La confianza que ha ganado el Presidente en el extranjero y en nuestro país,  por cierto con altibajos,  como lo ha mostrado esta semana  el dólar y el riesgo país, debería afianzarse,  teniendo  en cuenta que la política del gobierno, corrigiendo algunos errores,  nos  llevará hacia adelante.

La mayoría de  las críticas sobre la desocupación y la recesión no viene escoltada de propuestas viables. La política kirchnerista provocó grandes déficits, fueron financiados mediante emisión monetaria provocando inflación. Se impulsaron empresas y negocios desde el Estado y con ello creación de empleos pero,  no se pudieron mantener sino a base de  subsidios y protección del Estado,  privilegios  financiados con la creación espuria de dinero. Si se seguía esa ruta,   era con hiperinflación,  el Gobierno,  a toda costa,  se esforzó por detenerla cerrando los grifos que la alimentaban.  Ello provocó que varias empresas  dejaran de tener actividad, el saneamiento de la economía tiene costos,  surge  siempre un desfasaje,  es el que estamos viviendo,  no se ha producido todavía la reabsorción. Recesión y desocupación no se deben a Milei y su política sino a los errores cometidos durante muchos años,  de los cuales nadie quiere hacerse responsable.

Luego de las reformas que anuncia el Gobierno, las empresas tendrán que  revisar sus programas de producción demasiado apegados,  todavía,   a la ideología autárquica anterior,   dirigir la mirada hacia las posibilidades del Mercado.  Argentina debe salir de años de una estructura esencialmente socialista con nacionalizaciones, estatismo, burocracia, dirigismo, sindicatos únicos y politizados, intervencionismo, precios políticos, subsidios, controles,  precios máximos, emisión de moneda e inflación tipo avalancha. Pero, también es cierto que el país y la opinión pública requieren soluciones más rápidas y paliativos a la situación delicada actual: quitar impuestos o bajarlos para las inversiones directas es positivo, también la moratoria para que capitales que están en el exterior regresen a la Argentina sin rendir cuentas ni recibir castigos,  pero sin perdonar deudas impositivas y previsionales, sería injusto.

El Gobierno debería tener muy en cuenta a economistas que acercan algunas correcciones,  si se equivoca podemos,  otra vez,  caer en el vacío.  Ninguna recomendación  de gente idónea debe ser desestimada,  si ayuda a ir hacia la excelente elección de la mayoría de los argentinos: un sistema liberal de libre mercado, con estabilidad monetaria,  donde los precios se adecuen al poder adquisitivo disponible, con producción de bienes en aumento y atenuación de la inestable situación mediante excedentes en el Tesoro público. No habrá solución sin un plan de reactivación económica, no se debe perder un minuto más, el país ha sufrido más de lo que debía.

La gente ha sido engañada reiteradamente, explotada  por falsos dirigentes quienes le hicieron sostener una política realmente suicida para el país. El Gobierno ha subido el telón, se están ubicando en el escenario los personajes que  maniobran en su contra.  La campaña debe seguir siendo esclarecedora: mostrar los actos terribles de corrupción, manipulación  y engaño, los cuales están haciendo cambiar la mentalidad de muchos argentinos  trabajada,  durante años,   en beneficio de intereses inconfesables. La Justicia tiene un papel fundamental en el castigo a los culpables, debe cumplir con su deber, sin excepciones.

El Presidente ha tenido el coraje de tirar por la borda años de desastres, es el mejor ejecutor para la actual política;   aunque hay aspectos de su personalidad que no gustan, se tendría que diferenciar este problema  de lo que es la gran transformación que ansía realizar. Desde el llano es fácil creer en panaceas.  Será  imprescindible ayudarlo  en su lucha titánica por la libertad y el sistema civilizado de vida en el que está empeñado: la libertad es indivisible, no podemos ser liberales en política y socialistas en economía. Ojalá,  que la  capacidad para hacerlo traiga anticuerpos a una sociedad enferma y dolorida, también,  que el programa económico no choque con el de las administraciones provinciales para que no frenen con obstáculos el esfuerzo  en la marcha de Argentina, ni se propaguen efectos políticos perturbadores contra el plan de libertad económica, respeto por la propiedad privada,   y eliminación del Estado como fastidioso socio de los trabajadores.

Elena Valero NarváezMiembro de Número de la Academia Argentina de la Historia. Miembro del Instituto de Economía  de la Academia de Ciencias. Morales y Políticas. Premio a la Libertad 2013 (Fundación Atlas). Autora de “El Crepúsculo Argentino” (Ed. Lumiere, 2006).

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