Política

Éramos pocos y Miguel Sebastián dio a luz un nuevo Defensor

En España hay un ejército de “defensores”. A cada paso, en cada esquina, en cualquier actividad y ante el menor contratiempo aparece un “defensor” público o privado dispuesto a darnos amparo y protegernos del abuso y la discriminación. El otrora omnímodo Defensor del Pueblo no da a basto. Él sólo no alcanza a socorrer todas nuestras necesidades y atender nuestras quejas.

Dí que sí

La primera ampliación de defensores se produjo con el Estado de las Autonomías. Todas las Comunidades Autónomas han creado sus valedores territoriales. Pero tampoco ha sido bastante para atender la creciente vulnerabilidad ciudadana por los atropellos y el fraude. Y es que la complejidad de nuestras vidas, de nuestras relaciones y del ejercicio de la ciudadanía multiplica las alarmas y los excesos que requieren más y más tutelas.


 


Por eso han proliferado los “defensores” como si fueran setas. Hay defensor del cliente, de la igualdad, del menor, del pensionista, del lector, del profesor, del alumno, del paciente, del asegurado, del moroso, del discapacitado, del socio, del empresario, del militante, del espectador y del radioyente…Hay casi un defensor “per cápita”.


El Ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián, aprovechando que en el último Consejo de Ministros se aprobaba un Real Decreto-Ley sobre liberalización del sector de la televisión y garantía del pluralismo, sintió la irrefrenable necesidad de añadir a la norma la “creación y puesta en funcionamiento de la Oficina del Defensor del Consumidor de productos energéticos” Se estaba echando en falta.






¿De dónde procede el nuevo Ministro de Justicia?


 


El otro día  era la comidilla en la calle Manzanares. El rumor se extendió de boca en boca durante todo el día como un reguero de pólvora festiva. Se terminaba de confirmar que uno de sus vecinos había sido nombrado Ministro de Justicia. Ese ciudadano barbudo, orondo y discreto, al que recogía de buena mañana un vehículo oficial en su domicilio y hacía la compra personalmente en una pequeña tienda junto a su casa, resultaba ser el sustituto del controvertido Mariano Fernández Bermejo.


 


Todos los que habían reparado alguna vez en él, por su aspecto rollizo y bonachón,  coinciden en destacar la sencillez de trato y el hábito de pasar desapercibido. Parece que esos son, precisamente, atributos que se destacan hoy del nuevo titular de Justicia. Por la noche, un pequeño camión de mudanzas recogía los enseres personales de Francisco Caamaño camino de la remozada vivienda ministerial de la calle San Bernardo, mientras en el barrio se presumía de haber compartido con alguien tan importante.


 



 

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