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Hillel se vuelve post-moderno

El pensamiento posmoderno ha realizado avances masivos a todos los niveles, sin excluir el mundo político judío, en el que las referencias a lo bueno y lo malo o al bien y el mal se han vuelto infrecuentes, reemplazadas por un léxico políticamente correcto

Isi Leibler

El pensamiento posmoderno ha realizado avances masivos a todos los niveles, sin excluir el mundo político judío, en el que las referencias a lo bueno y lo malo o al bien y el mal se han vuelto infrecuentes, reemplazadas por un léxico políticamente correcto. Las recientes controversias que implican a la organización judía universitaria Hillel destacan la tendencia.


 


Apoyada por la comunidad judía para fomentar sus objetivos declarados de reforzar la identidad judía y ayudar a los estudiantes judíos a hacer frente a la agitación universitaria anti israelí y antisemita, Hillel extendió una invitación a Michael Drake, rector de la University of California Irvine (UCI), a dar un discurso en su reciente congregación de líderes judíos en Washington. El campus de la UCI es famoso por sus extendidas alegaciones de humillaciones antisemitas que con frecuencia escalan en violencia física real. La humillación alcanzó el nivel al que el propio director de Hillel se dio obligado a denunciar que “los estudiantes judíos tienen razones para temer por su integridad física“.


 


La junta local de Hillel creó una fuerza de choque para examinar la situación, pero por motivos por conocer aún, la junta de directores se negó a difundir los descubrimientos de su propia división de investigación y retiró el informe.


 


El grupo de estudio decidía continuar como entidad independiente y, un año más tarde, en febrero de 2008, difundía un escandaloso informe condenando a las autoridades universitarias. El informe señalaba al rector Drake por negarse repetidamente a condenar la demonización y la deslegitimación de Israel así como la humillación física de los oradores proisraelíes. El informe llega tan lejos como para aconsejar a los judíos dejar de matricularse en la UCI hasta que las autoridades instituyan cambios tangibles.


 


Los activistas estudiantiles protestaron amargamente por la invitación a Drake. Una delegación reunida con el presidente de Hillel, Wayne Firestone, argumentó que honrar a Drake en un acto de Hillel hace mofa de sus esfuerzos fallidos por persuadirle de condenar a los extremistas. Firestone les refutó, insistiendo en que estaba “orgulloso” de que Hillel cediera el podio al rector, y que consideraba “más constructivo” “dialogar” con personas como Drake en lugar de enfrentarse a ellas, de cara a “construir sensibilidades” en asuntos que son motivo de preocupación judía.


 


Drake sí “rechazó el antisemitismo” en la reunión. Pero permanecía inflexible en que la universidad tiene que conservar “la neutralidad de contenidos” en relación a la agitación anti israelí. Posteriormente, como si estuviera preparado, un buen número de estudiantes judíos, líderes de Hillel y grupos judíos locales — aunque reconociendo que “el antisemitismo verbal” sigue siendo un problema — elogiaban a Drake por condenar el discurso de odio y aprobaban el enfoque de Hillel de “promoción del discurso civil“.


 


Posteriormente encarnizados intercambios evidenciaban divisiones de importancia entre los líderes judíos.


 


Firestone no es ningún novato en asuntos israelíes. Pasó 7 años en Israel, 2 como director de la oficina en Jerusalén de la ADL. Antes de convertirse en Presidente de Hillel participó coordinando actividades pro-Israel en el campus. Pero hizo la sorprendente observación de que “en los campus hay menos hostilidad hacia los judíos que en cualquier parte de la sociedad americana”.


 


En otro comentario, que sin duda va a lamentar en el futuro, Firestone declaraba a la JTA que negaba cualquier relación entre las actividades anti israelíes y el antisemitismo, y afirmaba que juntar los dos en el mismo saco era como “mezclar peras con manzanas”.


 


Ciertamente es desconcertante que un presidente de Hillel manifieste opiniones repudiadas a estas alturas incluso por entidades tales como la Unión Europea o la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, por no mencionar al gobierno de los Estados Unidos.


 


Cualquiera que sean los aciertos o los errores de la debacle de la UCI, no hay ninguna ambigüedad en las de Hillel de Harvard. Allí, Hillel manifiesta su fidelidad “al pluralismo y la libertad de expresión” permitiendo que un puñado de antiguos soldados rebotados del ejército israelí promocionen una exposición ferozmente anti israelí en las instalaciones de Hillel, incluyendo la sala que se utiliza de sinagoga.


 


Titulada Rompiendo el silencio, la exposición comprende 100 arreglos fotográficos que retratan presuntos excesos cometidos por el ejército israelí a los sufrientes palestinos bajo ocupación israelí.


 


La exposición no hace ninguna referencia a las muertes de tantos jóvenes israelíes productos de la reticencia del ejército a explotar su potencia de fuego en un esfuerzo por minimizar las bajas civiles. No se hace ninguna mención a las guerras libradas por Israel por su supervivencia contra enemigos más numerosos que buscan su aniquilación. El terrorismo actual y los misiles lanzados contra civiles israelíes no aparecen mencionados, ni aparece en ninguna parte sugerencia alguna de la venenosa incitación al odio contra los judíos que satura todos los niveles de la sociedad de los palestinos, desde el jardín de infancia.


 


En una carta abierta publicada en Internet, el director de Harvard Hillel Bernie Steinberg justificaba esta grotesca exposición anti israelí con la barroca de excusa de que algunos estudiantes “piensan que humaniza a los soldados, y la gente sale con una opinión más positiva de Israel”.


 


Consciente quizá de la sandez que estaba diciendo, añadía “yo mismo no anticipé esta respuesta, pero está mucho más extendida de lo que habría pensado“.


 


Steinberg también defendía la exposición con la vacía excusa de que Hillel no patrocinaba el acto, poniendo simplemente las instalaciones. Además, afirmaba que si no se hubiera ubicado en las instalaciones de Hillel, se habría dispuesto en una zona más pública, y más estudiantes la habrían visto. Añadía que un soldado israelí había estado presente para proporcionar una imagen más equilibrada.


 


Lo que hace más preocupante este surrealista escenario es el silencio del estamento judío, quizá porque Hillel es considerado sagrado. La única protesta pública procedía de Mort Klein, director de la Organización Sionista de América (ZOA), que la mayor parte del estamento judío considera extremista. La ZOA había expresado previamente su protesta por la invitación a Drake.


 


Steinberg respondía a Klein culpándole de desatar “un torrente de correo de odio” contra los estudiantes — que resultó consistir en cartas enfurecidas de judíos exigiendo a Hillel cancelar la exposición.


 


Para coronar esta insensatez, Steinberg afirmaba que un diplomático israelí, del que no dio el nombre, elogió el enfoque de Hillel con la exposición, diciendo a Steinberg que “la controversia pública entre judíos en América, especialmente cuando implica a soldados israelíes, no hace nada por ayudar a Israel. Nos gusta la manera en que vosotros (Harvard Hillel) trabajáis“.


 


Si “el diplomático” israelí de Steinberg existe de verdad, debería ser identificado y llamado a cuentas inmediatamente.


 


Estos rompecabezas de Hillel vacíos de cualquier contenido reflejan el grado hasta el que el posmodernismo se ha introducido en la agenda judía y borrado las distinciones entre bien y mal. ¿Cómo más se puede explicar que una organización como Hillel esté en la práctica dando su aprobación a una exposición que deshumaniza al ejército israelí? ¿O un presidente de Hillel que insiste en que las actividades anti israelíes y el antisemitismo no guardan relación?


 


Esto no son casos aislados. A menos que sean confrontados vigorosamente, la tóxica combinación de posmodernismo y progresismo simplista nos supondrá más vergonzosos escándalos.

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