Si los palestinos no se reconcilian con la idea de aceptar la soberanía judía en la región, no hay nada más que discutir y no tiene que haber más concesiones.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR
Lunes, 08 de junio 2026

Si los palestinos no se reconcilian con la idea de aceptar la soberanía judía en la región, no hay nada más que discutir y no tiene que haber más concesiones.
Isi Leibler
En la semana previa a Annapolis, el principal negociador de la Autoridad Palestina, Saeb Erekat, soltaba un bombazo al proclamar que “uno de los problemas más acuciantes es la insistencia del régimen sionista en ser reconocido como estado judío… Israel puede llamarse como quiera, pero la Autoridad Palestina nunca reconocerá la identidad judía de Israel”.
Erekat también hacía la barroca observación de que “ningún estado del mundo vincula su identidad nacional a su identidad religiosa”. Pero la constitución de la Autoridad Palestina dictamina que la ley islámica será la base del futuro estado palestino, y la Autoridad Palestina reitera su determinación a garantizar que su territorio permanece “Judenrein”. Erekat tampoco alude al hecho de que 57 naciones están afiliadas a la Conferencia Islámica, muchas de las cuales niegan a cristianos y judíos la libertad de culto. Los comentarios de Erekat fueron aprobados inmediatamente por los demás líderes palestinos relevantes.
En respuesta, el Primer Ministro Ehud Olmert prometía reiteradamente “no celebraremos negociaciones con motivo de nuestra existencia como estado judío… quien quiera que no acepte esto no podrá celebrar ninguna negociación conmigo”.
Pero el comunicado conjunto final en Annapolis omite cualquier referencia a un estado judío, y posteriormente el rais de la Autoridad Palestina Mahmoud Abbás y la Liga Árabe reiteraban firmemente su determinación a no aceptar nunca un estado judío.
Ya en 1922 la Liga de Naciones aludía a “una patria judía” en Palestina. La resolución de partición de la ONU del 29 de noviembre de 1947 alude en 25 ocasiones a “un estado judío”. Tan recientemente como en mayo de 2006, el Presidente George W. Bush expresaba su “firme compromiso con la seguridad de Israel como vibrante estado judío” y en su declaración de Annapolis describía a Israel con “la patria del estado judío”.
La negación árabe de Israel como estado judío descansa en el corazón mismo del conflicto árabe-israelí. Se convierte en la motivación del retrato árabe del derecho judío a la autodeterminación como basado en la guerra y la ocupación en lugar de en la fe y el carácter nacional. Las últimas declaraciones dan fe de que hasta la fecha, este rechazo fundamental palestino al estado judío no ha cambiado ni una coma.
El artículo 20 de la carta nacional palestina afirma textualmente: “Las reclamaciones de vínculos históricos o religiosos de los judíos con Palestina son incompatibles con los datos de la historia y la verdadera concepción de lo que constituye la autodeterminación. El judaísmo es una religión, no nacionalidad independiente. Los judíos tampoco constituyen una nación única con identidad propia”.
Al reforzar su negación de Israel como territorio soberano de los judíos, los palestinos (reforzados ahora por los árabes israelíes radicales) niegan incluso los antiguos vínculos históricos judíos con Jerusalén, llegando a afirmar que el templo judío es un mito sionista inventado para justificar la colonización judía.
Lamentablemente, los arquitectos de Oslo arreglaron de manera chapucera los problemas inherentes a su defectuoso plan de paz no confrontando a los palestinos con el tema clave de aceptar a Israel como patria del pueblo judío.
Posteriormente ignoraron las constantes garantías de Arafat a los árabes de que nunca aceptaría la validez de un estado judío. Fue solamente cuando rechazó la oferta de Ehud Barak de retirarse de manera tácita a las fronteras del 67 que por fin se hizo obvio para la mayor parte de los israelíes que la eliminación de la presencia judía “extranjera” en la región seguía siendo el obstáculo imposible de superar para Arafat.
Hoy, a pesar del bombo y la euforia imperantes durante Annapolis, debemos prestar atención a los toques de atención de Abbás y Erekat que reafirman la determinación inequívoca de la Autoridad Palestina a no aceptar la presencia regional judía. En lugar del doble lenguaje equívoco acostumbrado sobre paz y buena disposición, Abbás y Erekat hablan con la verdad. Sus palabras destacan lo absurdo del mantra de que el conflicto palestino israelí representa una lucha entre dos pueblos que buscan un acomodo territorial.
Al negar una vez más la soberanía judía, también manifiesta que la “moderada” Autoridad Palestina y “el fundamentalista” Hamas siguen siendo harina del mismo granero. También destaca el hecho de que desde que “el moderado” Abbás heredase el manto de Arafat, las posturas fundamentales hacia Israel dentro de la Autoridad Palestina permanecen sin cambios.
El presente empleo palestino del terror y la incitación contra Israel se basa en esta premisa. El odio a los judíos, que son deshumanizados y retratados como cerdos y monos, se inculca desde el parvulario y se extiende a todo el marco religioso, cultural y educativo palestino así como a los medios. La santificación del martirio, medio de alcanzar el Paraíso, sigue en curso, con terroristas suicidas que matan judíos subidos a pedestales como héroes en monumentos y estatuas, y hasta tienen equipos de fútbol bautizados en su honor. Hasta la fecha, nuestro socio de paz Abbás sufraga las pensiones a las familias que “los mártires”. Tanto en la Autoridad Palestina como en el Hamastán, cualquiera que venda tierra a judíos afronta una ejecución sumaria.
Todas estas tácticas se encaminan a socavar la soberanía judía. Así, una vez que “la ocupación” haya finalizado, Jerusalén haya sido dividida, y las fronteras del 67 estén en vigor, la fase final de la ofensiva de los palestinos de desmantelar por etapas Israel promocionará “el derecho de retorno” árabe, diseñado para provocar la disolución del estado judío.
La entidad palestina sería un estado islámico “puro” mientras que Israel, como un estado binacional, sería inundado de “refugiados” palestinos, a ser transformado enseguida en otro dominio islámico.
Lamentablemente esta es la verdadera cara de la Autoridad Palestina a la que el Primer Ministro Olmert está ofreciendo actualmente concesiones sin precedentes sin reciprocidad. Si, y cuando, tengan lugar negociaciones futuras, Israel habrá renunciado ya teóricamente a todo.
También hay implicaciones serias en relación a esta materia dentro de Israel.
Los radicalizados árabes israelíes han formado equipo con los post-sionistas israelíes con el fin de “desjudaizar” Israel y transformar Israel de estado judío a “estado de todos sus ciudadanos”. En su favor, la Ministro de Exteriores Tzipi Livni respondía sugiriendo a los árabes israelíes que sí tan infelices están con su estatus de minoría en un estado judío democrático, un estado palestino adyacente podría constituir la respuesta a sus aspiraciones nacionales. Decía que, “Aquellos que apoyan el establecimiento de un estado palestino como solución nacional para los palestinos no pueden estar en misa y repicando – exigir el establecimiento de un estado así y al mismo tiempo actuar contra la existencia del estado judío”.
El Primer Ministro Olmert advertía recientemente a los israelíes que a menos que se logre una solución de dos estados, Israel “estará acabado”. Con suerte no se estaría refiriendo a que está contemplando la posibilidad de renunciar a su promesa de no negociar con los palestinos si rechazan a Israel como estado judío. Por supuesto, a la luz de sus promesas rotas y sus vaivenes diarios, es difícil dar credibilidad a cualquier cosa que diga nuestro primer ministro.
Sin embargo, si Olmert renuncia a esta promesa, no solamente estaría socavando de manera irreparable la visión sionista de una “patria judía”. También estaría abriendo camino al derecho de retorno árabe. Eso se convertiría en el primer paso hacia realizar su predicción de que “Israel estará acabado”.
El mundo tiene que entender que solamente podemos avanzar si los palestinos reconocen que esta pequeña franja de territorio es nuestra patria judía. Si los palestinos no se reconcilian con la idea de aceptar la soberanía judía en la región, no hay nada más que discutir y no tiene que haber más concesiones.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR
// EN PORTADA
// LO MÁS LEÍDO
// MÁS DEL AUTOR/A