Si al PIB-IndeK le descontamos la inflación real y el aumento de los commodities nos da un crecimiento negativo. Para colmo, el “crecimiento” está concentrado.
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Lunes, 16 de febrero 2026

Si al PIB-IndeK le descontamos la inflación real y el aumento de los commodities nos da un crecimiento negativo. Para colmo, el “crecimiento” está concentrado.
Alejandro Tagliavini
La población mundial alcanzó los 6.666 millones de personas, acaba de anunciar la Oficina del Censo de EE.UU. Mientras que las dos fortunas (basadas en monopolios garantizados por los Estados) más grandes del mundo equivalen al PIB de los 45 países más pobres, la mitad de la población global tiene el 1% de la riqueza mundial. 1.000 millones son ´muy pobres´ y 1.600 millones son ´pobres´.
Discursos ideológicos de lado, India y, en particular, China sacaron a cientos de millones de la pobreza al ritmo de su crecimiento en la medida en que eliminaban la coacción (violencia) estatal sobre las actividades económicas.
Según Global Insight, en 2009 China tendrá el 17% de la producción global de manufacturas (3% hace 20 años), US$ 11,783 billones, terminando con cien años de liderazgo de EE.UU. que aportará 16%. La manufactura es el 17,5% del PB mundial.
El trabajo manual se desplaza de EE.UU. cada vez más concentrado en trabajo intelectual, y servicios. En 2007, la riqueza de EE.UU. era resultado solo en 16% de las compañías fabricantes de objetos. Las empresas más valiosas no son las manufactureras. Google resultó la más cara del mundo en 2006, US$ 66.343 millones.
Sucede que “…lo que el sistema económico produce no son cosas materiales, sino conocimiento inmaterial”, según Frank Tipler. De hecho, el proceso del mercado es, precisamente, la búsqueda de información antes desconocida que permita crear mayor riqueza.
El desarrollo chino sirvió al globo. A la Argentina, con aumento en el precio de los commodities exportables y oferta de productos baratos. Según el BCRA, a junio 2008 la canasta de commodities que exporta el país llegó 104,7% por encima del promedio de 2006. Aunque luego bajó algo.
Siendo que los commodities son el tercio del PIB argentino, implicarían un fuerte crecimiento aun si nada más creciera. Si al PIB-IndeK le descontamos la inflación real y el aumento de los commodities nos da un crecimiento negativo. Para colmo, el “crecimiento” está concentrado. Según el IERAL, entre la industria automotriz, las metálicas básicas y la metalmecánica se explica el 75% del crecimiento industrial.
Argentina tiene un problema de “costo argentino” (altos impuestos, interminable burocracia, etc.) que quieren disimular con un “dólar caro” como si no fuera ya demasiada arbitrariedad unos aranceles aduaneros que perjudican a la mayoría que son consumidores. El sector servicios hoy ocupa al 63,5% de los trabajadores.
Con el dólar anclado en $3, según el índice de The Economist, en julio 2008 un Big Mac en EE.UU. costaba US$ 3,57 y en Argentina US$ 3,64: se terminó la “competitividad”. Al mismo tiempo, los subsidios y controles resultan en algunos precios baratos, y Buenos Aires es una de las ciudades con menor costo de vida del mundo, según Mercer. Subsidios que van principalmente a los ricos.
Presionado por el gasto estatal, que se triplicó entre 2001 y 2008, y la deuda estatal (US$ 144.728,6 M en mayo 2008, contra US$ 144.222 M del final de la Convertibilidad), el IPC no para de subir, provocando una caída general en el consumo del 9%, según CAME, aunque subió entre los más ricos.
Hablando de deuda, con el pago de una tasa del 15,5% en la
nueva emisión de “Boden 2015”, comprados por Chávez, el Estado implicó una tasa de riesgo país del 11,6% (diferencia con la del bono del Tesoro, de 3,94% el 7 de junio) que actúa como piso al financiamiento empresarial.
En 2008, el Estado dilapidará $ 47.000 M en subsidios. Los mayores beneficiarios son los más ricos: los que más consumen energía, transporte, alimentos y demás. Para “balancear” esto, el gobierno autorizó un aumento diferencial, pero resulta que hay ONGs que sirven a los pobres y que consumen más de 650 kw/h bimestrales y, entonces, pagarán el 30% de aumento.
Insólitamente, los recursos se dilapidan. Las AFJP, atadas por tanta coacción estatal, destrozan los ahorros, demostrando que es más sabio dejar el dinero en manos de los trabajadores que obligarlos coactivamente a hacer aportes. Contando la inflación real de 2007, la rentabilidad fue de -8% en promedio y la cosa sigue en caída libre.
Fuente: Fundación Atlas
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