La destrucción de la sagrada mezquita Dorada de Samarra es considerada en Oriente Medio como el 11 de setiembre de los shiítas. Fue, sin duda, un durísimo golpe contra la mayoría shiíta iraquí y un hecho que potencialmente puede lanzar la guerra civil en Irak. En las últimas 24 horas, unas 180 personas han muerto en los enfrentamientos. En el terreno político, los suníes han suspendido las negociaciones para la formación del gobierno. El presidente de los EEUU hace un llamado a la calma.
La destrucción de la mezquita de Samarra es considerada en Oriente Medio como el 11-S de los shiítas
Iraq está viviendo una peligrosa escalada de violencia sectaria. Los actos se han desatado tras la destrucción este miércoles de una mezquita chií en Samarra. Como venganza, más de cien suníes han sido asesinados y un centenar de sus mezquitas han sufrido ataques.
La mezquita tiene una importancia extrema para esta rama del islamismo. Contenía las tumbas de dos de los doce imanes reverenciados por los shiítas: Ali al-Hadi, que murió en el 868 de nuestra era, y su hijo Hassan al-Askari, que murió en el 874 y fue, a su vez, el padre del iman Al-Mahdi, una de las figuras más veneradas por los shiítas que desapareció allí en ese santuario de Samarra y que para los creyentes “es esperado cuando el apocalipsis esté cercano para liberar al mundo del mal”.
Toque de queda y llamado a la calma por parte de los principales autoridades
El Partido Islámico Iraquí, el principal suní, así como la Comisión de Ulemas, máxima autoridad religiosa de esta comunidad han anunciado su boicot a las conversaciones para la formación de un Gobierno liderado por los chiíes de la Alianza Unida Iraquí (AUI).
El Gobierno iraquí ha decidido suspender los permisos de todos los policías y soldados ante la gran tensión que vive el país desde el ataque de este miércoles contra el mausoleo del imán Ali al-Hadi en Samarra, uno de los doce santuarios más sagrados para los chiíes de todo el mundo.
El miedo al conflicto sectario abierto es patente en Iraq, con religiosos de uno y otro lado que se acusan mutuamente del deterioro de la situación.
El presidente Jalal Talabani convocó a líderes de todas las partes a una cumbre después de que el ataque provocara más indignación entre la mayoría chií que la causada por los miles de asesinatos perpetrados por extremistas suníes desde que las fuerzas estadounidenses derrocaran al Gobierno de dominio suní de Sadam hace tres años.
El presidente de Estados Unidos, George Bush, cuyos diplomáticos y comandantes militares están presionando a los líderes chiíes para que acepten a los suníes en un gobierno de unidad nacional después de que participaran en las elecciones de diciembre, instó a los iraquíes a no picar el anzuelo de lo que responsables estadounidenses e iraquíes calificaron de un intento de Al Qaeda por promover una lucha civil.
“La violencia sólo contribuiría a lo que los terroristas quieren lograr”, dijo en un comunicado, mientras 130.000 soldados estadounidenses ayudaban a las nuevas fuerzas de seguridad iraquíes a mantener el orden.
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