Debemos señalar que ante la pregunta que nos formulamos al principio serían válidas diversas respuestas. La estabilidad de Oriente Próximo es clave para Occidente. Israel es foco de tensión y punto de mira de la mayoría de los Estados que lo rodean. Tomando como referencia a Washington y Tel Aviv, la amenaza podría extenderse a la UE e incluso provocar nuevas desavenencias dentro del eje trasatlántico.
Un Irán con armamento nuclear sería una enorme amenaza para la seguridad regional e internacional
En 2003 fue descubierto el programa nuclear clandestino iraní y Teherán inició una carrera diplomática para no paralizar dicho programa. Posteriormente se demostró que incluso compró componentes nucleares en el mercado negro y actualmente se cree que podría llegar a disponer de la tecnología necesaria para construir una bomba nuclear en los próximos tres años. Probablemente, si culmina su fabricación, podría provocarse una carrera armamentística nuclear en la zona. Tanto Turquía como Arabia Saudí verían con buenos ojos iniciar su propio programa nuclear si EEUU no demuestra una determinación firme en frenar los propósitos nucleares iraníes puesto que el último paquete de medidas que propone la UE parece ser insuficiente.
Ni las actuaciones, ni la presente posición política y propagandística de Irán son trasparentes ni alentadoras. Teherán mantiene relaciones con centros de poder terroristas en Afganistán e Iraq, en un doble juego, y no es del todo incoherente que llegue a influir de forma negativa en ambos países tanto a corto como a largo plazo. Ciertamente, la adquisición de armas nucleares por parte de Irán podría animar a su agresivo liderazgo conservador a intimidar a sus países vecinos, como ya ha hecho con Israel, neutralizar diplomáticamente a la UE y respaldar al terrorismo en contra de los intereses norteamericanos y hebreos por todo el mundo. Un futuro Irán nuclear se encontraría en la posición única de poder bloquear el acceso a través del Golfo Pérsico, un enclave vital desde el punto de vista estratégico para el comercio del petróleo que cruza a diario el estrecho de Ormuz.
Tanto por la situación geoestratégica que ocupa en Oriente Próximo como por su posición geopolítica, Irán tiene importantes repercusiones para la región en su conjunto así como para los intereses de la Administración Bush en ella. Por tanto, desde la perspectiva de EEUU, un Irán con armamento nuclear sería una enorme amenaza para la seguridad regional e internacional. A nivel de ejércitos no es si cabe tan preocupante ya que el iraní es muy similar al iraquí. Posee una flota aérea obsoleta y escasa en cuanto a potencial de fuego y número. El ejército de tierra es muy numeroso pero no se sabe hasta que punto efectivo y cohesionado, aunque si podría serlo en cuanto a una invasión terrestre se refiere.
Actualmente, en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas las posturas sobre la cuestión iraní están divididas. China y Rusia optan por una vía conciliadora mientras que se están barajando sanciones por parte de EEUU o incluso el establecimiento de un escudo antimisiles en Europa para prevenir posibles ataques. En cuanto a las posibles acciones militares contra Irán debemos tener en cuenta que si la diplomacia de la UE no culmina con éxito su intento de solventar la actual situación, parece inevitable un estallido entre Washington y Teherán. A pesar de ello existe otra variable estratégica, es decir, congelar dicha acción bélica hasta oxigenar la presencia militar estadounidense en el mundo. Una intervención militar inmediata de los EEUU parece improbable debido a que tras Afganistán e Iraq soportar el peso de un nuevo despliegue a gran escala sobre el territorio persa sería un desgaste material, humano y económico difícil de soportar.
Para finalizar este breve análisis, debemos señalar que ante la pregunta que nos formulamos al principio serían válidas diversas respuestas. La estabilidad de Oriente Próximo es clave para Occidente. Israel es foco de tensión y punto de mira de la mayoría de los Estados que lo rodean. Tomando como referencia a Washington y Tel Aviv, la amenaza podría extenderse a la UE e incluso provocar nuevas desavenencias dentro del eje trasatlántico. Junto a todo ello no debemos olvidar que Irán es el segundo mayor productor de petróleo de la OPEC y una crisis podría sin duda desestabilizar el mercado del crudo a nivel mundial, por tanto se podría concluir afirmando que si es una “posible amenaza” para Occidente. Lo sería doblemente, por un lado siendo proveedor y fabricante de armas nucleares y por otro como principal productor de crudo. Asimismo la postura desafiante que mantiene es una amenaza en si misma para el país ya que la inversión extranjera podría desviarse en busca de mercados financieros más estables y seguros.
Francisco Alcaraz Albero Doctor en Historia y ex Asesor del Ministerio de Asuntos Exteriores.
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