En el inicio ayer en Kobe, Japón, la Conferencia Internacional sobre Reducción de Desastres, la ONU insistió en la urgencia de crear una red de alerta temprana de maremotos que incluya una estrategia para capacitar a la población de los países en desarrollo para afrontar los siniestros.
ACCIONES DE LA ONU
En su discurso que el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan,
ofreció como inauguración, dijo que la respuesta global a los damnificados por
el tsunami que afectó al Océano Índico no tiene precedentes en la historia, pero
enfatizó la necesidad de realizar un esfuerzo para evitar catástrofes como la
que vivieron los once países afectados.
Annan recordó que en la última
década aumentó en 50% el número de desastres naturales con respecto a la década
anterior, por lo que reiteró la importancia de estar preparados para reaccionar
a tiempo.
Además, Annan destacó que “la generosidad y el apoyo de la
comunidad internacional a los países afectados por el maremoto del 26 de
diciembre han sentado un nuevo parámetro para las situaciones de desastre, pero
es necesario que esta reacción inmediata de respaldo se prolongue durante la
etapa de reconstrucción”.
Desafíos
Al dirigirse al pleno durante la sesión
sobre asistencia de emergencia de las Naciones Unidas en casos de siniestro, el
Secretario General recordó que los desafíos a futuro de los Estados damnificados
son considerables.
“Sabemos por experiencia que los pobres siempre
sufren los peores daños por desastres naturales ya que todas sus pertenencias y
medios de subsistencia desaparecen”, dijo.
“Por ello, necesitamos
enfocarnos en la recuperación y reconstrucción a largo plazo, y asegurarnos de
que, de ahora en adelante, no haya brechas en los esfuerzos de recaudación de
fondos”, puntualizó Annan.
Visita
reciente
Explicó que en su visita a los países afectados comprobó
la desolación, el sufrimiento y las enormes carencias de la población. Recordó
que, además de los 160.000 muertos contabilizados hasta ahora, se reportan
27.000 desaparecidos, más de un millón de desplazados y un millón de
desamparados. Todo esto sumado a la destrucción de la infraestructura de
transporte, educación y salud.
Ante este panorama, destacó la rápida
respuesta mundial y el trabajo humanitario de los diversos organismos de la ONU.
Asimismo, el Secretario General indicó que las promesas formales de
ayuda financiera, provenientes de más de 60 países, ascienden a 739 millones de
dólares, lo que equivale a más del 75% de los fondos solicitados por la
Organización para asistir a los países siniestrados. “Espero que estas promesas
se concreten lo más pronto posible”, concluyó Annan.
Seguridad en los pueblos
En la ceremonia,
presidida por los emperadores de Japón, participó también el Coordinador de
Asuntos Humanitarios de la ONU, Jan Egeland, quien recordó que “no se puede
perder más tiempo para hacer más seguros a los pueblos, ya que los terremotos,
tsunamis y otras catástrofes se cobran la vida de decenas de millones de
personas cada año”.
“La reducción de riesgos de desastre no es un costo
adicional, sino una inversión esencial en nuestro futuro común. Hay costos que
debemos asumir hoy para obtener mejores resultados mañana”, apuntó.
Egeland insistió además en la obligación, tanto económica como moral, de
colaborar en la detección temprana de los desastres meteorológicos tanto en
zonas con riesgo sísmico como en cualquier área costera, sobre todo en las áreas
con menos infraestructura, que son las más afectadas.
El funcionario
sostuvo que los esfuerzos para reducir los efectos de los siniestros no son sólo
una oportunidad y una inversión, sino un imperativo moral.
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