La defensa del alarmismo del calentamiento global se funde más rápido que aquellos míticos glaciares del Himalaya que iban a desaparecer, pero Al Gore no va a apearse del burro.
En un largo artículo de opinión para The New York Times el otro día, Gore maneja con destreza la retórica apocalíptica por la que siempre ha tenido debilidad. Los seres humanos, advertía, “se enfrentan a una calamidad inimaginable que requiere de medidas preventivas a gran escala para proteger la civilización humana tal como la conocemos”. Su ensayo de 1.900 palabras no hace ninguna mención a su interés financiero en la promoción de tales medidas – Gore ha invertido fuertemente en los mercados de compensación de emisiones, en los vehículos eléctricos y en otros proyectos que se benefician generosamente de las legislaciones que frenan el uso de combustibles fósiles, y se informa que va camino de convertirse en “el primer multimillonario de las emisiones” del mundo. Sin embargo, sí menciona “la contaminación que provoca el calentamiento global” no menos de cuatro veces, afirmando que “nuestros nietos nos verán un día como una generación de delincuentes” si no actuamos con decisión para reducirla.
Por “contaminación que provoca el calentamiento global”, Gore se refiere al dióxido de carbono (CO2), que es un “contaminante” en la misma medida más o menos que el oxígeno y el agua: la existencia humana sería imposible sin ellos. El CO2es esencial para la fotosíntesis, el proceso que sustenta la vida vegetal y genera el oxígeno que respiran los seres humanos y animales. Lejos de contaminar el mundo, el dióxido de carbono lo enriquece. Los niveles elevados de CO2se asocian con mayores rendimientos de las cosechas, aumento del crecimiento de los bosques y temporadas de cosecha más largas – en resumen, un planeta más verde. Un estudio publicado en Science en diciembre sugiere que concentraciones elevadas de CO2pueden hasta ayudar a prevenir la pérdida de biodiversidad.
Por supuesto el dióxido de carbono también contribuye al efecto invernadero que conserva la tierra cálida. Pero la gran mayoría del CO2atmosféricose libera naturalmente y no está nada claro que el dióxido de carbono aportado por la actividad humana tenga un impacto significativo sobre el clima del mundo.
Por otra parte, es evidente que la actividad económica y agrícola responsable del CO2antropogénico ha sido enormemente benéfica para miles de hombres, mujeres y niños. En apenas las dos últimas décadas, la esperanza de vida en las naciones en desarrollo ha aumentado considerablemente y la mortalidad infantil ha disminuido. La producción de alimento per cápita se ha disparado. Cientos de millones de ciudadanos hindúes y chinos han salido de la pobreza. Al margen de lo que se diga del dióxido de carbono, ha ayudado a hacer posible un incremento dramático de la calidad de vida de muchos.
Gore parece igualmente no tener problemas con el Climategate, el escándalo que involucra a investigadores de la Unidad de Investigación del Clima de la Universidad de East Anglia, que al parecer conspiraron para manipular los datos de temperaturas, impedir que sus críticos fueran publicados en revistas especializadas, y destruir datos y cálculos con la finalidad de impedir que los escépticos del cambio climático pudieran cotejarlos.
Tanto los errores del Panel Intergubernamental como el escándalo de la Unidad de Investigación del Clima han salpicado a investigaciones importantes y los sondeos de opinión muestran una caída drástica del porcentaje de la población que considera el calentamiento global motivo de grave preocupación o bien que los científicos coinciden en la cuestión. Pero contra todas las pruebas, Gore insiste en que “el abrumador consenso del calentamiento global se mantiene sin cambios”.
Para los alarmistas del clima como Gore, todo lo que sucede avala sus ideas. Durante años defendieron que el calentamiento global se traduciría en una disminución de la capa de nieve y temporadas de esquí más cortas.“Los niños simplemente no van a saber lo que es la nieve”, se lamentaba ante la prensa en el 2000 un científico del clima. El propio Panel Intergubernamental del Cambio Climático fue claro en que el cambio climático está dando lugar a más lluvia y menos nieve. Había vivas reproducciones de nieve y hielo fundiéndose en la película de Gore,Una verdad incómoda.
Sin desanimarse, Gore afirma ahora que las tormentas de nieve que azotan el noreste las últimas semanas sontambiénprueba del calentamiento global.”El cambio climático hace las tormentas de nieve más frecuentes e importantes”, anunciaba este último mes en su blog.
Gore es un verdadero líder de secta; su hipérbole climática no es tanto cuestión de ciencia como de fe. En términos casi mesiánicos, insta al Congreso a limitar drásticamente el acceso de los estadounidenses a la energía. “Lo que está en juego”, escribe en su ensayo del New York Times, “es nuestra capacidad de utilizar el estado de derecho como instrumento de redención humana”.
Pero mientras Gore ora por la redención a través de la coacción del gobierno, los bancos de la Iglesia de la Catástrofe Climática se vacían paulatinamente. El sentido común de los ciudadanos escépticos es bastante robusto al parecer. Al igual que los glaciares del Himalaya.
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