El pasado 1 de julio Francia asumía la Presidencia de la Unión Europea. El contexto no era especialmente favorable tras el NO irlandés del pasado 13 de junio. Pese a ello, el Presidente francés Nicolás Sarkozy presentaba una agenda que más allá de ser ambiciosa, rezumaba optimismo.
Editorial
Evidentemente todavía es pronto para valorar los resultados de la gestión francesa. Nuestro objetivo es poner una nota de realismo acerca del panorama que tiene ante sí el dirigente francés.
La ratificación irlandesa a va ser complicada y Sarkozy ya ha reiterado que hasta que no se produzca, otros temas de vital importancia, como los procesos de ampliación hacia los Balcanes, quedarán paralizados.
Este aspecto es fundamental puesto que si por un lado no se va a renegociar el Tratado de Lisboa, ¿qué se va a ofrecer a los irlandeses? El temor es que el gobierno de Dublín pueda ratificar un “tratado a la carta” que dé lugar a una Europa de dos velocidades, lo que no sería una novedad en el discurrir del proceso de integración europea, especialmente desde Maastricht.
Polonia o la República Checa ya se han mostrado como malos compañeros de viaje del Presidente francés y sus dudas a la hora de ratificar lo firmado, aumentan incertidumbres de la Unión Europea. La crítica que hacen del Tratado tiene mucho que ver con la que llevan a cabo las elites intelectuales: nadie sabe qué aporta y mucho menos se ha explicado en qué mejora la vida de los ciudadanos.
¿Qué decir del megaproyecto de Unión del Mediterráneo ideado por Sarkozy? Para empezar que es una versión light del que tenía en mente el dirigente del Elíseo. En un principio quería circunscribirlo única y exclusivamente a los países ribereños…pero financiado por la Comisión. La reacción alemana no se hizo esperar y ahora los 27 toman parte en el mismo.
¿Qué opinan en la otra orilla del Mediterráneo? Escepticismo y cuando no, oposición. Una de las voces autorizadas y de mayor peso como la de Gadaffi, ya ha dicho que no acudirá a la reunión del 13 de julio, pues no ve una utilidad inmediata y prefiere el diálogo de la UE con organizaciones como la Liga Árabe o la Unión Africana.
El quórum alcanzado en materia de inmigración, aunque con el cambio conceptual y terminológico de “contrato” por “pacto”, hacen albergar ilusiones al ejecutivo francés; aún así, deberá de hacer frente a una oleada de críticas y de voces opositoras procedentes no sólo de un sector de la izquierda europea sino también de los dirigentes latinoamericanos.
Un semestre apasionante se ha iniciado. Sarkozy, cuando menos mediáticamente, va a ser el gran abanderado del proyecto europeo. Ambición no le falta pero sería bueno que el realismo presidiera sus acciones y sobre todo el slogan, tan habitual en aquellos denominados euroescépticos, de que la UE debe hacer menos cosas…pero mejor.
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