Incertidumbre, amenazas, rumores de golpe de Estado es el ambiente que rodea al referendo que definirá la suerte de las reservas de hidrocarburos bolivianos.
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Miércoles, 11 de marzo 2026
Incertidumbre, amenazas, rumores de golpe de Estado es el ambiente que rodea al referendo que definirá la suerte de las reservas de hidrocarburos bolivianos.
LA OEA vigilará el referendo el domingo
Mientras el gobierno y las Fuerzas Armadas desmentían los rumores sobre un
posible golpe de Estado, la misión de la Organización de Estados Americanos
(OEA) y el operativo conjunto entre militares y policías para tratar de evitar
el anunciado boicot a la consulta popular comenzaron a funcionar.
La OEA
fiscalizará el acto en las urnas y las fuerzas del orden buscarán evitar
cualquier tipo de sabotaje como el prometido por las organizaciones indígenas
que lideran el diputado Felipe Quispe y la Central Obrera Boliviana (COB). En
tanto, el presidente Mesa envió a varios de sus ministros y secretarios a
diversos puntos del país para tratar de desactivar los conflictos iniciados en
los últimos días. Una misión gubernamental logró que los pobladores de la ciudad
de Santa Rosa del Sara, al este de La Paz, permitieran que se reestablezca el
fluido de gas hacia Argentina, después de que cerraran la válvula de transmisión
a un gasoducto argentino.
Otra misión con funcionarios del gobierno
negociaba anoche con una comunidad de indígenas guaraníes en las cercanías de
Santa Cruz de la Sierra (capital económica del país) que mantenían cerrada la
carretera que une a esa metrópoli con la localidad petrolera de Camiri. Mientras
recibe el apoyo de Brasil y de Argentina a su política de hidrocarburos, Mesa
aseguró que “60 por ciento de los bolivianos votarán a favor de permitir la
inversión extranjera en el sector energético, para que después Bolivia se
convierta en un interlocutor económico en materia energética”.
En una
entrevista con el periódico económico brasileño Valor , el jefe de Estado, quien
el domingo se juega también su permanencia en el cargo hasta el 2007, sostuvo
que la consulta “no se refiere solamente al destino del gobierno, sino al del
país. Por eso sé perfectamente que es una apuesta arriesgada. Pero es
indispensable, porque estamos frenados por este asunto, y es preciso resolverlo,
aun asumiendo riesgos”.
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