Washington ha señalado a Irán como una nación que patrocina el terrorismo, eso sin hacer profunda referencia a las faltas de libertades individuales en el país. El pulso entre la Casa Blanca y el Kremlin sobre el tema iraní ha sido de varias administraciones, pero ahora la urgencia es mayor.
Alvaro Alba
Bratislava es una pequeña ciudad del centro de Europa, que por esos destinos de la política en Europa Central fue durante el siglo pasado austro-húngara, húngara, checoslovaca y ahora eslovaca. Muchos de sus residentes hablan alemán, húngaro, checo y eslovaco con naturalidad, sin precisar cual es exactamente el idioma materno.
Hasta esa bella ciudad viajaron los presidentes de Estados Unidos y la Federación Rusa, George W. Bush y Vladimir Putin, para analizar temas comunes, esta vez en territorio neutral, un país eslavo donde impera ahora la democracia, miembro de la Unión Europea y la de la OTAN.
La lucha contra el terrorismo une a Moscú y Washington como nunca antes. No hay mayor coincidencia de criterios en la agenda común. También el tema de Corea del Norte une a ambas naciones. No desean que el fracaso de las negociaciones de Pekín, donde China, Corea del Sur, Japón, Corea del Norte, Estados Unidos y Rusia buscan una salida negociable y pacifica al problema de las armas nucleares que el régimen comunista de Pyongyang posee. Washington ha protestado y expuesto en foros internacionales, así como en el reciente informe sobre Derechos Humanos las atrocidades del personal policía en Rusia, donde la tortura, violación y demás atrocidades no son ajenas.
En Chechenia, tanto los militares rusos como los rebeldes chechenos no son respetuosos con la vida ajena. Todo esto se trató en la Cumbre, pero hay un punto que requiere mayor atención y es el relacionado con Irán y la entrega de tecnología nuclear que los rusos hacen a Teherán. No son pocos en el mundo los que advierten que esa cooperación entre rusos e iraníes puede llevar a estos últimos a desarrollar armas atómicas. Moscú lleva casi una década entregando tecnología, creando personal técnico iraní, transfiriendo conocimientos, asesorando y construyendo una planta nuclear en Bushehr, que a todas luces, tiene lo necesario para en breve pasar al selecto club de países poseedores de armamento nuclear.
Washington ha señalado a Irán como una nación que patrocina el terrorismo, eso sin hacer profunda referencia a las faltas de libertades individuales en el país. El pulso entre la Casa Blanca y el Kremlin sobre el tema iraní ha sido de varias administraciones, pero ahora la urgencia es mayor. Al parecer el lenguaje común predominó en la reunión aunque muchos prefirieron que Washington hubiera sido más exigente con su socio ruso. Unas horas después que la reunión finalizara aparece en la capital iraní el jefe de la Agencia de Energía Atómica de Rusia, Alexander Rumiantsev, quien rubrica un acuerdo con su contraparte en ese país, para entregar ya tan cerca como en el 2006, combustible nuclear, barras de uranio y enriquecerlo en las plantas iraníes, aunque retornan a Rusia en el plazo de diez años, una vez que sea utilizado, lo que hace el ciclo de fabricación de cualquier programa nuclear, dicen los rusos.
Las autoridades de Moscú también afirman que la devolución del material usado a Rusia estaría supervisado por el Organismo Internacional de Energía Atómica. Precisamente su presidente, Mohamed ElBaradei, hizo unas declaraciones con relación a que Irán debía mayores explicaciones a los inspectores de ese organismo internacional que investigan el programa nuclear iraní. Aunque Irán es el segundo país productor de petróleo de la OPEC, esa insistencia en usar la energía atómica ha levantado las sospechas no ya sólo de Washington, sino de muchas naciones en el Viejo Continente y de los vecinos que desean, al menos, que se abran las puertas de los laboratorios, para observar, como se hizo en Libia, que no hay peligro en ellos.
Si tomamos en cuenta que Teherán desea aprovecharse de nuevos contratos con la Unión Europea en materia de telecomunicaciones, venta de aviones, e inclusive una membresía en la Organización Mundial del Comercio, entonces es necesario que abra sus laboratorios y suspenda todo programa nocivo. Por su parte Moscú debe de ser más exigente con los iraníes, y no caer en el papel que desempeñaron con el régimen de Sadam Hussein donde, por unos contratos de petróleos, quedaron en la historia al lado del déspota, defendiendo, en nombre de los intereses económicos de Rusia y justificando las atrocidades del dictador iraquí.
Ya varios senadores estadounidenses, entre ellos el republicano John McCain, pidió la exclusión de Rusia del G-8, hasta que las autoridades rusas no se comporten como verdaderos lideres de una nación occidental. Es hora de que Occidente vea con horror esos desatinos de Moscú, pues el uranio enriquecido, que debe ser devuelto a Rusia, puede muy bien caer en las manos equivocadas, por una suma de dinero que cualquier terrorista (Bin Laden no carece de recursos monetarios) estaría dispuesto a ofrecer. El peligro proviene de Irán y de Rusia que se presta a cooperar con un régimen de esas características.
Fuente: Diario de las Américas
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