“La guerra contra el terrorismo y el esfuerzo por llevar la reforma democrática a Oriente Medio es la empresa más importante en la que América está implicada”, dice James Taranto, el editor del OpinionJournal.com de WSJ, que reconoció antes que nadie la importancia del trabajo de Chrenkoff. “Pero no tienes la sensación de que los grandes medios aprecien esto. Tienes la sensación de que se decantan porque América pierda — o al menos no les molestaría que América perdiese”.
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El primer plazo aparecía 19 de mayo de 2004. Titulado “Buenas noticias desde Irak — apuesto a que no se esperaba que hubiera alguna”, ofrecía un descanso de la triste letanía de violencia insurgente, escándalo de presos de Abú Ghraib y bajas de la coalición en las que los principales medios que cubren la guerra tienden a cebarse. En Irak, proclamaba, había buenas noticias de las que alegrarse: las elecciones democráticas de los comicios locales de la provincia de Dhi Qar. La publicación de 51 millones de nuevos libros de texto libres de Baaz para los escolares iraquíes. La fuga de cerebros a la inversa que llevaba a miles de iraquíes expatriados con educación de vuelta a su patria a enseñar. El revival de la música kurda, suprimida durante mucho tiempo por Saddam. La reinundación de las marismas del sur. La decepcionante victoria futbolística 3 a 1 sobre Arabia Saudí que significaba que Irak iba a las Olimpiadas. Y más.
El autor era Arthur Chrenkoff, un australiano de 32 años de edad con talento para la investigación que había iniciado un blog — chrenkoff.blogspot.com — seis semanas antes. Cansado del trompeteo de malas noticias que salen de Irak, comenzó a excavar en busca de algunas noticias buenas. Descubrió que había un montón — animando el desarrollo que era descrito de una manera u otra, pero que raramente acaparaba la atención del modo en que lo hacían los relatos negativos.
Chrenkoff llevaba algún tiempo pensando en esto. El 3 de abril del 2004, cuando su blog tenía apenas unos días, insertó una entrada acerca de “Lo que ocurre realmente en Irak” que enumeraba un puñado de cosas que iban bien. Pero se mantuvo breve. “No le aburriré con una letanía de buenas noticias”, escribía. Las buenas noticias acerca de la guerra, iba a descubrir, no aburrían a los lectores. Su entrada del 19 de mayo, que ocupaba tres páginas a espacio simple una vez impresa, obtuvo una respuesta fenomenal, alentada por menciones favorables en algunos de los blogs más leídos y mejor conocidos — Instapundit.com, NationalReview.com y el “Best of the Web Today” de OpinionJournal.com. Una semana después se aventuró con “Buenas noticias de Irak, parte dos” — de cinco páginas — y la respuesta fue incluso más entusiasta.
Así nacía un fenómeno de internet. Cada pocas semanas colocaba una ronda nueva, cada una más larga y con más información que la anterior. Los sumarios de Chrenkoff se convirtieron en lectura obligada para cualquiera que quisiera estar al tanto de algo más que la violencia y las debacles en Irak. En poco tiempo, más de 60.000 personas (según la conservadora estimación de Chrenkoff) leían cada apartado de “Buenas noticias de Irak”, muchos de ellos de OpinionJournal.com, que comenzó a colocar cada segmento completo en su propia página. El 30 de junio, inició una 2ª serie de compilaciones, “Buenas noticias de Afganistán”. El formato “buenas noticias” era directo. Describe brevemente los avances positivos más recientes y contiene vínculos a fuentes que contienen la información completa. Típicamente eran publicados como noticias, pero también podrían ser circulares del gobierno, informaciones militares, páginas web industriales, encuestas de opinión o relatos de civiles iraquíes. El éxito de la serie, me decía Chrenkoff, le pilló por sorpresa. “No podía creer que nadie lo hubiera hecho antes”, dice. “Normalmente no soy un pionero… pero obviamente había un segmento que necesitaba cubrirse”.
Ese “segmento” — un extendido interés en las cosas que salen bien en Irak — *era* obvio. Así que, ¿por qué no lo ocuparon los grandes medios? En un momento en el que las organizaciones tradicionales de noticias buscan desesperadamente modos de paliar la pérdida de su audiencia, ¿por qué se necesitó un novato blogger de Brisbane para imaginarse que a los lectores de América les gustaría algo de atención regular en las buenas noticias procedentes del frente? Después de todo, Chrenkoff no es un periodista. No hace periodismo original. Su contribución era algo muy distinto: una posición consistente en que las buenas noticias de Irak o Afganistán son tan valiosas como los reveses, el caos y el derramamiento de sangre, y que si hay motivos de esperanza y optimismo en el futuro afgano e iraquí, merecen la atención del público no menos que todos los motivos para la desesperanza.
“La guerra contra el terrorismo y el esfuerzo por llevar la reforma democrática a Oriente Medio es la empresa más importante en la que América está implicada”, dice James Taranto, el editor del OpinionJournal.com de WSJ, que reconoció antes que nadie la importancia del trabajo de Chrenkoff. “Pero no tienes la sensación de que los grandes medios aprecien esto. Tienes la sensación de que se decantan porque América pierda — o al menos no les molestaría que América perdiese”. En contraste, sugiere, “Los periodistas americanos que cubrieron la Segunda Guerra Mundial básicamente se vieron como parte de su país” — y su patriotismo se reflejó en su periodismo.
El cinismo que impregna gran parte del periodismo contemporáneo refleja quizá la complacencia en las libertades democráticas por las que se libró la Segunda Guerra Mundial. Chrenkoff, que nació en Polonia en 1972 y pasó 15 años de su vida tras el Telón de Acero, tiene una posición distinta. Vivir bajo el difunto comunismo del Este de Europa no fue ni remotamente tan desagradable como vivir en el Irak de Saddam, me dijo, pero “la experiencia aún me aporta la comprensión de lo importante que es intentar extender la democracia y libertad por el mundo”. También aportó “enorme empatía por todos los demás pueblos oprimidos del mundo, como — hasta hace poco — los órganos y los iraquíes, cuyas súplicas habían sido ignoradas por los realistas y los aislacionistas tanto de la derecha como de la izquierda”.
La semana pasada, Chrenkoff colocó “Buenas noticias de Irak, parte 35”. Tenía 44 páginas inspiradoras — y era la última de la serie. (Ha aceptado un puesto con un patrón cuyas reglas no le permiten seguir bloggueando). “No sé qué aspecto tendrá Irak o Afganistán en cinco o diez años”, escribía en la despedida, “pero espero lo mejor. Si, a pesar de los terribles problemas y desafíos, ambos países logran superarlo y unirse a la familia internacional de naciones pacíficas, normales y decentes”, mucha gente se preguntará cómo lograron terminar allí.
“Pero a vosotros, que habéis leído estas recopilaciones durante el último año y medio, no os sorprenderá”.
Fuente: Town Hall
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