Política

La democracia comienza a hacerse sentir en Medio Oriente

Este informe del periódico norteamericano Nuevo Herald estudia cómo a medida que el impulso por el cambio democrático cobra fuerza en el Medio Oriente, expertos, académicos e integrantes del gobierno del presidente George Bush están tratando de precisar si los avances son genuinos, así como cuánto crédito merece Estados Unidos por el repentino progreso.

Democracia

Este lunes, una marejada sin precedente de manifestantes en el Líbano provocó la renuncia del primer ministro Omar Karami, quien favorece a Siria. ´´El poder del pueblo derroca al gabinete de Karami´´, declaró el titular del Daily Star, diario libanés en inglés. Apenas dos días antes, el presidente egipcio, Hosni Mubarak, dejó pasmada a su nación al anunciar que permitiría la competencia, por primera vez en la historia, en la votación presidencial programada para este año, acción que el periódico semanal Middle East Times catalogó en términos de un “corrientazo democrático´´.

Ambos acontecimientos se produjeron después de otros tres hitos democráticos, al parecer considerables, que tuvieron lugar en entre enero y febrero: elecciones municipales celebradas exclusivamente para hombres en Arabia Saudita (las autoridades dijeron que las mujeres no podrían votar porque no había un número suficiente de urnas), así como elecciones en Irak y los territorios palestinos.

Si bien funcionarios del Departamento de Estado han descrito todos esos eventos con cauteloso optimismo como los primeros pasos de una travesía mucho más largas hacia la democracia, prominentes funcionarios del gobierno de Bush ya están vinculándolos con la visión de éste respecto a un Medio Oriente democratizado y, en particular, con el derrocamiento de Saddam Hussein en Irak. ´´El presidente ha convertido lo anterior en una de las piedras angulares de su administración´´, dijo el martes el portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, en respuesta a una pregunta con respecto a si las políticas estadounidenses habían impulsado el cambio democrático. McClellan enfatizó que ´´el crédito pertenece a la gente en dichos países, la cual aspira a una mayor libertad´´, pero también describió más tarde los comicios en Irak como uno de los catalizadores. ´´El pueblo iraquí está sirviendo como un ejemplo para el resto del Medio Oriente´´, acotó.

Por su parte, el portavoz del Departamento de Estado, Adam Ereli, declaró que “el crédito por el cambio democrático tiene que ir, en primer lugar y sobre todo, a las personas que están haciendo el trabajo de la reforma y, francamente, corriendo riesgos para trabajar en aras del mejoramiento de su sociedad´´. Sin embargo, también citó los respectivos discursos de Bush en su toma de posesión y sobre el Estado de la Unión, los cuales pusieron de relieve un compromiso con el reacomodo democrático en el Medio Oriente, diciendo que éstos sumaron “fuerza e impulso al proceso del cambio´´.

Académicos y especialistas regionales dijeron que, si bien el presente gobierno de Estados Unidos merece una parte del crédito por suministrar respaldo político a los reformistas en esos países, muchos de los cambios son impulsados por movimientos que han estado luchando por años y que se oponen visceralmente a Estados Unidos. Algunos de estos analistas también se preguntan si las acciones en el Líbano, Egipto y Arabia Saudita constituyen pasos legítimos hacia la democracia o son maniobras enfocadas a evitar el cambio real y mantener a la vieja guardia en el poder. ´´En el Medio Oriente se está desarrollando una dinámica generada por fuerzas e ideas autóctonas´´, dijo Jim Zogby, fundador del Instituto Arabe-Estadounidense. “No es una dinámica que está avanzando totalmente en una dirección positiva´´. En el Líbano, una ola de manifestantes se alzó para exigir que se ponga fin a la dominación siria de instituciones libanesas tras el asesinato del ex primer ministro Rafik Hariri, quien había criticado cada vez más la presencia militar de Damasco. Las protestas ocurrieron en momentos en que Estados Unidos ha ejercido una presión creciente tanto sobre la Organización de Naciones Unidas como sobre Siria para que retire sus 14,000 efectivos militares de territorio libanés.

Pero, a pesar de la euforia compartida entre facciones políticas que habían combatido entre sí durante una guerra civil de 15 años, algunos analistas notaron un aspecto preocupante de las protestas: están encabezadas en buena medida por comunidades minoritarias de el Líbano (cristianos maronitas, drusos y sunitas), que han dominado la vida política del país. Los chiítas libaneses, que tienen un gran peso específico, no han estado muy involucrados en las protestas, destacaron algunos analistas. Zogby también destacó que si bien los dirigentes de las protestas desean liberarse del control sirio, casi seguramente buscarán retener su predominio político y evitar el sistema de un solo hombre y un solo voto. ´´Este es su último esfuerzo por mantener el antiguo régimen´´, aseguró.

En Egipto, el anuncio de Mubarak de que aceptará a otros candidatos en la contienda presidencial, aunque de una manera cuidadosamente limitada, ocurrió después de que la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, cancelara un viaje a Egipto, debido en parte a la insatisfacción estadounidense por el arresto de un rival político del mandatario. Sin embargo, la buena nueva de Mubarak no vino acompañada de cambios que permitirían el desarrollo de una oposición viable, según Tamara Wittes, investigadora del Instituto Brookings. Mubarak, por ejemplo, no levantó el estado de emergencia o las restricciones sobre la formación de nuevos partidos políticos.

´´Si bien esa no es una maniobra que, hasta donde se sepa, él estuviera contemplando incluso hace un mes, tampoco es una revolución total en la política egipcia´´, destacó Wittes. “Puede hacer estos cambios hoy, sintiéndose muy confiado de que incluso así ganará en septiembre´´. En Arabia Saudita, la acción con miras a las elecciones municipales se produce después de años de presión silenciosa por parte de reformistas, y después de que los atentados del 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos llevaran a muchos a concluir que la represión política de la familia real estaba engendrando terrorismo.

´´En Arabia Saudita, se trata de un movimiento clandestino que no se percibe, el cual ha existido realmente desde hace mucho tiempo´´, afirmó Michael Hudson, catedrático de la Universidad de Georgetown, quien ha seguido de cerca los movimientos democráticos en el Medio Oriente desde la década de 1980.

Fuente: El Nuevo Herald (Miami)

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