No hay varitas mágicas de alto crecimiento. Debemos ser cuidadosos de promesas que nos proyectan altísimos retornos con bajo riesgo. A mayor retorno, mayor riesgo. Hay que encontrar el balance entre ambos.
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Lunes, 16 de febrero 2026

No hay varitas mágicas de alto crecimiento. Debemos ser cuidadosos de promesas que nos proyectan altísimos retornos con bajo riesgo. A mayor retorno, mayor riesgo. Hay que encontrar el balance entre ambos.
Opinión: Roberto Salinas León
Una gran parte de los debates y las discusiones económicas se centran en temas
de carácter macroeconómico, o por lo menos nacional. Hablamos de la estabilidad,
de mayor flexibilidad, de crecimiento, de empleo, de los principios de la
prosperidad. En ocasiones, vestimos estos conceptos con formulas, modelos,
teorías y teoremas, con abstracciones de enorme utilidad, pero poco accesibles a
la sabiduría común.
Sin embargo, en el fondo, la economía es acción
humana. Es la disciplina que nos informa sobre como mejorar nuestra situación
ante le problema humano de la escasez. Por ello, principios que tienen validez a
nivel general deben tener una contraparte, también de la misma validez, a nivel
práctico personal. En otras palabras, deberían existir una serie de principios
de prosperidad personal, derivados la práctica cotidiana de elegir entre una
cosa y otra. El concepto de “costo de oportunidad” tiene mayor relevancia,
quizá, a nivel de las personas, más que de las naciones.
Tanto la lógica
económica, como la experiencia de casos contemporáneos, arrojan valiosas
lecciones sobre el origen de la riqueza de las naciones así como las fuentes de
la prosperidad. Los países que se acercan más a los principios de derechos de
propiedad, de estabilidad monetaria, de libertad económica, del imperio de la
ley, tienden a generar una gama más amplia de oportunidades económicas para sus
ciudadanos. No representan una fórmula mágica, pero sí nos proporcionan un marco
institucional dentro del cual cada uno, como individuo, puede cosechar los
frutos de su esfuerzo personal, de su mérito propio.
En este escenario,
¿cuales son los principios de prosperidad personal? Por un lado, debemos
descubrir nuestra ventaja comparativa. Podemos ser buenos para hacer más que
sólo una cosa, pero una la podremos hacer “más mejor” que la otra. Hay que
identificarla. Ello nos lleva a desarrollar interdependencias económicas con los
individuos de nuestra comunidad. Asimismo, debemos ser empresariales, debemos
descubrir mejores formas de hacer las cosas, de “economizar.” Esta energía la
vemos más, aunque en forma desviada y distorsionada, en la economía informal, a
nivel mundano, que entre los mercantilistas de la economía formal, donde el
incumplimiento de contratos, el clientelismo político, y la protección de
mercados cautivos, son la fuente de un perverso juego de suma-cero, y de
discriminación jurídica.
Hay otros principios de economía personal,
donde las amas de casa, por ejemplo, parecerían saber más que nuestros ilustres
políticos: por ejemplo, hay que gastar menos de lo que generamos El ahorro es
protección, pero también fuente de prosperidad. Debemos de recurrir al
financiamiento sólo cuando sea necesario, y en forma prudente; a toda costa,
debemos evitar deuda de las tarjetas de crédito. Cualquier programa de ahorro
personal, ya sea pequeño o grande, debe aprovechar la fuerza del interés
compuesto-el crecimiento de ganancias utilizando la capitalización de intereses
sobre intereses. Asimismo, debemos evitar poner todos los huevos en una canasta.
La diversificación es la mejor alternativa, a nivel nacional, pero también, o de
forma más relevante, a nivel personal.
No hay varitas mágicas de alto
crecimiento. Debemos ser cuidadosos de promesas que nos proyectan altísimos
retornos con bajo riesgo. A mayor retorno, mayor riesgo. Hay que encontrar el
balance entre ambos. Ante todo, debemos transmitir estos principios de la lógica
económica personal a nuestras futuras generaciones. Es nuestro granito de arena
en la inversión en capital humano.
Roberto Salinas León es catedrático y
consultor mexicano y Académico asociado del Cato Institute.
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