Cada año la OCDE elabora un amplio informe, Education at a Glance, sobre la enseñanza en los países miembros. Los estudiantes universitarios españoles, además de beneficiarse de una subvención pública (en relación al PIB) por encima de la media de la OCDE, sí reciben una compensación salarial significativa
En el de este año, la mayor parte de las cifras corresponden a 2010 y 2011, con lo que aún no se puede conocer, en el caso de España, los efectos de las medidas tomadas por el actual gobierno. No obstante, sirve para conocer cuál era el contexto en el que se aplicaron.
Abandono escolar y formación profesional
El abandono escolar temprano (no avanzar más allá de la Educación Secundaria Obligatoria, ESO) sigue siendo el principal lastre del sistema educativo español. Aunque es cierto que ha habido un gran salto generacional, todavía uno de cada tres jóvenes no pasa de la enseñanza obligatoria.
Sin embargo, de los que lo hacen, una inmensa mayoría llega a alcanzar un título superior, ya sea universitario o de Formación Profesional (FP) superior; de ahí que a pesar del alto índice de abandono temprano (solo superado por Turquía, México y Portugal), el porcentaje de jóvenes españoles que ha conseguido un título superior (39%) esté en la media de la OCDE, aunque aún quede lejos de los países punteros: Corea del Sur (64%), Japón (59%), Canadá (57%), Rusia (55%), Gran Bretaña (47%) o Estados Unidos (43%).
El porcentaje de jóvenes con título superior depende en parte de que no haya mucho fracaso escolar, pero también del prestigio de la alternativa, la FP de grado medio. Por ejemplo, en gran parte de Centroeuropa la formación profesional atrae a muchos alumnos que después acceden directamente al mercado laboral. Es el caso de Austria, Alemania, Hungría, República Checa o Polonia.
En cambio, este es otro de los puntos flacos del sistema español: mientras que en la OCDE el porcentaje medio de adultos (25-64 años) cuyo título más avanzado es de FP superior es del 34%, en España es solo el 8%. Son mucho más altos los porcentajes en República Checa (74%), Eslovaquia (68%), Austria (57%), Alemania (56%).
La FP es rentable
La OCDE suele señalar, en sus informes para España, el bajo índice de matriculación en Formación Profesional. Además de la repercusión sobre el mercado de trabajo (sobresaturación de ciertos sectores y falta de personal en otros), este desequilibrio repercute también en el gasto educativo. Durante la etapa secundaria superior, los programas vocacionales (FP de grado medio) son unos 700 dólares más caros (por alumno y año) que los de régimen general (bachillerato) para los Estados de la OCDE. Sin embargo, en la enseñanza superior, los estudios universitarios son más largos y más caros que los de FP superior, y también suelen tener un mayor índice de abandono.
¿Compensa seguir estudiando?
La sociedad española ha vivido unas décadas con la obsesión de que cuantos más alumnos hubiera en la Universidad, mejor, lo cual ha ido en detrimento de la alternativa, la FP superior. Esto se ha reflejado también en los salarios: mientras que en la OCDE los trabajadores con FP superior cobran al final de su vida laboral un 28% más que los que no avanzaron más allá del Bachillerato, en España la diferencia es solo del 2%. Por lo tanto, los que cursaron FP superior tendrían motivos para quejarse, pues el llamado coste de oportunidad (el dinero que dejaron de ganar por no haber entrado antes en el mercado laboral) apenas es compensado por las ventajas salariales posteriores.
En cambio, los estudiantes universitarios españoles, además de beneficiarse de una subvención pública (en relación al PIB) por encima de la media de la OCDE, sí reciben una compensación salarial significativa, aunque inferior a los países de su entorno. En concreto, el trabajador joven (25-34 años) con título universitario gana un 36% más que el que solo alcanzó el bachillerato o una FP media (+46% en la OCDE); al final de la carrera profesional (55-64 años), la diferencia es de un 62% (+87% en la OCDE).
En España, la brecha salarial entre los titulados superiores y los que no avanzaron más allá de la ESO se ha ensanchado durante la crisis.
La crisis ha tenido un efecto importante en los salarios y también en la tasa de desempleo, aunque los universitarios han sido menos afectados. En 2008, la diferencia entre el desempleo de los menos cualificados (solo la etapa obligatoria) y los titulados universitarios era de 7 puntos porcentuales (13%-6%); en 2011 había aumentado a 17 puntos (33%-16%).
A la vista de estos datos, parece claro que, aunque las ventajas laborales sean menores en España que en otros países, los principales beneficiarios de seguir estudiando son los propios alumnos, y especialmente los universitarios, por lo que no parece descabellado pedirles un esfuerzo extra a la hora de dar becas. Otra cosa es que se busquen soluciones (por ejemplo, un programa de préstamos) para asegurar que nadie se quede fuera de la universidad por falta de recursos económicos. La justicia que exige la igualdad de oportunidades también pide que quienes más reciben más responsables sean en sus estudios.
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