Economía y Sociedad

La inmigración a países ricos o pobres: dos cuentos muy distintos

Un nuevo informe de la OCDE aporta datos interesantes para el debate sobre la inmigración. Por ejemplo, deja claro que los países más ricos funcionan como imanes para los expatriados con mejor educación. O que casi un 40% de los que llegan al primer mundo proceden de otra nación del mismo grupo.

La OCDE acaba de publicar el segundo informe sobre inmigración en apenas un mes. Aunque parte del contenido abunda en lo dicho en el anterior, la nueva entrega ofrece también perspectivas distintas y datos complementarios. Por ejemplo, dedica un apartado al nivel educativo de los que llegan, explica la distinta suerte de los extranjeros en el mercado laboral según el destino, y analiza el fenómeno de la acogida en los países que no forman parte de la OCDE.

En 2010 había unos 145 millones de emigrantes viviendo en los países cubiertos por el informe (33 de la OCDE, que acumulaban el 78% del total de expatriados, más otros 51 de todo el mundo). La mayor parte de la inmigración, tanto la que llega a las naciones más industrializadas como el resto, es intrarregional.

No obstante, en los países más prósperos, los flujos desde China e India cada vez ocupan un porcentaje mayor (un tercio de los llegados en 2012), y ya han adelantado a Alemania e Italia en el ranking de los principales lugares de origen. De hecho, aunque los movimientos en el interior de la OCDE siguen suponiendo algo más del 40%, el crecimiento en el número de inmigrantes venidos del resto de regiones ha sido mucho mayor. Especialmente significativos son los movimientos desde Asia y Europa del Este, que han aumentado un 30% desde comienzos de siglo. Con todo, el único subgrupo en el que los procedentes de Asia son más en números absolutos que los de dentro de la OCDE es en el de estudiantes universitarios.

La inmigración fuera del primer mundo

Una novedad de este informe es que se fija en la inmigración llegada a países no pertenecientes a la OCDE. En 2011, había 31 millones de extranjeros viviendo en alguna de las naciones examinadas, la mitad de ellos en Europa y el centro de Asia (Rusia fue el principal país de acogida). En este grupo había mayores porcentajes de mujeres y de personas con poca formación que entre los que emigraron al primer mundo.

En 2011, casi la mitad de los emigrantes asentados en uno de estos destinos procedía de países europeos no OCDE y de Asia central, siendo Ucrania (más de 3 millones de desplazados), Kazajstán, Rusia y Uzbekistán los principales lugares de origen. Le sigue el resto de Asia y Oceanía (16%), Latinoamérica y Caribe (9%) y las naciones que forman parte de la OCDE (9%). Myanmar, con casi 1,5 millones de emigrados, es el primer país asiático en la lista; Zimbabue (716.000), el primer africano; Paraguay y Alemania, los primeros de Latinoamérica y la Unión Europea, respectivamente. Las mujeres abandonan sus países en más proporción que los hombres en todas las regiones salvo en el África Subsahariana, donde predominan los hombres.

Excluyendo la emigración hacia el primer mundo, la inmensa mayoría de los movimientos en Latinoamérica, Asia Central y los países europeos no OCDE se produce dentro de la propia región. En cambio, en África y Oceanía es más frecuente cambiar de continente. Solo un 5% de los que abandonan un país OCDE lo hace para irse a otro que no forma parte de este grupo, y de ellos la mitad elige como destino Latinoamérica, sobre todo Argentina y Brasil.

La educación de los inmigrantes depende del destino

El perfil del inmigrante que llega a la OCDE y el del que se asienta en otro destino difieren en varios aspectos, entre ellos el nivel de educación. En el primer caso, tres de cada diez han obtenido un título superior (una proporción que ha crecido cinco puntos porcentuales en lo que va de siglo) y otro 37% ha alcanzado un nivel medio (educación secundaria postobligatoria); en el segundo caso, solo un 20% ha terminado estudios terciarios, aunque este dato también ha crecido algo desde el año 2000.

En general, la tasa de emigración entre los más formados es mayor que entre el resto de la población, a excepción de Asia central y la zona OCDE. El primer mundo funciona como un imán para los que han terminado estudios universitarios o similares: casi todos los que han nacido dentro se quedan, y además llega un gran número de personas desde otras regiones. Por ejemplo, entre los que llegan desde Asia-Oceanía, el África subsahariana y Latinoamérica, la proporción con este nivel de educación es del 50%, 37% y 25% respectivamente.

Por comparación, de los que llegan a países no OCDE, solo un 10% de los asiáticos, un 5% de los subsaharianos y un 10% de los latinoamericanos traen un título superior. En cambio, tres de cada cuatro inmigrantes llegados de otros lugares (de dentro de la OCDE o del este europeo) han alcanzado un nivel de formación medio o alto.

En 2011, los principales lugares de destino de la inmigración cualificada fueron Estados Unidos (que acumula el 40% de todos los inmigrantes con estudios superiores), Reino Unido y Canadá, aunque es este último el que tiene mayor proporción de titulados superiores entre sus refugiados: un 52%. En cuanto al origen, encabezan el ranking India, Filipinas y China, seguidos por Reino Unido y Alemania. Polonia –el país que más ha crecido en la última década junto con Pakistán, Colombia y la propia India– ha alcanzado ya la quinta posición.

No obstante, que un número elevado de personas bien formadas abandonen su patria no significa que exista un problema de “fuga de cerebros”. Para valorar esto es mejor fijarse en el porcentaje de los que se van en relación al total de la población con estudios superiores. Aunque por regiones la mayor tasa de emigración cualificada está en el África subsahariana (13%) y Latinoamérica (8%), según el informe solo unos pocos países están en una situación de riesgo real: Guayana, Haití o Jamaica en Centroamérica, Zimbabue, Mauritania y Sierra Leona en África, Fiji en Oceanía y Albania en Europa. En China e India, dos de los que más “cerebros” exportan en números absolutos, la extensión de los estudios superiores ha provocado que su tasa de emigración cualificada apenas llegue al 3%, muy por debajo de la de Polonia (17%), Reino Unido (11%) u Holanda (8%).

Mercado laboral: la crisis les ha afectado como a todos

Al estudiar la suerte de los inmigrantes en el mercado laboral, el informe solo se fija en los países OCDE, ya que de los demás no tiene datos pormenorizados y verificables. Esto deja fuera una parte importante del fenómeno migratorio mundial (aproximadamente un 22%), pero permite comprobar cómo les ha ido a los distintos grupos de desplazados en un contexto económico parecido –unos años de gran crecimiento, hasta el 2007, y otros de crisis–.

En general, se observa que su suerte ha corrido pareja a la de los nativos, aunque un poco mejor en los tiempos buenos y peor en los malos. Desde 2000 a 2010, la tasa de empleo entre los inmigrante subió cuatro puntos, y solo tres entre los nacionales.

No obstante, la evolución ha sido diferente por regiones: los procedentes de Latinoamérica acusaron especialmente la crisis, aunque en total no han salido mal parados (nueve puntos positivos de 2000 a 2006, cuatro negativos desde entonces a 2011). Los de Oriente Medio y el norte de África sufrieron una bajada de dos puntos. En el extremo opuesto están los asiáticos, que a finales de década tenían una tasa de paro incluso inferior a la de los que no se movieron de sus países. La tasa de sobrecualificación (el porcentaje de los que trabajan en un puesto que exige menos formación de la que tienen) ha crecido para todas las regiones de origen en la última década. La más baja corresponde a los que vienen de la OCDE, y las más altas a Asia central y Latinoamérica.


Este artículo está en Aceprensa.

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